
ADORACIÓN
En la iglesia
La alabanza y adoración a Dios por medio de cánticos e instrumentos musicales es parte de nuestra liturgia. También cumplimos con la ordenanza de Jesucristo de adoración por medio de la Santa Cena y el Bautismo, así como la oración unos por otros y el compartir a cerca de la Palabra de Dios.
En el hogar
En la iglesia apoyamos el culto familiar a Dios en cada hogar. La adoración a Dios debe ser entendida por todos los integrantes del hogar desde temprana edad.
Adoración a Dios: otro tipo de música
“Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren” (Jn 4:23).
Cuando digo “otro tipo de música” no me refiero a algún tipo de música o estilo en particular. Indico otro tipo de música apuntando a una música cuya naturaleza y origen es diferente. La música es considerada un arte, una forma de expresión cultural. En Génesis 4:21 ya se nos habla de Jubal y su interés por la música e, independientemente de su motivo, intención o contexto, la música ha acompañado al hombre desde la Antigüedad. El rey David, que había sido un “buen” arpista para el rey Saúl (1 S 16:14-23), incorporó todo tipo de instrumentos musicales para el culto a Dios y organizó a los levitas en esta labor. Tenemos un capítulo entero en Crónicas para sus nombres (1 Cr 25). Sin embargo, no podemos confundir música con adoración, ni que la adoración a Dios requiera de música. El crecimiento de “ministerios” de alabanza, o “salmistas”, o peor todavía, “líderes” de alabanza, ha precipitado a la iglesia actual a un concepto distorsionado de la adoración a Dios y lo que esto implica. Podemos llenar estadios con gente cantando, bailando y escuchando “música cristiana”, podemos tener cantantes igual de buenos y famosos que los seculares, grupos musicales igual de buenos y famosos que los seculares, podemos emocionarnos, llorar, reír, cantar hasta quedarnos afónicos y que ni una sola persona en esos eventos, o en una iglesia estén adorando a Dios.
La adoración a Dios implica otro tipo de música. No se escucha por los oídos, no se compone en la mente, no nace de un sentimiento, no se transmite por las emociones ni por las ondas sonoras. La adoración a Dios nace del espíritu. La adoración a Dios es dar toda la gloria a Dios en cada oportunidad y ocasión. La adoración no es un momento puntual de la semana en una iglesia local, es un estilo de vida. José adoró a Dios cuando huyó de es mujerzuela diciendo “¿cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?” (Gn 39:9). Daniel adoró a Dios cuando decidió “propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey” (Dn 1:8), Juan el Bautista adoró cuando reconoció que “es necesario que él crezca, pero que yo mengüe” (Jn 3:30).
La adoración nace el espíritu porque Dios es espíritu, es una comunicación espiritual, es una música celestial, no es de extrañar que los ángeles siempre sean presentados como adoradores delante de la presencia de Dios. La adoración no solamente es en espíritu, es en verdad. Esto implica por lo tanto que la persona que adora a Dios debe necesariamente conocer al Dios que adora y cómo Dios quiere ser adorado. Por eso una parte fundamental de la adoración a Dios es compartir a cerca de la Palabra de Dios. Cualquier acto de adoración a un “dios no conocido” (Hch 17:23) o de una manera ilegítima a cómo Dios debe ser adorado es idolatría. La adoración verdadera está basada en la verdad, no miente, no busca protagonismo, ni reconocimiento. Lleva al creyente a comprender su insignificancia frente a la significancia de Dios. La adoración a Dios está relacionada con la santidad de Dios, no con la música. Es vivir en santidad, amar su santidad, buscar su santidad, conocer su presencia. Lo único que Dios escucha de un hijo suyo cuando le adora es su espíritu, no su música. La única voz en la que Dios se fija es la de nuestro espíritu. Que podamos decir como el salmista “bendice, alma mía, a Jehová, Y bendiga todo mi ser su santo nombre” (Sal 103:1).
- Ps David Gómez
Citas sobre la adoración