El Moisés del XXI

INTRODUCCIÓN

En esta monografía realizaré un repaso exhaustivo de la vida de Moisés centrándome en diferentes aspectos clave de su ministerio y de cómo su relación con Dios nutría dicho ministerio.

Por medio de este repaso realizaré una aplicación del ministerio de Moisés a lo que podría ser su ministerio hoy en día, en la actualidad, aplicando los valores y características de dicho ministerio, no las formas o manifestaciones de poder del mismo. Todos los textos bíblicos utilizados en este trabajo son de la versión Reina-Valera de 1960 salvo que se indique lo contrario.

1. Ministerio de Moisés

Para comprender el ministerio de Moisés debemos conocer su vida desde su nacimiento, ya que Dios mostró su propósito y plan para con este hombre desde el principio, para un día ser llamado por Dios a libertar al pueblo de Israel de la mano de Egipto.

1.1. Pasado

Por pasado de Moisés se entiende toda su vida antes de ser llamado por Dios a su misión: «Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel» (Ex 3:10).

1.1.1. Niñez

Moisés no tuvo una infancia común. Las Escrituras narran cómo desde niño fue preservado de la muerte tras un orden de Faraón de matar a todo varón hebreo que naciese: «Entonces Faraón mandó a todo su pueblo, diciendo: Echad al río a todo hijo que nazca, y a toda hija preservad la vida» (Ex 1:22). Este niño levita fue encontrado junto al río Nilo en un canasto hecho con juncos y brea por la hija del mismo Faraón que había dado la orden de matarlo. Ella permite que sea criado por su familia hebrea que habían incumplido la ley de Faraón ocultando al bebé desde el principio. La crianza de Moisés es importante para conocer su vida y ministerio ya que fue criado en un contexto hebreo hasta que creció y fue adoptado como hijo de la hija de Faraón, Éxodo 2:9-10:

A la cual dijo la hija de Faraón: Lleva a este niño y críamelo, y yo te lo pagaré. Y la mujer tomó al niño y lo crio. Y cuando el niño creció, ella lo trajo a la hija de Faraón, la cual lo prohijó, y le puso por nombre Moisés, diciendo: Porque de las aguas lo saqué.

1.1.2. Edad adulta en Egipto

Moisés, pese a ser considerado egipcio, nunca dejó de tener contacto con los judíos, por eso: «salió a sus hermanos, y los vio en sus duras tareas» (Ex 2:11a), lo que provoca que Moisés cometa un delito de asesinato con premeditación: «Entonces miró a todas partes, y viendo que no parecía nadie, mató al egipcio» (Ex 2:12) por vengarse de un hebreo que había sido golpeado por dicho egipcio. Desde ese momento Moisés se convierte en fugitivo y proscrito de la ley egipcia: «Oyendo Faraón acerca de este hecho, procuró matar a Moisés; pero Moisés huyó de delante de Faraón, y habitó en la tierra de Madián» (Ex 2:15). Moisés no estaba preparado para ser el libertador del pueblo, ni el pueblo estaba preparado para este tipo de liberación violenta:

Cuando al día siguiente Moisés procuró arreglar las diferencias entre dos hebreos, supo que su crimen había sido descubierto. También aprendió que aun entre sus hermanos reinaba la injusticia. Más aún el pueblo no estaba dispuesto a apoyar al hombre que deseaba ayudarlos, (…) Moisés debía esperar el tiempo de Dios y recibir mayores instrucciones de la Suprema Autoridad.[1]

Moisés demuestra aptitudes naturales de liderazgo y valor en sus actos para con el pueblo hebreo, pero su carácter y sus medios no son los que Dios valida para dicha misión. Antes de poder cruzar con el pueblo de Israel por el desierto el líder debe pasar por su propio desierto, donde su carácter y llamado sean forjados en el secreto.

1.1.3. Pastor fugitivo

Moisés dejó atrás su vida en Egipto e intenta rehacerla en Madián, sin embargo, su arraigo para con su pueblo sigue intacto, de ahí el nombre que da a su primogénito: «Y ella le dio a luz un hijo; y él le puso por nombre Gersón, porque dijo: Forastero soy en tierra ajena» (Ex 2:22). No solamente Moisés parecía recordar al pueblo de Israel, el Dios de su pueblo también: «Y oyó Dios el gemido de ellos, y se acordó de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob» (Ex 2:24). El llamado de Moisés, como todo llamado verdadero, es de Dios, no de los hombres.

1.2. Llamado

Todo este contexto en la vida de Moisés, y la situación del pueblo de Israel, se precipitan en cómo Dios cumple su pacto para con su pueblo por medio de un pastor fugitivo por asesinato en un monte llamado Horeb.

1.2.1. Encuentro con Dios

Éxodo 3 es uno de los capítulos más interesantes de toda la Biblia. No puede ser ignorado por ningún creyente, ni por ninguna persona en el ministerio. La revelación del Dios inmutable en su conversación con Moisés, que aún en las ediciones de Reina-Valera se escribe con mayúsculas «YO SOY EL QUE SOY» (Ex 3:14). En este encuentro podemos ver la majestad, santidad y gloria de Dios tomando a lo olvidado y renegado de este mundo para cumplir sus propósitos. Moisés contesta a Dios con sus limitaciones, Dios responde a Moisés con sus ilimitaciones (Ex 4:4-5, 6-7, 11, 14, 17). Matthew Henry comenta respecto a este pasaje: «Pero Moisés conoció a Dios en un desierto mucho mejor que le había conocido en al corte de Faraón. Cuando más solos nos vemos, mejor nos percatamos de que nuestro Padre está con nosotros».[2]

1.2.2. Limitaciones naturales

En su encuentro con Dios Moisés no oculta ni maquilla sus propias limitaciones humanas. Más bien son puestas por él como excusas iniciales al llamado que Dios va contraargumentándole. Dios le revela quién es quién lo llama y envía primeramente (Ex 3:14-15), cuál es su propósito para con el pueblo (Ex 3:17) y cuál es su poder (Ex 3:20, 4:1-17). La tartamudez de Moisés (Ex 4:10) queda eclipsada ante estas revelaciones, sin embargo, Moisés insiste: «Y él dijo: ¡Ay, Señor! envía, te ruego, por medio del que debes enviar» (Ex 4:13), provocando el enfado de Dios y su reparto en el llamado de Moisés. Ya no sería Moisés solamente quien se presentaría delante de Faraón, sino que su hermano Aarón hablaría por él: «Entonces Jehová se enojó contra Moisés, y dijo: ¿No conozco yo a tu hermano Aarón, levita, y que él habla bien?» (Ex 4:14a). Para algunos autores esta respuesta de Dios implica un castigo a la actitud de Moisés para con su llamado en Dios:

Al aceptar ese arreglo Moisés, naturalmente, perdió mucho, pues así como Dios le dio a Aarón la facultad de expresión, pudo habérsela dado a él. De principio a fin todo dependía de Dios, y Moisés pudo haber sido poseedor de toda la bendición en vez de la mitad de ella. La verdad es que, como quedó demostrado por los acontecimientos sucesivos, la colaboración de Aarón fue quien contribuyó al descarrío de Israel y sirvió de piedra de tropiezo a Moisés.[3]

1.3. Carácter en su ministerio

A lo largo del ministerio de Moisés podemos ver un carácter tratado y forjado en su relación con Dios, dando muestras en su vida de un trato profundo de Dios con él.  Las diferentes pruebas y conflictos que tuvo que soportar y resolver como líder del pueblo, revelan cuán importante es el carácter en el llamado en Dios.

1.3.1. Mansedumbre

«Y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra» (Nm 12:3). Este no es un versículo habitual en la Biblia referente a una persona, salvo al propio Jesús (Mt 11:29). Una de las cualidades más importantes a tener en cuenta para poder comprender el llamado de Moisés para con el pueblo de Israel durante 40 años es su humildad. El contexto de este versículo es la murmuración de sus dos hermanos (Aarón y María):

La gran paciencia que Moisés mostró ante tamaña provocación. Él se hizo el sordo (Sal 38:13). Cuando estaba en juego el honor de Dios, como en el caso del becerro de oro, no hubo nadie tan celoso como Moisés; pero, cuando se trató de su propio honor, nadie tan manso como él. Tan osado como un león en la causa de Dios, pero tan manso como un cordero en su propia causa.[4]

La mansedumbre y paciencia que Moisés mostró en este caso no es puntual, sino que podemos ver que es un rasgo característico de su ministerio para con el pueblo de Israel.

1.3.2. Intercesión

«Entonces Moisés oró en presencia de Jehová su Dios, y dijo: Oh Jehová, ¿por qué se encenderá tu furor contra tu pueblo, que tú sacaste de la tierra de Egipto con gran poder y con mano fuerte?» (Ex 32:11). «Perdona ahora la iniquidad de este pueblo según la grandeza de tu misericordia, y como has perdonado a este pueblo desde Egipto hasta aquí» (Nm 14:19). «Entonces el pueblo vino a Moisés y dijo: Hemos pecado por haber hablado contra Jehová, y contra ti; ruega a Jehová que quite de nosotros estas serpientes. Y Moisés oró por el pueblo» (Nm 21:7). Son múltiples los sucesos y motivos en los que Moisés debe interceder por el pueblo de Israel para que Dios no consuma con juicio al propio pueblo. Esta intercesión por el pueblo es una muestra del carácter pastoral carga que Moisés tenía para con el pueblo. En muchas ocasiones se habla del cargo de Moisés como líder, caudillo y/o profeta del pueblo de Israel, pocas veces se menciona que su ministerio está más caracterizado por la implicación por la carga de dicho llamado que por el cargo en sí.

Este rol intercesor de Moisés se inicia desde el principio de la salida del pueblo de Israel de Egipto en el monte Sinaí, a demanda del propio pueblo: «Y dijeron a Moisés: Habla tú con nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos» (Ex 20:19).

1.3.3. Liderazgo

Uno de los mayores temores de Moisés es que los israelitas no lo reconociesen como líder cuando se presentase a ellos por sus carencias humanas: «Entonces Moisés respondió diciendo: He aquí que ellos no me creerán, ni oirán mi voz; porque dirán: No te ha aparecido Jehová» (Ex 4:1). En la vida de Moisés seguía retumbando la frase de ese hebreo por el que quiso mediar: «Y él respondió: ¿Quién te ha puesto a ti por príncipe y juez sobre nosotros?» (Ex 2:14). Sin embargo, Dios respaldó a Moisés con mano poderosa y rápidamente su rol como líder fue sustentado en su valentía y testimonio, siendo él siempre el primero en iniciar y confiar en las demandas de Dios para con el pueblo. Cada intento de cuestionar el liderazgo de Moisés era respondido por parte de Dios con señales y con Moisés mostrando su confianza y dependencia de Dios: «Y altercó el pueblo con Moisés, y dijeron: Danos agua para que bebamos. Y Moisés les dijo: ¿Por qué altercáis conmigo? ¿Por qué tentáis a Jehová?» (Ex 17:2). Podemos encontrar casos similares cuando cruzan el Mar Rojo (Ex 14), con el maná (Ex 16), las codornices (Nm 11), la rebelión de Coré (Nm 16) o la serpiente de bronce (Nm 21). Pese a la tozudez y rebeldía del pueblo de Israel y sus múltiples muestras de desobediencia, esto no debe ser entendido contra un cuestionamiento del liderazgo de Moisés, sino más bien su rebeldía para con el liderazgo del propio Dios. A la hora de la verdad «sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec» (Ex 17:11).

1.3.4. Fe

No podemos entender el ministerio de Moisés sin comprender la fe de Moisés en Dios. Todas las dudas y cuestionamientos de Moisés en su primer encuentro con Dios quedan disipados a lo largo de su llamado y ministerio donde Moisés comienza a afianzar su vida y su ministerio en una dependencia y confianza absoluta en el Dios que lo llamó y comisionó. Esta es su carta de presentación la primera vez que se reúne con Faraón: «Después Moisés y Aarón entraron a la presencia de Faraón y le dijeron: Jehová el Dios de Israel dice así: Deja ir a mi pueblo a celebrarme fiesta en el desierto» (Ex 5:1). El pastor fugitivo tartamudo que tenía muchas dudas delante de la zarza ardiendo se presenta delante del rey más importante de su generación en nombre del Dios de los hebreos. Por eso Hebreos 11:24-28 dice:

Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón. Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible. Por la fe celebró la pascua y la aspersión de la sangre, para que el que destruía a los primogénitos no los tocase a ellos.

1.4. Comunión con Dios

El carácter de Moisés estaba basado en su comunión y relación personal con Dios. Debe recordarse que este hombre había sido capaz de asesinar a un hombre con premeditación y esconder su cuerpo. Sin embargo, su llamado y ministerio se basó en buscar la presencia de Dios de tal manera que aún las personas que lo veían quedaban sorprendidas, Éxodo 34:29-30:

Y aconteció que descendiendo Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en su mano, al descender del monte, no sabía Moisés que la piel de su rostro resplandecía, después que hubo hablado con Dios. Y Aarón y todos los hijos de Israel miraron a Moisés, y he aquí la piel de su rostro era resplandeciente; y tuvieron miedo de acercarse a él.

1.4.1. Revelación

Esta comunión con Dios le llevo a ser catalogado de la siguiente manera: «Y nunca más se levantó profeta en Israel como Moisés, a quien haya conocido Jehová cara a cara» (Dt 34:10). Es Moisés el profeta que recibió la revelación de la ley moral de Dios, escrita por el propio Dios, los diez mandamientos (Ex 20). Es Moisés quien recibió toda la ley ceremonial de Dios para el pueblo de Israel, así como la ley nacional del pueblo (libro de Levítico). Es Moisés quien recibe la revelación del Tabernáculo y de sus medidas, así como del arca del pacto y resto de utensilios propios del Tabernáculo, el diseño de las vestimentas sacerdotales (Ex 25-28). Es Moisés quien recibe la revelación de la serpiente que sanaba la enfermedad del pueblo (Nm 21), siendo utilizado dicho símbolo por el propio Jesucristo: «Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna» (Jn 3:14-15). Es Moisés aquel que basó todas sus decisiones para con el pueblo de Israel por medio de lo que Dios hablaba con él en todo momento: «Y Moisés hizo conforme a todo lo que Jehová le mandó; así lo hizo» (Ex 40:16).

Pero, por encima de todo esto, es Moisés el escritor inspirado por el Espíritu Santo para escribir el Pentateuco, la Torá hebrea, la ley de Dios. La Biblia comienza con Génesis 1, una revelación del principio de la creación que es otorgada por Dios a Moisés, de ahí que sea digno la etiqueta de un profeta de Dios único en la historia. La gran mayoría de comentaristas concluyen en una idea similar a esta:

Moisés fue preparado de forma providencial para comprender todos los registros disponibles, manuscritos y narraciones orales. Como profeta al que se le concedió desacostumbrado privilegio de largas horas de comunión reposada con Dios en el Sinaí, estaba bien equipado para registrar para todas las generaciones el registro de Dios de Su actividad a través de las edades. ¿Qué otra persona a lo largo de los siglos poseyó tales poderes y tal fe, y gozó de tal comunión estrecha con Jehová?[5]

1.4.2. Relación

La relación entre Moisés y Dios era diaria y creciente. Hay pasajes que nos revelan un grado de complicidad inusual en la Biblia entre Dios y siervo: «Entonces Jehová dijo a Moisés: He aquí, yo vengo a ti en una nube espesa, para que el pueblo oiga mientras yo hablo contigo, y también para que te crean para siempre» (Ex 19:9). Esta comunión íntima entre Dios y Moisés se refleja de manera especial en Éxodo 33:17-23:

Y Jehová dijo a Moisés: También haré esto que has dicho, por cuanto has hallado gracia en mis ojos, y te he conocido por tu nombre. Él entonces dijo: Te ruego que me muestres tu gloria. Y le respondió: Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti; y tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente. Dijo más: No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá. Y dijo aún Jehová: He aquí un lugar junto a mí, y tú estarás sobre la peña; y cuando pase mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado. Después apartaré mi mano, y verás mis espaldas; mas no se verá mi rostro.

1.4.3. Dirección

Todas las decisiones que Moisés tomaba para con el pueblo de Israel eran previamente consultadas con Dios. En una revisión exhaustiva de dicha relación con Dios para consultar su dirección, es interesante ver que aparece «Jehová dijo a Moisés» en 52 ocasiones desde Éxodo hasta Deuteronomio. Moisés dirigía al pueblo de Israel y Dios dirigía a Moisés, por eso «¿Por qué, pues, no tuvisteis temor de hablar contra mi siervo Moisés?» (Nm 12:8b).

1.5. Pruebas al llamado

El llamado de Dios en la vida de Moisés implicó todo tipo de pruebas y dificultades. Estas vinieron de todo tipo de maneras y de fuentes diferentes a lo largo de su ministerio. Las pruebas son necesarias para forjar el carácter del siervo de Dios, también para probar el llamado. Aquí abordo las más importantes:

1.5.1. Faraón

«Mas yo sé que el rey de Egipto no os dejará ir sino por mano fuerte» (Ex 3:19). Dios le garantiza a Moisés la oposición que va a encontrar en Egipto a su llamado debido a Faraón. Esta advertencia es recordada nuevamente por Dios justo antes de que Moisés se presente delante de Faraón: «Y dijo Jehová a Moisés: Cuando hayas vuelto a Egipto, mira que hagas delante de Faraón todas las maravillas que he puesto en tu mano; pero yo endureceré su corazón, de modo que no dejará ir al pueblo» (Ex 4:21). Después de 10 plagas en Egipto todavía Faraón, tras dejar al pueblo de Israel marchar, decide ir tras ellos para matarlos en su salida del país. Sin embargo, ante este gran desafío y prueba a su recién iniciado liderazgo y llamado en Dios, «Moisés dijo al pueblo: No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros; porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis. Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos» (Ex 14:13-14).

1.5.2. El pueblo

Si bien Faraón fue la primera gran prueba al ministerio de Moisés, el propio pueblo de Israel fue sin duda la prueba más duradera y difícil para su ministerio. Desde la salida de Egipto el pueblo de Israel comienza a revelar que, si bien ellos habían salido de Egipto, Egipto no había salido de ellos. La queja, los cuestionamientos a las decisiones, la rebeldía y la murmuración se presentaron de tal manera en este pueblo que Dios decidió finalmente que no entrarían en la tierra prometida, sino que la siguiente generación tomaría posesión de la tierra en Números 14:22-23:

Todos los que vieron mi gloria y mis señales que he hecho en Egipto y en el desierto, y me han tentado ya diez veces, y no han oído mi voz, no verán la tierra de la cual juré a sus padres; no, ninguno de los que me han irritado la verá.

La palabra hebrea lun (H3885) traducida en múltiples ocasiones como murmuración o queja, es traducida desde Éxodo hasta Deuteronomio con este significado en al menos 8 ocasiones (Ex 15:24, 16:2,7, 17:3; Nm 14:2,27,36; 17:5). 

1.5.3. La familia

Moisés también tuvo pruebas por medio de su familia. Su hermano Aarón fue quien construyó dos becerros de oro en la ausencia de Moisés promoviendo al pueblo a la idolatría y desenfreno: «Y aconteció que cuando él llegó al campamento, y vio el becerro y las danzas, ardió la ira de Moisés, y arrojó las tablas de sus manos, y las quebró al pie del monte» (Ex 32:19).

Aaron fue quien hizo el becerro de oro para que el pueblo de Israel le rindiera culto idólatra al pie del monte Sinaí, así que el juicio del ofendido Dios cayese sobre el pueblo. Vemos pues, que en lugar de ayudar a Moisés, Aarón le trajo dificultades; la vara sobre la cual quiso apoyarse se quebró bajo su peso y le hirió sus propias manos y hasta el corazón.[6]

Este no fue el único caso puntual que Moisés tuvo que enfrentar en su ministerio con su familia más cerca: «María y Aarón hablaron contra Moisés a causa de la mujer cusita que había tomado; porque él había tomado mujer cusita. Y dijeron: ¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿No ha hablado también por nosotros? Y lo oyó Jehová» (Nm 12:1-2). En este caso Dios vuelve a traer juicio para con Aarón y María y es el propio Moisés quien intercede a Dios por su hermana que había quedado leprosa: «Entonces Moisés clamó a Jehová, diciendo: Te ruego, oh Dios, que la sanes ahora» (Nm 12:13).

1.6. Fracasos

En el ministerio de Moisés también hubo fracasos personales. He realizado una revisión de su llamado inicial con Dios y sus grandes dudas frente a dicho llamado, pero no fue el único caso en el que el carácter o decisiones de Moisés le provocaron la respuesta airada de Dios.

1.6.1. Comenzando el llamado

Tras su rechazo de ir sólo delante de Faraón, Dios responde a Moisés enfadado: «Entonces Jehová se enojó contra Moisés, y dijo: ¿No conozco yo a tu hermano Aarón, levita, y que él habla bien? Y he aquí que él saldrá a recibirte, y al verte se alegrará en su corazón» (Ex 4:14). Poco después, cuando Moisés está de regreso a Egipto, este no había circuncidado a su hijo conforme al pacto que Dios había dado a Abraham y Dios volvió a enfadarse con Moisés en Éxodo 4:24-26:

Y aconteció en el camino, que en una posada Jehová le salió al encuentro, y quiso matarlo. Entonces Séfora tomó un pedernal afilado y cortó el prepucio de su hijo, y lo echó a sus pies, diciendo: A la verdad tú me eres un esposo de sangre. Así le dejó luego ir. Y ella dijo: Esposo de sangre, a causa de la circuncisión.

En el comienzo de su llamado, parece que Moisés no siempre interpreta con precisión la dirección de Dios en algunos asuntos. Cuando el pueblo de Israel está frente al Mar Rojo y Dios les había dicho que avanzaran, Moisés se para con el pueblo, sin embargo, Dios le contesta: «Entonces Jehová dijo a Moisés: ¿Por qué clamas a mí? Di a los hijos de Israel que marchen» (Ex 14:15).

1.6.2. Golpeando la roca

Al final de su ministerio, cuando ya estaba cerca de cruzar a la tierra de Canaán, para poseer la tierra, Números 20:11-12:

Entonces alzó Moisés su mano y golpeó la peña con su vara dos veces; y salieron muchas aguas, y bebió la congregación, y sus bestias. Y Jehová dijo a Moisés y a Aarón: Por cuanto no creísteis en mí, para santificarme delante de los hijos de Israel, por tanto, no meteréis esta congregación en la tierra que les he dado.

Este es probablemente el mayor fracaso en el ministerio de Moisés. Dios había ordenado a Moisés hablar a la roca, no golpearla como en la primera ocasión que el pueblo pidió agua (Ex 17:6). Sin embargo, Moisés golpeó la roca dos veces y, pese a que Dios validó a su siervo delante de un pueblo quejoso y sediento, Dios no permitió que Moisés ni Aarón entrasen en la tierra prometida:

A Dios le desagradó esa actitud violenta e incrédula de Moisés y lo castigó severamente no permitiéndole entrar a la tierra prometida. No obstante eso, cumplió la promesa que le había hecho al pueblo dándoles el agua que necesitaban, a pesar del error de Moisés.[7]

1.6.3. Sus Hijos

No debe pasar inadvertido que la descendencia de Moisés no es protagonista ni en los tiempos de Josué, ni en los tiempos de los Jueces, ni en tiempos posteriores hasta Crónicas, donde se relata las tareas propias de sus descendientes como parte de la casa de Leví: «Los hijos de Moisés fueron Gersón y Eliezer. Hijo de Gersón fue Sebuel el jefe. E hijo de Eliezer fue Rehabías el jefe. Y Eliezer no tuvo otros hijos; mas los hijos de Rehabías fueron muchos» (1 Cr 23:15-17).

No es hasta el capítulo 18 de Éxodo, que Jetro (su suegro) viene a visitar a Moisés y trae con él a su esposa Séfora y sus dos hijos:

Y tomó Jetro suegro de Moisés a Séfora la mujer de Moisés, después que él la envió, y a sus dos hijos (…) Y Jetro el suegro de Moisés, con los hijos y la mujer de este, vino a Moisés en el desierto, donde estaba acampado junto al monte de Dios; y dijo a Moisés: Yo tu suegro Jetro vengo a ti, con tu mujer, y sus dos hijos con ella.

El llamado como líder del pueblo de Israel parece haber dejado en un segundo plano su labor como mentor espiritual para con sus hijos. Si bien es cierto que los llamados no se transfieren por linaje sanguíneo sí es llamativo que Aarón reciba un linaje sumo sacerdotal que se mantuvo durante generaciones en toda la historia del pueblo de Israel y, sin embargo, el linaje de Moisés a penas se mencione.

1.7. Legado

Si bien Moisés no dejó el legado ministerial a sus hijos de sangre no significa que no dejase su legado antes de morir. Esta es una de las tareas más complejas en la Biblia. Podemos ver como en muchas ocasiones los reyes no supieron inculcar el temor y adoración a Dios a sus descendientes en el trono, o incluso como grandes hombres de Dios no supieron transmitir ese legado a sus hijos, como el caso de Samuel: «Y le dijeron: He aquí tú has envejecido, y tus hijos no andan en tus caminos; por tanto, constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones» (1 S 8:5). Del mismo modo, Eliseo no pudo legar su llamado profético como Elías sí había hecho con él, debido a que el discípulo al que enseñaba codició los regalos de Naamán en 2 Reyes 5:25-26:

Y él entró, y se puso delante de su señor. Y Eliseo le dijo: ¿De dónde vienes, Giezi? Y él dijo: Tu siervo no ha ido a ninguna parte. Él entonces le dijo: ¿No estaba también allí mi corazón, cuando el hombre volvió de su carro a recibirte? ¿Es tiempo de tomar plata, y de tomar vestidos, olivares, viñas, ovejas, bueyes, siervos y siervas?

Sin embargo, Moisés sí pudo legar su unción y ministerio en Josué. Dios iba a cumplir su palabra y el pueblo conquistaría la tierra que les había prometido, pero no sería con Moisés su siervo, sino con Josué su siervo. Este legado no fue un mero nombramiento político o superficial, sino una transferencia completa de la carga y el cargo para con Josué, así como de la unción que Moisés había recibido departe de Dios. En pocas ocasiones se narra en la Biblia una transferencia ministerial tan profunda como la de Moisés a Josué. Dios valida a Josué: «Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé» (Jos 1:5). Y esta fue la demanda del propio pueblo de Israel para con Josué unos versículos más adelante, en Josué 1:16-17:

Entonces respondieron a Josué, diciendo: Nosotros haremos todas las cosas que nos has mandado, e iremos adondequiera que nos mandes. De la manera que obedecimos a Moisés en todas las cosas, así te obedeceremos a ti; solamente que Jehová tu Dios esté contigo, como estuvo con Moisés.

Este ministerio de Josué no es solo un ministerio de conquista de la tierra, sino más bien el mantener el legado de la dirección de Dios al pueblo que había comenzado con Moisés. Por eso las palabras en la despedida de Moisés al pueblo y la despedida de Josué al pueblo son tan parecidas. La transferencia ministerial y el legado habían sido entregados de forma correcta a la persona correcta que Dios había establecido: «Y les dijo: Aplicad vuestro corazón a todas las palabras que yo os testifico hoy, para que las mandéis a vuestros hijos, a fin de que cuiden de cumplir todas las palabras de esta ley» (Dt 32:46). «Quitad, pues, ahora los dioses ajenos que están entre vosotros, e inclinad vuestro corazón a Jehová Dios de Israel. Y el pueblo respondió a Josué: A Jehová nuestro Dios serviremos, y a su voz obedeceremos» (Jos 24:23-24).

2. Un Moisés hoy

Tras el repaso a la vida y ministerio de Moisés, planteó en qué manera Dios podría levantar un ministerio como el de Moisés en este tiempo. Qué características y cualidades tendría dicho ministerio que rememoraran la unción de Moisés. No voy a enfocarme en la forma o manifestaciones de dicha unción, sino en el fondo y relación con Dios.

Es importante recordar que, si una persona se levantase hoy con grandes señales públicas, advirtiendo de una revelación propia o superior de parte de sí mismo o Dios, y quisiera afectar a las naciones a tal punto que estas parecieran escucharlo, tenerlo en cuenta e incluso obedecerlo, estaríamos ante un tipo de Anticristo o ante el mismo Anticristo (Ap 13), no ante una unción como la de Moisés. Por eso, esperar una unción con señales tan poderosas como las de Moisés en lugar de un ministerio que refleje el carácter de Moisés, esto es finalmente el carácter de Cristo, sería un error.

2.1. Su llamado

Su llamado debería forjarse en el secreto. Sin luces, sin plataformas, sin grandes recomendaciones, sin un pasado magnífico, ni tampoco expectativas sobre él. Un absoluto anónimo. Además, sería interesante plantear que fuese un hombre mayor. Es decir, Moisés fue llamado con 80 años y cumplió un ministerio de 40 años para con el pueblo de Israel. Esto implica que fue llamado en el último tercio de su vida, por lo que este Moisés del siglo XXI podría ser perfectamente llamado con unos 60 años por Dios para comenzar su ministerio.

2.2. Su misión

Moisés fue llamado a libertar a un pueblo esclavo de la potencia mundial de la época. Aquí podría aplicarse o bien a un misionero enviado por Dios a un país donde apenas se haya evangelizado y se produzca un avivamiento, o bien a un ministerio capaz de tomar al estrato general de iglesias cristianas nominales (de diferentes denominaciones) y llevarlas verdaderamente a un encuentro con Cristo. Quizás lo segundo sea más controversial y necesario en este tiempo.

2.3. Su ministerio

Tendría que ser capaz de liderar a ese grupo de creyentes por medio de estar sometido al liderazgo de Dios: «Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve» (Lc 22:27). Es decir, la gente lo percibiría como un gran líder llamado por Dios, pero él no tendría esa imagen de sí mismo, sino más bien estaría centrado en la búsqueda de la dirección de Dios y su presencia. Esto implicaría necesariamente un ministerio muy enfocado en la oración e intercesión. Es decir, su exposición o ministerio públicos sería una pequeña parte de su ministerio privado y de comunión con Dios:

Para llevar a cabo una gran misión en el mundo, Dios obra a través de agentes humanos. Él obra colectivamente a través de su iglesia, e individualmente a través de sus hijos. Y para ser agentes eficientes cada uno debe ser “un vaso noble, santificado, útil para el Señor y preparado para toda buena obra” (2 Timoteo 2:21). Dios obra más efectivamente a través de hombres y mujeres santos. Su obra progresa en las manos de cristianos devotos, concienzudos y diligentes.[8]

2.4. Su carácter

Manso y humilde, como Cristo y también como Moisés. Sin duda una cualidad muy difícil de encontrar hoy en día y tan necesaria en estos tiempos. Un ministerio que no pretende llamar la atención, aunque la llame, que no es consciente de su unción, aunque la tenga, que no escribe libros sobre cuánto y cómo Dios obra a través de él, sino que prefiere deleitarse en la presencia y gloria de Dios. Es común revisar en diferentes biografías de hombres usados por Dios como su humildad y simpleza eran aquello que más llamaba la atención de los que los conocían, tanto en su ministerio como en su vida. Dwight L. Moody, por ejemplo:

A Moody no le gustaba usar métodos sensacionalistas, sino que empleó siempre los mismos métodos humildes hasta el fin de sus vida; el sermón dirigido directamente a sus oyentes; la aplicación práctica del mensaje del evangelio a la necesidad individual; solos cantados bajo la unción del Espíritu; la invitación para que el perdido aceptase a Cristo y se entregase a él de inmediato; una sala contigua adonde llevaba a los que tenían “dificultades” para aceptar a Cristo; la obra de seguimiento que los creyentes hacían después entre los “interesados” y los recién convertidos; y a diario una hora de oración al medio día y cultos que duraban el día entero.[9]

O George Müller, un capitán de barco que conoció a Müller quedó sorprendido por cómo oraba:

Entonces cayó de rodillas y oró en la forma más simple. Yo pensé: Esa es la oración como la de un niño que no tiene más de ocho o nueve años”. Fue más o menos así que oró: “Oh Señor, si es tu voluntad, retira esta neblina en cinco minutos. Tú sabes que me he comprometido a estar en Quebec el sábado. Creo que esa es tu voluntad.” Cuando acabó, yo también quise orar, pero él me puso la mano sobre mi hombro y me pidió que no lo hiciese, diciendo: Primero, usted no cree que Dios lo haría, y segundo, yo creo que Él ya lo hizo. (…) Capitán, conozco a mi Señor desde hace cincuenta y siete años, y no ha habido un solo día en que yo no haya tenido audiencia con el Rey. Levántese capitán, abra la puerta y verá que la neblina ya despareció. “El sábado por la tarde, George Müller estaba en Quebec, como lo deseaba.”[10]

Creo que el Moisés del siglo XXI se parecería mucho en este tipo de carácter.

2.5. Su eficacia

Si su misión es sacar al pueblo de Egipto, debe entonces completar su misión con eficacia. Es decir, su llamado se basa en el resultado y fruto de su llamado, no en sus palabras. Por lo tanto, es un ministerio que cumple el propósito por el cuál Dios lo llamó. Fue John Knox quien oraba «¡dame Escocia o me muero!»[11] y propagó la reforma protestante en ese país pese a múltiples dificultades, exilio incluido.

Por lo tanto, el Moisés del siglo XXI cumpliría su misión con eficacia, sea cuál sea dicha misión de parte de Dios. No importaría el precio, no importaría la oposición, no importarían los riesgos, no importarían las etiquetas, su deleite es Cristo y la gloria de Dios, no la de los hombres: «Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo» (Gá 1:10).

2.6. Su legado

No sólo realizaría su ministerio con eficacia, sino que además dejaría como legado su ministerio y unción a otros. Sería capaz de levantar un Josué que siguiera con su ministerio. El llamado en Dios no es egoísta, ni personalista, es Cristocéntrico y con mentalidad de Reino. El Moisés del siglo XXI necesariamente sería capaz de dejar su legado a otros porque no es suyo, es de Dios. 

CONCLUSIÓN

Moisés es uno de los hombres de Dios más grandes que se relatan en la Biblia. Su ministerio para Dios es único porque su misión era única departe de Dios. Dios capacitó a Moisés para realizar dicha tarea revelándonos a todos que cuando Dios llama, Dios capacita y que es su voluntad y no la nuestra la que garantizan que Dios obre. Moisés dejó un legado intacto para su sucesor y superó diferentes pruebas y problemas en su ministerio. Su comunión con Dios le permitió forjar un carácter necesario para la tarea y llevar a cabo la misión que Dios le había ordenado.

Podemos aprender mucho a cerca del ministerio de Moisés y cómo aplicar dicho ministerio para nuestro tiempo actual. No nos centremos en mares abiertos, maná del cielo y plagas poderosas, claro que Dios lo puede hacer hoy, pero eso depende de Dios. Ocupémonos de aquello que sí depende de nosotros: responder al llamado, que nuestro carácter sea tratado por Dios, tener una comunión con la presencia de Dios y obedecer con diligencia su voz y Palabra. El Moisés del siglo XXI puede ser cualquier pastor de ovejas de Madián fugitivo por sus terribles pecados contra Dios y los demás, cualquier hijo pródigo descarriado, ¿estaremos alguno dispuesto a decir «heme aquí» (Ex 3:4)?

BIBLIOGRAFÍA

Bounds, E.M. E.M. Bounds, 120 Meditaciones para nutrir su espíritu y refrescar su alma. Miami: Editorial Patmos, 2008.

Boyer, Orlando Biografías de grandes cristianos. Miami: Editorial Vida, 2001.

Cox, Leo G. Comentario Bíblico Beacon, Tomo I. Kansas: Casa Nazarena de Publicaciones, 1991

Henry, Matthew. Comentario Exegético-Devocional a toda la Biblia, El Pentateuco. Terrassa: Clie, 1983.

Pfeiffer, Charles F. Comentario Bíblico Moody. Michigan: Editorial Portavoz, 1993.

Simpson, A.B. El poder de lo alto. Terrassa: Clie, 1989.

Wilson, Douglas. For Kirk and Covenant: The Stalwart Courage of John Knox. Nashville: Highland Books, 2000.

[1] Leo G. Cox, Comentario Bíblico Beacon, Tomo I (Kansas: Casa Nazarena de Publicaciones, 1991), 171

[2] Matthew Henry, Comentario Exegético-Devocional a toda la Biblia, El Pentateuco (Terrassa: Clie, 1983), 297

[3] A.B. Simpson, El poder de lo alto (Terrassa: Clie, 1989), 119

[4] Matthew Henry, Comentario Exegético-Devocional a toda la Biblia, El Pentateuco (Terrassa: Clie, 1983), 653

[5] Charles F. Pfeiffer, Comentario Bíblico Moody (Michigan: Editorial Portavoz, 1993), 11-12

[6] A.B. Simpson, El poder de lo alto (Terrassa: Clie, 1989), 119

[7] A.B. Simpson, El poder de lo alto (Terrassa: Clie, 1989), 78

[8] E.M Bounds, E.M. Bounds, 120 Meditaciones para nutrir su espíritu y refrescar su alma (Miami: Editorial Patmos, 2008), 62

[9] Orlando Boyer, Biografías de grandes cristianos (Miami: Editorial Vida, 2001), 233

[10] Orlando Boyer, Biografías de grandes cristianos (Miami: Editorial Vida, 2001), 143

[11] Douglas Wilson, For Kirk and Covenant: The Stalwart Courage of John Knox (Nashville: Highland Books, 2000), 3

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