Romanos 12:1-8

INTRODUCCIÓN

En este trabajo de interpretación de Romanos 12:1-8 quiero plasmar una aplicación práctica para el creyente de hoy. Para ello realizaré un repaso completo al contexto histórico de la iglesia en el que se escribió dicha carta por medio del ministerio de Pablo, cuáles fueron los motivos por los que el apóstol decidió escribirla, en qué lugar, época y momento de su ministerio decidió escribirla, y que contenido general aporta dicha carta.

Por medio de esta información desarrollaré la interpretación bíblica del texto en cuestión, desarrollando un breve bosquejo natural, centrándome en ciertos versículos y comparándolos entre diferentes versiones. También realizaré un estudio del original griego de lo que considero es la palabra clave en todo el texto, para concluir con dicha aplicación práctica. Todos los textos bíblicos utilizados en este trabajo son de la versión Reina-Valera de 1960 salvo que se indique lo contrario

1. Lectura cuidadosa del texto

Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno. Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros. De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría.

2. Identificación del texto

El texto desarrollado en este trabajo es parte de la Epístola a los Romanos del apóstol Pablo. Dicha Epístola comienza: «Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios (…) a todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos: Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo» (Ro 1:1,7), dejando claro su autor (Pablo) y sus destinatarios (creyentes en la ciudad de Roma).

3. Análisis del contexto

Para realizar un correcto análisis del contexto, dividiré en tres rangos propios dicho contexto. Tanto (1) el contexto general de la iglesia en Roma cuando Pablo escribe su epístola, (2) el contexto del contenido general de la Epístola a los Romanos y (3) el contexto próximo o inmediato al texto desarrollado.

3.1. Contexto general: La iglesia en Roma

No se sabe bíblicamente cuándo se fundo la iglesia en Roma. Queda descartado que fuese el apóstol Pablo ya que él mismo advierte en su carta a los romanos que tiene deseo de verlos y conocerlos: «Por esta causa me he visto impedido muchas veces de ir a vosotros (…) Y sé que cuando vaya a vosotros, llegaré con abundancia de la bendición del evangelio de Cristo» (Ro 15:22,29). Lo más probable es que algunos judíos que residentes en Roma, en alguna de sus visitas a Jerusalén, fueron impactados por la obra allí desde el derramamiento del Espíritu Santo en Hechos 2 y el primer fruto de las predicaciones de Pedro y los apóstoles (Hch 2:41 y Hch 4:4). En el segundo viaje misionero de Pablo, en su llegada a la ciudad Corinto, el apóstol tiene un encuentro con dos creyentes de esta iglesia en Roma: «Después de estas cosas, Pablo salió de Atenas y fue a Corinto. Y halló a un judío llamado Aquila, natural del Ponto, recién venido de Italia con Priscila su mujer, por cuanto Claudio había mandado que todos los judíos saliesen de Roma. Fue a ellos». Es decir, la iglesia en Roma ya tenía creyentes antes de que Pablo visitase la ciudad de Roma. No hay ningún texto bíblico en el que Pablo, o algún otro apóstol o líder de la iglesia, viajasen a Roma para fundar una iglesia local allí, sino más bien parece que un grupo de judíos creyentes residentes en Roma comienzan a reunirse en la ciudad.

Es interesante reseñar la cercanía y trato que el apóstol Pablo tiene para con estos creyentes en Roma, pese a no ser el pastor o fundador de la iglesia. Esto puede deberse a los años de colaboración con Aquila y Priscila y otros miembros de la iglesia en Roma que habían colaborado con Pablo en su ministerio y le daban reporte de cómo estaba la iglesia en Roma.

3.2. Contexto general: Epístola a los Romanos

Romanos es una de las cartas más comentadas y predicadas de la Biblia. Para muchos es considerada la carta más teológica y profunda de apóstol Pablo. Martín Lutero escribió: «Esta carta es la parte principal del Nuevo Testamento y el evangelio más puro».[1] Otros ministerios como Agustín de Hipona o John Wesley tenían impresiones similares de dicha carta y sus conversiones y ministerios fueron impactados por ella.

En esta carta Pablo desarrolla con un lenguaje jurídico el concepto de la justificación por la fe del creyente. El apóstol realiza un repaso general de la responsabilidad del ser humano ante la revelación de Dios por medio de su creación (Ro 1), por medio de la conciencia (Ro 2) y por medio Palabra de Dios dada a los judíos (Ro 3). Sin embargo, esa revelación no justifica al ser humano delante de Dios, sino que el ser humano es justificado por su fe en la obra de Jesucristo (Ro 1:17, Ro 3:21-24). El apóstol recuerda que todos los hombres necesitan ser salvos por cuanto todos somos pecadores (Ro 3:23) y esta condición nos es imputada desde Adán (Ro 5), definiendo así concepto teológico de la depravación total. La epístola no solamente habla de la justificación, sino que llegados al capítulo 5 el apóstol Pablo aborda la santificación del creyente: pecado remanente (Ro 7), vivir en el espíritu y no en la carne (Ro 8) y llega a la glorificación del creyente (Ro 8:12-30). Después Pablo hace un repaso del propósito de Dios para con el pueblo de Israel y con los gentiles por medio de su llamado a los israelitas y su rechazo a Dios (Ro 9 al 11), concluyendo con una sección de consejos prácticos que comienzan en el capítulo 12, donde se encuentra el texto que se desarrolla en este trabajo.

3.3. Contexto próximo

El capítulo 11 de Romanos cierra con el pensamiento de Pablo a cerca de la restauración futura de Israel y de cómo Dios ha tenido misericordia de todos, judíos y gentiles: «Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos». Dicho pensamiento se cierra con los siguientes cuatro versículos (Ro 11:33-36), pareciendo dejar cerrada esta sección de la carta con un Amén:

¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.

Sin embargo, podemos tomar perfectamente estos versículos como antesala al comienzo del capítulo 12 de Romanos. Ya que el apóstol Pablo se maravilla del misterio de la sabiduría de Dios, nunca podremos alcanzar a comprender toda la plenitud del conocimiento y la sabiduría de Dios, pero sí podemos renovar nuestro entendimiento (Ro 12:2) que es precisamente lo que el apóstol plantea en el capítulo 12.

4. Exposición de los hechos

El apóstol Pablo parece escribir dicha epístola desde Corinto, al final de su tercer viaje misionero, antes de su último viaje a Jerusalén donde será arrestado (Hch 21). La fecha de su escritura sigue siendo debate, todos tienen claro que es en la década del 50 d.C. si bien algunos apuntan a fechas más tempranas y otras más tardías:

«La carta es del año 57 d.C. aproximadamente, hacia el final del tercer viaje misionero».[2]

«Los eruditos no han logrado establecer con seguridad el tiempo exacto de esta visita final de Pablo a Corinto. La fecha depende de la cronología que uno acepte de todo el ministerio de Pablo. Las fechas sugeridas oscilan entre enero-marzo del año 53 y enero-marzo del año 59, d.C.».[3]

La intención de Pablo es viajar a Roma para visitar la iglesia por primera vez, pese a tener el deseo de haberlo hecho anteriormente «Por esta causa me he visto impedido muchas veces de ir a vosotros (…) y deseando hace muchos años ir a vosotros» (Ro 15:22,23b). Este viaje sería su cuarto viaje misionero y tendría como destino España: «Cuando vaya a España, iré a vosotros; porque espero veros al pasar, y ser encaminado allá por vosotros, una vez que haya gozado con vosotros» (Ro 15:24). No se sabe si Pablo llegó a España finalmente en su ministerio, pero al final del libro de Hechos se relata que Pablo llegó a Roma tras su arresto en Jerusalén, cumpliendo con su deseo de conocer a los hermanos en esta ciudad: «Cuando llegamos a Roma, el centurión entregó los presos al prefecto militar, pero a Pablo se le permitió vivir aparte, con un soldado que le custodiase» (Hch 28:16).

4.1. Lugar y tiempo

Estos son los motivos que parecen esclarecer el lugar de escritura (Corinto) y tiempo de escritura (tercer viaje misionero de Pablo) de la Epístola a los Romanos:

4.1.1. Final del tercer viaje misionero

Pablo escribe en su epístola «Pero ahora, no teniendo más campo en estas regiones» (Ro 15:23a), es decir, no puede ser ni en el primer ni en el segundo viaje misionero de Pablo puesto que es en el tercer viaje donde acude a Éfeso, tal y como había acordado con ellos en el final de su segundo viaje misionero: «Pero otra vez volveré a vosotros, si Dios quiere. Y zarpó de Éfeso» (Hch 18:21b), sabiendo, por lo tanto, que tenía «campo en estas regiones». Además, Pablo, tras el avivamiento y alboroto en su misión en Éfeso como fruto de su tercer viaje misionero (Hch 19), decide ir a Macedonia desde Asia Menor para llegar finalmente a Grecia, donde se ubica Corinto. En esta región se queda por un periodo de tres meses. Periodo que parece ser el oportuno para escribir dicha Epístola a los Romanos: «Después que cesó el alboroto, llamó Pablo a los discípulos, y habiéndolos exhortado y abrazado, se despidió y salió para ir a Macedonia. Y después de recorrer aquellas regiones, y de exhortarles con abundancia de palabras, llegó a Grecia» (Hch 20:1-2). Esto parece demostrarse cuando Pablo dice en su Epístola a los Romanos: «Porque Macedonia y Acaya tuvieron a bien hacer una ofrenda para los pobres que hay entre los santos que están en Jerusalén» (Ro 15:26), quedando demostrado por lo tanto que no pueden ser en viajes anteriores de Pablo, donde la obra todavía no había sido consolidada hasta su tercer viaje misionero.

Pablo, además, tiene en sus planes su viaje inminente a Jerusalén: «Mas ahora voy a Jerusalén para ministrar a los santos» (Ro 15:25) para llevar las ofrendas de las iglesias de los gentiles apoyando la obra en Jerusalén, tal y como él había acordado con ellos en su comisión a predicar a los gentiles: «y reconociendo la gracia que me había sido dada, Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuésemos a los gentiles, y ellos a la circuncisión. Solamente nos pidieron que nos acordásemos de los pobres; lo cual también procuré con diligencia hacer» (Gá 2:9-10). Quedando claro el cumplimiento de dicho compromiso en este tercer viaje misionero: «Así que, cuando haya concluido esto, y les haya entregado este fruto, pasaré entre vosotros rumbo a España» (Ro 15:28) y «Cuando llegamos a Jerusalén, los hermanos nos recibieron con gozo. Y al día siguiente Pablo entró con nosotros a ver a Jacobo, y se hallaban reunidos todos los ancianos» (Hch 21:17-18).

4.1.2. Febe

«Os recomiendo además nuestra hermana Febe, la cual es diaconisa de la iglesia en Cencrea; que la recibáis en el Señor, como es digno de los santos, y que la ayudéis en cualquier cosa en que necesite de vosotros; porque ella ha ayudado a muchos, y a mí mismo» (Ro 16:1-2). Parece claro que Febe es la comisionada por Pablo y los hermanos a llevar la carta a Roma, de ahí que pida que la reciban como corresponde, siendo parte del cuerpo ministerial de la iglesia en Cencrea, un puerto cercano a la ciudad de Corinto, por lo que tiene sentido que Pablo esté escribiendo desde la ciudad de Corinto.

4.1.3. Erasto

«Os saluda Gayo, hospedador mío y de toda la iglesia. Os saluda Erasto, tesorero de la ciudad, y el hermano Cuarto» (Ro 16:23). Erasto era colaborado de Pablo y esta es una de las tres veces que es mencionado en la Biblia. En las otras dos ocasiones se relata cómo acompaña a Pablo a Éfeso: «Y enviando a Macedonia a dos de los que le ayudaban, Timoteo y Erasto, él se quedó por algún tiempo en Asia» (Hch 19:22) y en la segunda carta de Pablo a Timoteo donde el apóstol relata que Erasto tiene su ministerio en Corinto: «Erasto se quedó en Corinto, y a Trófimo dejé en Mileto enfermo» (2 Ti 4:20).

4.2. Motivo o causa

El motivo de la escritura de esta carta a los Romanos por parte de Pablo es animar y alentar a los hermanos de esta iglesia a los que tiene intención de visitar tras su viaje a Jerusalén. La carta a los Romanos es una carta de presentación del apóstol Pablo a dicha iglesia y, a su vez, una carta pastoral para dicha iglesia ya que, a pesar de no haber sido fundada por Pablo, el apóstol parece ser muy consciente de los asuntos y dilemas que la iglesia está viviendo en ese momento por el contenido de la propia carta. Esto lo demuestra la cantidad de personas de la iglesia en Roma que el apóstol cita en el capítulo 16, quedando claro su compromiso y conocimiento de esta iglesia. Pese a que algunos comentaristas más modernos han debatido sobre la idea de que este capítulo 16 por su contenido, no fue escrito por el apóstol Pablo, no hay ninguna prueba concluyente que deba ser considerada para descartar a Pablo como su autor:

Para resolver este problema necesitamos recordar que no hay evidencia alguna de manuscritos para separar el capítulo 16 del 15. Los que ponen en tela de duda que el capítulo 16 sea parte de la epístola original lo hacen sobre las siguientes bases: (1) parece improbable que Pablo enviara un tan grande número de saludos personales a una iglesia que él todavía no conocía; (2) las exhortaciones en 16:17-20 no están en armonía con el contenido y el tenor del resto de Romanos; y (3) el Apóstol ha dejado una bendición en 15:33, lo cual aparentemente concluye la carta en ese punto.

Se concede que estos son problemas, pero nadie ha podido demostrar, basándose en esas objeciones, que Pablo no escribió esta porción de Romanos. La erudición no ha ido más allá de la especulación en cuanto a esos puntos, y cualquier solución que se proponga está sujeta a la crítica.[4]

El que haya gran número de judíos creyentes en una iglesia de contexto gentil parece ser el motivo principal del contenido de la carta a los Romanos y su tema central: la justificación por la fe y no por las obras de la ley.

4.3. Protagonistas o nombres importantes

4.3.1. Jesucristo

No podría haber otro protagonista que el propio autor, Pablo, permitiese enumerar en una lista sin ser el primero:

«Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo» (Ro 5:1).

«Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros» (Ro 5:8).

«Para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro» (Ro 5:21).

«Por tanto, recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios» (Ro 15:7).

«Al único y sabio Dios, sea gloria mediante Jesucristo para siempre. Amén» (Ro 16:27).

4.3.2. Pablo

El apóstol Pablo destaca como protagonista en la carta a los Romanos ya que es su autor, debidamente inspirado por el Espíritu Santo, siendo esta carta una ampliación o mejora a su primer escrito teológico en la carta a los Gálatas.

4.3.3. Tercio

También debe ser mencionado Tercio, el escritor o amanuense de dicha carta: «Yo Tercio, que escribí la epístola, os saludo en el Señor» (Ro 16:22).

4.3.4. Aquila y Priscila

Siendo ellos los primeros creyentes en Roma que Pablo conoce son debidamente nombrados en la carta por su colaboración con Pablo en el segundo viaje misionero del apóstol: «Saludad a Priscila y a Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús, que expusieron su vida por mí; a los cuales no solo yo doy gracias, sino también todas las iglesias de los gentiles» (Ro 16:3-4).

4.3.5. Febe

La mensajera de esta carta que llegó a su destino de forma adecuada. Además, Febe junto a Priscila son la muestra del ministerio de la mujer en la iglesia primitiva y cómo Pablo tenía colaboradoras activas e importantes para él en su apostolado, pese a la interpretación de ciertos textos en Corintios y Timoteo respecto al rol del ministerio de la mujer.

4.4. Contenido de Romanos 12:1-8

El apóstol advierte a los creyentes de que deben santificarse a Dios: «presentéis vuestros cuerpos» (Ro 12:1b), tras haber explicado debidamente la lucha entre la carne y el espíritu (Ro 7 y 8). Esta lucha implica (1) no contemporizar o conformarse al mundo (Ro 12:2), (2) no tener un concepto demasiado alto de uno mismo (Ro 12:3), (3) entender que no todos los miembros de un cuerpo tienen la misma función (Ro 12:4-5), (5) comprender cuales son estas diferentes funciones o dones dentro de la iglesia (Ro 12:6-8).

5. Interpretación del texto

5.1. Implicaciones

El texto implica descartar por completo la idea de que por ser justificados somos santificados a tal grado que ya no hay nada más que debamos hacer como creyentes en nuestra relación con Dios. Esta idea herética antinomiana ya parecía estar presente en la iglesia primitiva. El propio Pablo, tras defender la justificación por la fe y no por las obras, recuerda: «¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?» (Ro 6:1-2). Del mismo modo la epístola del apóstol Santiago confronta esta idea de una fe muerta, o pasiva.

El capítulo 12 comienza: «Así que, hermanos» (Ro 12:1a), Pablo no está hablando a no creyentes, sino a creyentes, por lo que todo su consejo siguiente es para aquellos que son hijos de Dios, por lo que sus implicaciones son para todo creyente.

5.2. Propósito

El apóstol Pablo inicia este capítulo 12 la parte más pastoral de la carta a los Romanos. Tras apuntalar teológicamente la justificación por al fe en Cristo y no por obras, la lucha entre la carne y el espíritu en la vida del creyente y la promesa de glorificación para los hijos de Dios, Pablo recuerda el propósito del pueblo de Israel y su rechazo a Dios, por eso, todo esto permite llegar a este capítulo 12 donde Pablo aplica todo su discurso teológico a la iglesia de Roma. Precisamente para no cometer los errores que el pueblo de Israel y que otros creyentes, la advertencia y ruego de Pablo es claro: «os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta» (Ro 12:1-2).

5.3. Diferencias entre versiones

Se pueden ver diferentes palabras utilizadas en las versiones bíblicas en un mismo versículo en función de si son más dinámicas o formales. En una comparativa de Romanos 12:2-3 destacarían:

5.3.1. Nueva Versión Internacional

Se utiliza «amoldar» en lugar de «conformar» en Romanos 12:2. Tiene sentido en un contexto de artesanía y escultura, si bien no cambia el significado o énfasis.

Se utiliza «moderación» en lugar de «cordura» en Romanos 12:3. Sí parece una palabra más apropiada o entendible hoy en día.

5.3.2. Nueva Traducción Viviente

Se utiliza «no imiten las conductas» en lugar de «conformar» en Romanos 12:2. El dinamismo de la versión añade demasiadas palabras saliéndose de una única palabra original griega susjematízo (G4964) para definir más bien su significado que buscar una palabra en castellano que pueda sustituirla como hacen la Reina-Valera o la NVI.

Se utiliza «sean realistas» en lugar de «cordura» en Romanos 12:3. En este caso, no parece ser lo que el apóstol Pablo quiere transmitir. Alguien podría pensar siendo realista que es mejor miembro, o más importante, siendo contrario a la idea del propio versículo: «cada cual no tenga más alto concepto de sí mismo que el que debe tener» (Ro 12:3a), que es una idea parecida a la escrita por el apóstol en Filipenses 2:3: «Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo».

5.4. Palabra clave revisada en el original: transformaos

La palabra central de esta porción de Romanos 12, que además, la mayoría de versiones mantienen traducida de la misma manera es «transformaos» (Ro 12:2). La palabra griega utilizada por el apóstol es metamorfóo (G3339), palabra de la cuál se derivan conceptos en castellano como metamorfosis. Esta es la misma palabra que se utiliza y traduce con el concepto de transfiguración en Mateo 17:2: «Y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz». Es decir, no debemos interpretar esta palabra como una mera transformación superficial o externa, sino más bien un cambio profundo y estructural del ser. Metamorfosis se define como «transformación de algo en otra cosa»[5] o «mudanza que hace alguien o algo de un estado a otro, como de la avaricia a la liberalidad o de la pobreza a la riqueza».[6]

La transfiguración de Jesús implicaba revelar su verdadera naturaleza, su verdadera condición, el revelar la gloria que él mismo había decidido ocultar por amor a nosotros: «Sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres» (Fil 2:7). Del mismo modo Pablo advierte a los creyentes que deben transformarse, metamorfosearse, transfigurarse, por medio de la renovación de su entendimiento. No es una opción, es un imperativo.

5.5. Conclusión

El apóstol Pablo cierra su carta a los Romanos de forma pastoral tomando todos los conceptos teológicos que ha desarrollado en dicha carta: revelación de Dios al hombre, justificación, santificación, glorificación, lucha entre espíritu y carne, pecado remanente, propósito divino para con Israel y los gentiles y aplicándolos en el creyente, su vida práctica y su vida de iglesia.

6. Aplicación del texto

Romanos 12:1-8 mantiene una idea central que podría ser considerada como la vida cristiana o la ética cristiana y se desarrolla en tres partes principales: (1) los dos primeros versículos donde el apóstol expone la santificación individual del creyente (Ro 12:1-2), una segunda sección (2) donde el apóstol desarrolla el pensamiento inicial de forma práctica en la vida congregacional del creyente (Ro 12:3-5) y una  tercera sección (3) donde el apóstol cita los diferentes dones y gracias otorgados por Dios a los creyentes (Ro 12:6-8).

6.1. Romanos 12:1-2

Estos versículos sirven como lanzadera al resto del capítulo 12. El apóstol Pablo comienza hablando de la santificación y consagración de todo creyente. El único camino para conocer a Dios, el único camino para poder perseverar en la fe, el único camino para seguir siendo parte del cuerpo de Cristo, es por medio de la santificación y consagración del creyente a Dios. Por eso el apóstol no pide que otros presenten sus cuerpos como sacrificio vivo, sino «que presentéis (cada uno el suyo) vuestros cuerpos en sacrificio, vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional» (Ro 12:1b). Es responsabilidad de cada creyente en su relación con Dios realizar dicha tarea.

Además, el apóstol argumenta que esto es un acto racional para el creyente. No es un acto ilógico, o antinatural, o extraño, sino que es lo lógico y natural para un creyente. Para entender esto tenemos que entender Romanos 7 y 8 donde el apóstol demuestra que el pecado remanente sigue en el creyente después de su conversión: «Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí» (Ro 7:21). Es decir, hay una ley del pecado sobre la carne que sigue presente después de ser regenerados:

La primera cosa que podemos observar es el nombre que aquí utiliza el apóstol. Él llama al pecado remanente “esta ley”. Es una ley. (…) El principio que podemos encontrar en la naturaleza de todas las cosas, que las mueve y las lleva hacia sus propios fines y reposo, se llama la ley de la naturaleza. A este respecto, cualquier principio interior que inclina y apremia a las operaciones o acciones que le son propias a una ley.

Por eso la poderosa y efectiva obra del Espíritu y de la gracia de Cristo en los corazones de los creyentes es llamada “la ley del Espíritu de vida” (Ro 8:2). Por esto, el apóstol designa al pecado remanente como una ley.[7]

Sabiendo esta verdad, todo creyente considerará necesario y racional presentar su cuerpo en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios ya que es el único modo por el cuál podemos seguir cerca de Cristo y lejos del mundo. Es decir, el creyente debe estar ocupad en asuntos espirituales y no carnales: «Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz» (Ro 8:6). Para ello la carne debe ser mortificada: «Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia» (Ro 8:10). Pablo nos exhorta a mortificar la carne voluntariamente como algo natural y propio del creyente.

Esta mortificación voluntaria, esta actitud de santificación del creyente lo llevará una inconformidad con el mundo, a ser diferente, opuesto al mundo. Si los deseos de la carne, si el cuerpo del creyente, las concupiscencias, son sacrificadas, entonces las tentaciones de este mundo no tendrán el mismo efecto en él. Esta actitud no conformista al mundo implica ser verdaderamente transformados (metamorfosis). Para poder transformarnos no es suficiente con hacer actos de penitencia o mortificación de la carne. El apóstol no alude a actos externos o superficiales, no es una cuestión de una obra externa en la vida del creyente, sino que es por medio de la renovación del entendimiento. Esto es cambiar su manera de pensar, cambiar su manera de entender su propia vida en Cristo, la sociedad, la iglesia y todo lo que le rodea, y este cambio en su manera de pensar le permite comprobar en su vida «cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta» (Ro 12:2b).

Precisamente los creyentes solemos hacer el orden inverso al establecido por el apóstol. Queremos conocer la voluntad de Dios en nuestra vida, entender la voluntad de Dios y su providencia en nosotros, sin embargo, no podemos llegar a este paso sin haber andado los anteriores que el apóstol establece: (1) sacrificio y mortificación voluntaria de nuestra carne, (2) renovar nuestro entendimiento, (3) para no conformarnos a este mundo, (4) y así poder comprobar cuál es la voluntad de Dios en nuestra vida, (5) que sólo entonces podrá ser entendida por el creyente como buena, agradable y perfecta. Esto es la definición principal del contentamiento de la vida piadosa de un hijo de Dios.

6.2. Romanos 12:3-5

Tras los dos primeros versículos, el apóstol lleva esta aplicación personal e individual del creyente a una aplicación congregacional como miembro del cuerpo de Cristo.

Si se aplican correctamente los dos primeros versículos, ningún creyente «debe tener más alto concepto de sí mismo que el que debe tener» (Ro 12:3b). Sabiendo además que «la medida de fe que Dios repartió a cada uno» (Ro 12:3) no es la misma, es decir, no está en el mismo grado, ya que «no todos los miembros tienen la misma función» (Ro 12:4). Por lo tanto, es un error común del creyente creerse mejor que su hermano, o peor, por compararse indebidamente con los demás, en lugar de compararse con la voluntad que Dios tiene para cada uno. La medida la dispone Dios, no nosotros. Por eso Dios demandó al que dio cinco talentos otros cinco y al que dio uno le demandó otro, no cinco. Sin embargo, al que menos recibió curiosamente le pareció más complicado o difícil poder devolver los intereses debidos a su señor.

El apóstol no sólo aplica el hecho de nuestra responsabilidad individual como miembros del cuerpo de Cristo, sino que a su vez esto implica que tenemos una responsabilidad con el resto de los miembros del cuerpo: «Así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros» (Ro 12:5). La unidad del cuerpo implica la cooperación del cuerpo y que siempre la cabeza del cuerpo siga siendo Cristo (Col 1:18). Es interesante cómo el apóstol comienza advirtiendo al creyente de que debe sacrificar su cuerpo para así entonces poder entender que ahora es parte de otro cuerpo: el cuerpo de Cristo.

6.3. Romanos 12:6-8

Por último, en esta última sección del texto el apóstol enumera diferentes dones en la iglesia de Cristo otorgados a los creyentes por Dios: «teniendo diferentes dones» (Ro 12:6). No sólo se nombran dichos dones, sino que se explica cómo debe ser la actitud del creyente para aplicarlos correctamente, teniendo cada uno de ellos una recomendación del apóstol: «Profecía, úsese conforme a la medida de la fe» (Ro 12:6b). Es decir, que el don de profecía implica necesariamente fe, no sólo en creer que Dios está diciendo algo, sino que lo cumplirá. «O si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación» (Ro 12:7-8a). Podría parecer una obviedad, pero no tanto precisamente en los dones que el apóstol está citando. Un don de servicio se basa en servir, no decir que estoy sirviendo. El apóstol es muy práctico en estos dones, tanto el servicio, como la enseñanza como la exhortación. De nada sirve un hermano con don para enseñar que no enseña a nadie más que a sí mismo, o que sólo enseña a los demás cuánto podría enseñar. La enseñanza implica un riesgo igual que la exhortación, el maestro debe ser ejemplo, para no ser amonestados por Cristo como los fariseos: «En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos. Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen» (Mt 23:2-3). Y podemos seguir con este versículo ocho: «El que reparte, con liberalidad», es decir, sin esperar nada a cambio. «El que preside, con solicitud», de forma cuidadosa, diligente. «El que hace misericordia, con alegría», el actuar con misericordia no puede ser un acto de penitencia, sino no sería misericordia. La misericordia se basa en no estar obligado a ser misericorde, por eso produce alegría y gozo en el creyente. Además, el creyente puede recordar cuando aplica misericordia cuán misericordioso ha sido Dios con él: «Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso» (Lc 6:36).

Estos dones pueden ser puestos en práctica correctamente como miembros del cuerpo de Cristo basados en no tener un concepto mayor de nosotros mismos que el que nos corresponde y basados en una vida en Dios de santificación y consagración diaria.

CONCLUSIÓN

Tras este análisis interpretativo de Romanos 12:1-8 queda comprobado el autor y destinatarios de la carta a los Romanos. El motivo por el cuál el apóstol Pablo escribe esta carta (técnicamente la escribe Tercio), el contexto en el cuál el apóstol escribe dicha carta (su tercer viaje misionero y su estadía en Corinto) y también el mensaje general que encontramos en dicha carta a los Romanos: la justificación por la fe.

Por medio de este repaso general y contextual he analizado el mensaje que el apóstol Pablo comunica a los creyentes en Roma al comienzo del capítulo 12 de Romanos. El mensaje del apóstol es un mensaje pastoral y práctico a un iglesia la cual no había fundado, pero sí conocía perfectamente. Comienza el capítulo trazando un nuevo objetivo en su carta después de fundamentar las bases teológicas de y fe cristiana para plasmar su aplicación práctica en la vida individual de cada creyente y también en su vida congregacional.

BIBLIOGRAFÍA

Greathouse, William M. Comentario Bíblico Beacon, Tomo VIII. Kansas: Casa Nazarena de Publicaciones, 1991.

Owen, John. El pecado remanente. Lima: Teología para vivir, 2021.

Unger, Merrill F. Nuevo Manual Bíblico de Unger. Michigan: Publicaciones Portavoz Evangélico, 1987.

[1] William M. Greathouse, Comentario Bíblico Beacon, Tomo VIII, Cita (Kansas: Casa Nazarena de Publicaciones, 1991), 23

[2] Merrill F. Unger, Nuevo Manual Bíblico de Unger (Michigan: Publicaciones Portavoz Evangélico, 1987), 475

[3] William M. Greathouse, Comentario Bíblico Beacon, Tomo VIII (Kansas: Casa Nazarena de Publicaciones, 1991), 25

[4] William M. Greathouse, Comentario Bíblico Beacon, Tomo VIII (Kansas: Casa Nazarena de Publicaciones, 1991), 29

[5] REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., [versión 23.5 en línea]. <https://dle.rae.es> [18 de diciembre].

[6] REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., [versión 23.5 en línea]. <https://dle.rae.es> [18 de diciembre].

[7] John Owen, El pecado remanente (Lima: Teología para vivir, 2021), 35

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