El sacerdocio, la casa de Aarón y Eli
INTRODUCCIÓN
En esta monografía realizaré una comparativa en el ejercicio de la labor sacerdotal de Aarón y sus hijos y de Elí y sus hijos. Por medio de diferentes comentaristas bíblicos y anotaciones del material de estudio se demostrarán similitudes y diferencias en el ejercicio de dicho ministerio sacerdotal, desde su llamado hasta el fin de su ministerio, y sus consecuencias personales y familiares al realizarlo en ambos casos (Aarón y Elí y sus familias).
Todos los textos bíblicos aportados son en la versión Reina-Valera de 1960 salvo que se diga lo contrario.
1. El ministerio sacerdotal
El ministerio sacerdotal es instituido por Dios desde Éxodo y se mantuvo a lo largo de la historia del pueblo de Israel hasta la destrucción del templo en el año 70 d.C. por el general romano Tito.
Dicho ministerio incluía diferentes funciones:
Servir como mediadores entre el pueblo y Dios, interceder por el pueblo y expiar el pecado mediante sacrificio. Consultar con Dios para discernir la voluntad divina para el pueblo. Ser intérpretes y maestros de la ley. Ministrar en las cosas sagradas del tabernáculo.[1]
Por este motivo era un ministerio apartado y consagrado al que no todo hombre podía acceder, sino que debía cumplir una serie de requisitos y ceremonias de consagración.
1.1. Requisitos
Para poder ser sacerdote se requerían cualidades físicas que simbolizaban la santidad a Dios: «Tenía que ser un hombre sin defecto físico (Lv. 21:16-21). Debía casarse con una mujer de carácter ejemplar. No debía de contaminarse con costumbres paganas ni tocar cosas inmundas».[2]
Estos requerimientos eran necesarios para el sacerdocio ya que eran personas encargadas de ministrar al pueblo delante de Dios:
No hay dos varas de medir la moralidad, un para el sacerdote y otra para el pueblo. La ley era de obligado cumplimiento para todos. Pero también es cierto que los privilegios espirituales y los deberes sagrados implican más responsabilidad y demandan más perfección de carácter y de conducta.[3]
1.2. Ceremonias de consagración
La primera familia sacerdotal instituida por Dios al pueblo es la de Aarón y sus hijos. Este acto incluyó una ceremonia de consagración que marcaba las pautas para las siguientes generaciones de sacerdotes: «Los sacerdotes y todo lo empleado por ellos tenían que ser consagrado al servicio divino».[4]
2. Llamamiento e inicios del ministerio sacerdotal de Aarón y de Elí
2.1. Aarón y su familia
«Harás llegar delante de ti a Aarón tu hermano, y a sus hijos consigo, de entre los hijos de Israel, para que sean mis sacerdotes; a Aarón y a Nadab, Abiú, Eleazar e Itamar hijos de Aarón» (Éx. 28:1). Así es como Aarón y sus hijos fueron llamados por Dios para ser sacerdotes delante del pueblo de Israel. En los capítulos 28 y 29 de Éxodo se narra cómo serían las vestiduras de los primeros sacerdotes y cómo estos debían consagrarse a Dios: «Esto es lo que les harás para consagrarlos, para que sean mis sacerdotes» (Éx. 29:1a).
De entre todo el pueblo Dios escogía a Aarón y a sus hijos para que le fuesen sacerdotes. Esto era un símbolo, como algunos comentaristas apuntan, del sumo sacerdocio de Cristo y del sacerdocio de los creyentes:
El resultado era el sacerdocio en que Aarón prefigura a Cristo, y sus hijos representan a los creyentes individuales de la época actual. El sacerdocio de ellos dependía de su relación con Aarón, así como el sacerdocio de los creyentes se basa en su relación con Cristo.[5]
2.2. Elí y su familia
En la Biblia no se narra cómo comenzaron Elí y su familia su sacerdocio, ni como fueron consagrados a dicho ministerio, pero la primera vez que se les cita es cuando Elcana «todos los años aquel varón subía de su ciudad para adorar y para ofrecer sacrificios a Jehová de los ejércitos en Silo, donde estaban dos hijos de Elí, Ofni y Finees, sacerdotes de Jehová» (1 S. 1:3). El hecho de que Elí fuera sumo sacerdote en su época tiene diferentes interpretaciones posibles para los comentaristas:
Elí pertenecía a la familia de Itamar, cuarto hijo de Aarón. El deber de los miembros de su familia era el de cuidar de las propiedades físicas del tabernáculo. Se desconoce cuándo pasó la sucesión del sumo sacerdocio a la familia de Elí. Algunos eruditos creen que el templo de Silo constituyó un intento abortado de la familia de Itamar de usurpar el control del sumo sacerdocio. Otros creen que la línea sumo sacerdotal de Eleazar puede haber entrado en decadencia, o incluso puede haberse extinguido, y que por ello su oficio pasó a la sección más prometedora de la familia.[6]
3. Los hijos de Aarón y Elí
A lo largo de su ministerio como sacerdotes, Aarón y Elí tuvieron que desempeñar dicha labor no sólo de forma individual sino en supervisión de sus hijos, ya que el llamamiento era para toda la familia sacerdotal.
3.1. Consagración de Aarón y sus hijos
Aarón y sus hijos son consagrados delante del pueblo en Éxodo 29:1-37, también se narra este evento en el texto paralelo de Levítico 8:1-36. Así comienza su consagración (Lv. 8:1-3):
Habló Jehová a Moisés, diciendo: Toma a Aarón y a sus hijos con él, y las vestiduras, el aceite de la unción, el becerro de la expiación, los dos carneros, y el canastillo de los panes sin levadura; y reúne toda la congregación a la puerta del tabernáculo de reunión.
Esta ceremonia de consagración implicaba cinco actos: «El lavamiento, la entrega de las vestiduras sagradas, el ungimiento de Aarón y sus hijos, los sacrificios consagrados y la fiesta del tabernáculo».[7] Este era el comienzo de su labor ministerial como sacerdotes delante del pueblo, sin embargo, en sólo dos capítulos más adelante se narra el suceso de dos de los hijos de Aarón: Nadab y Abiú.
3.1. Nadab y Abiú
«Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso, y ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que él nunca les mandó» (Lv. 10:1). Dos de los cuatro hijos de Aarón cometen una infracción grave en sus funciones como sacerdotes. El relato no parece aclarar qué implicaba este fuego extraño: «El fuego extraño no recibe explicación. Puede que los elementos utilizados o que el procedimiento seguido, o ambos, hubieran estado en contra de lo que había sido prescrito».[8] Aunque algunos comentaristas, como Matthew Henry, asocian el fuego extraño como traer incienso extraño:
No obstante, sin haber recibido orden alguna, tomaron cada uno su incensario y se atrevieron a entrar en el tabernáculo y quemar incienso. Así que el ofrecer el fuego extraño era lo mismo que ofrecer incienso extraño, lo cual estaba expresamente prohibido (Ex. 30:9).[9]
También son diferentes las posibles interpretaciones de por qué Nadab y Abiú quisieron hacer dicho acto que fue penado por Dios con la muerte inmediata de ambos: «estaban tan orgullosos del honor que recientemente se les había otorgado, y ambicionaban tanto el realizar inmediatamente la parte más noble y honorable de su trabajo».[10] El resto de las opciones son resumidas de esta manera:
No está registrada la naturaleza del pecado de Nadab y Abiú. Los comentaristas han sugerido que el incienso no estaba preparado de acuerdo a las instrucciones dadas por Moisés (Éx. 30:7-8), que ningún otro fuego debía ser usado en el altar (Lv. 16:2), que la ofrenda no era a su debido tiempo (Éx 30:7-8, que otros incensarios (los de ellos mismos) habían sido usados; que Nadab y Abiú asumieron un papel exclusivamente reservado para el sumo sacerdote, o que pudieron estar bajo la influencia del alcohol (Lv 10:8-11).[11]
Aunque «en este pasaje es imposible hablar con seguridad»[12] la consecuencia es clara en los siguientes versículos (Lv. 10:2-3):
Y salió fuego de delante de Jehová y los quemó, y murieron delante de Jehová. Entonces dijo Moisés a Aarón: Esto es lo que habló Jehová, diciendo: En los que a mí se acercan me santificaré, y en presencia de todo el pueblo seré glorificado. Y Aarón calló.
El sacerdocio comenzaba con una clara advertencia de parte de Dios a la santificación y respeto por las ordenanzas sacerdotales de aquellos que quisieran ejercer dicho ministerio. Estas ordenanzas se amplían con la negativa al uso de alcohol (Lv. 10:8-11) y las instrucciones a la hora de qué porciones y cantidades de los sacrificios pertenecían a los sacerdotes para su propio consumo (Lv. 10:12-20).
3.2. Eleazar e Itamar
«Y Moisés dijo a Aarón, y a Eleazar y a Itamar sus hijos que habían quedado: Tomad la ofrenda que queda de las ofrendas encendidas a Jehová, y comedla sin levadura junto al altar, porque es cosa muy santa» (Lv. 10:12). Los otros dos hijos de Aarón quedaron como encargados del sacerdocio junto a su padre. Fue Eleazar quien sucedió a su padre como sumo sacerdote cuando este muere (Nm. 20:25-26) y estuvo actos relevantes como los de cruzar el río Jordán con el pueblo para la conquista y quien reparte la tierra junto a Josué tras la conquista (Jos. 17:4).
3.3. Ofni y Finees
Los hijos de Elí se llamaban Ofni y Finees, desde el comienzo se relata en la Biblia que su ministerio como sacerdotes no era digno delante de Dios (1 S. 2:12-14):
Los hijos de Elí eran hombres impíos, y no tenían conocimiento de Jehová. Y era costumbre de los sacerdotes con el pueblo, que cuando alguno ofrecía sacrificio, venía el criado del sacerdote mientras se cocía la carne, trayendo en su mano un garfio de tres dientes, y lo metía en el perol, en la olla, en el caldero o en la marmita; y todo lo que sacaba el garfio, el sacerdote lo tomaba para sí. De esta manera hacían con todo israelita que venía a Silo.
Como consecuencia de esta situación Dios trae juicio a Elí y su familia y el propio sucesor de ellos, Samuel, es quien profetiza dicho juicio (1 S. 3). Referente al pecado de Ofni y Finees:
Los hijos de Elí eran culpables de un pecado doble: (a) En lugar de tomar solamente la parte que les tocaba, tomaban todo lo que pudiera sacar el garfio; y (b) tomaban su parte antes que fuera ofrecida la grosura y la sangre en sacrificio al Señor.[13]
El motivo de que Ofni y Finees se tomaran estas licencias para con su pecado era porque hasta ese momento «siendo hereditario, el sacerdocio pasaba de padres a hijos, sin tener en cuenta las condiciones morales de los candidatos»[14], un estado por desgracia común en aquella época: «La declinación moral y la vida licenciosa en el período de los jueces, se reflejaron en la lenidad de Elí y la evidente maldad de sus hijos Ofni y Finees».[15]
4. Ministerio sacerdotal de Aarón y Elí
Tras conocer cómo actuaron los hijos de Aarón y Elí es importante revisar cómo ellos, siendo sumo sacerdotes, actuaron delante de estas y otras situaciones en su ministerio sacerdotal:
4.1. Aarón
El ministerio de Aarón para con el pueblo de Israel no comenzó el día que fue llamado a ocupar el lugar de sumo sacerdote. Aarón había acompañado a Moisés en su llamado como vocero y portavoz de Moisés y era alguien que ejercía autoridad delante del pueblo. Fue Aarón quien mandó construir dos becerros de oro mientras Moisés recibía la ley de Dios en el monte Sinaí porque había quedado al mando del pueblo hasta que Moisés regresara (Ex. 32).
A mayores de este llamado, Dios también lo llama al servicio sumo sacerdotal. Aarón fue el primer sumo sacerdote de la historia del pueblo de Israel. Pese a sus imperfecciones y malas decisiones, Aarón era muy querido por el pueblo y supo sujetarse a su hermano menor Moisés, especialmente tras el suceso de la lepra de Miriam por causa de su murmuración contra Moisés (Nm. 12:1-16). Cuando Nadab y Abiú mueren Aarón acepta las exigencias que Moisés solicita (Lv. 10:6-7):
Entonces Moisés dijo a Aarón, y a Eleazar e Itamar sus hijos: No descubráis vuestras cabezas, ni rasguéis vuestros vestidos en señal de duelo, para que no muráis, ni se levante la ira sobre toda la congregación; pero vuestros hermanos, toda la casa de Israel, sí lamentarán por el incendio que Jehová ha hecho. Ni saldréis de la puerta del tabernáculo de reunión, porque moriréis; por cuanto el aceite de la unción de Jehová está sobre vosotros. Y ellos hicieron conforme al dicho de Moisés.
Junto a Moisés no obedece a Dios al permitir que Moisés golpee la roca dos veces en lugar de hablarle para que salga agua de la roca (Nm 20) y por este motivo Dios les dice a ambos que no entrarán en la tierra prometida. Su ministerio sacerdotal queda en manos de su hijo Eleazar (Nm 20:27-29):
Y Moisés hizo como Jehová le mandó; y subieron al monte de Hor a la vista de toda la congregación. Y Moisés desnudó a Aarón de sus vestiduras, y se las vistió a Eleazar su hijo; y Aarón murió allí en la cumbre del monte, y Moisés y Eleazar descendieron del monte. Y viendo toda la congregación que Aarón había muerto, le hicieron duelo por treinta días todas las familias de Israel.
Referente a la muerte de Aarón algunos comentaristas destacan:
Dios anunció a Aarón que va a morir (v. 24). 1. Hay algo en las órdenes e instrucciones que aquí da Dios, que muestra el desagrado del Señor. Aarón no debe entrar en Canaán, porque no cumplió con su deber en las aguas de la rencilla. (…) 2. Por otra parte, había también mucha misericordia en las palabras de Dios, puesto que, aunque Aarón moría por su transgresión, no murió como un malhechor, de plaga o por fuego bajado del Cielo, sino cómodamente y con honor.[16]
El motivo de por qué Aarón recibe el mismo castigo de Moisés parece explicarse en el propio texto bíblico: «Moisés y Aarón compartieron el castigo por este pecado, porque Dios había dicho “Hablad [plural] a la peña”»[17]. Sin embargo, el sacerdocio no terminaba con Aarón, sino que Eliazar seguiría con este ministerio, de ahí que su muerte fuese ante el pueblo y se mudaran sus ropas a su hijo:
Estos eran los vestidos sagrados de Éx 39, el distintivo del sumo sacerdocio. Habían sido la marca de Aarón –y ahora marcaban a Eleazar– como mediador elegido de Dios, cuyas ministraciones enseñaban al pueblo que Dios era su todopoderoso y siempre santo Amigo.[18]
4.2. Elí
Elí fue el sumo sacerdote que por medio de su bendición sacerdotal fue usado por Dios para que Ana pudiera concebir a Samuel: «Elí respondió y dijo: Ve en paz, y el Dios de Israel te otorgue la petición que le has hecho» (1 S. 1:17). También fue Elí quien guio a Samuel para entender el llamado de Dios para su vida: «Y dijo Elí a Samuel: Ve y acuéstate; y si te llamare, dirás: Habla, Jehová, porque tu siervo oye. Así se fue Samuel, y se acostó en su lugar» (1 S. 3:9).
Sin embargo, su labor sacerdotal es principalmente recordada por su poca dirección espiritual para con sus hijos Ofni y Finees: «Pero Elí era muy viejo; y oía de todo lo que sus hijos hacían con todo Israel, y cómo dormían con las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo de reunión» (1 S. 2:22). Elí conocía perfectamente cómo y qué hacían sus hijos. En los versículos siguientes aparece la amonestación de Elí a sus hijos en (1 S. 2:23-25):
Y les dijo: ¿Por qué hacéis cosas semejantes? Porque yo oigo de todo este pueblo vuestros malos procederes. No, hijos míos, porque no es buena fama la que yo oigo; pues hacéis pecar al pueblo de Jehová. Si pecare el hombre contra el hombre, los jueces le juzgarán; mas si alguno pecare contra Jehová, ¿quién rogará por él? Pero ellos no oyeron la voz de su padre, porque Jehová había resuelto hacerlos morir.
Ante este acto de Elí los comentaristas tienen diferentes opiniones. Algunos piensan que Elí fue sincero en su reprimenda, pero que el asunto ya estaba resulto por Dios:
Cuando un hombre tiene queja contra otro, el asunto puede ser decidido por Dios mediante su representante, el juez (Sal 82:3), o por suerte sagrada en mano del sacerdote. Pero en un caso en el que Dios es el acusador, no puede haber arbitraje mediante una parte no interesada, y el crimen incurre en la venganza directa del cielo.[19]
Otros que Elí no fue eficaz en su reprimenda debido a su edad:
Se da la gran ancianidad de Elí como explicación parcial de su incapacidad para corregir la inmoralidad de sus hijos. (…) La admonición de Elí a sus hijos tiene que ver con el efecto de su conducta sobre otros –hacéis pecar al pueblo de Jehová (24)– y sus consecuencias para ellos mismos (25). La conducta inmoral –el pecado de un hombre contra otro– podía ser corregida en los tribunales; pero el pecado religioso contra Dios sólo podía ser vengado por Dios mismo.[20]
Y todo esta situación estaba bajo la providencia de Dios para levantar a Samuel y traer juicio a toda la casa de Elí:
A medida que el juicio se aproximaba a casa de Elí, la gracia de Dios se iba manifestando en el niño Samuel que ministraba en Silo, (v. 18-26), cuando mayor era la lasitud de Elí y la inmoralidad de sus hijos (v. 22-25), Dios mandó entonces a un profeta para anunciar el juicio sobre estos pecadores (v.23-26).[21]
El final de Elí y sus hijos fue recibir el juicio que Dios había anunciado departe de Samuel. Ese mismo día nace Icabod, que junto a su hermano Ahías siguieron ejerciendo como sacerdotes en Silo: «Y Ahías hijo de Ahitob, hermano de Icabod, hijo de Finees, hijo de Elí, sacerdote de Jehová en Silo, llevaba el efod; y no sabía el pueblo que Jonatán se hubiese ido» (1 S. 14:3).
El texto bíblico narra perfectamente el drama familiar acontecido en un mismo acto de Dios como juicio a la casa de Elí (1 S. 4:13-22):
Y cuando llegó, he aquí que Elí estaba sentado en una silla vigilando junto al camino, porque su corazón estaba temblando por causa del arca de Dios. Llegado, pues, aquel hombre a la ciudad, y dadas las nuevas, toda la ciudad gritó. Cuando Elí oyó el estruendo de la gritería, dijo: ¿Qué estruendo de alboroto es este? Y aquel hombre vino aprisa y dio las nuevas a Elí. Era ya Elí de edad de noventa y ocho años, y sus ojos se habían oscurecido, de modo que no podía ver. Dijo, pues, aquel hombre a Elí: Yo vengo de la batalla, he escapado hoy del combate. Y Elí dijo: ¿Qué ha acontecido, hijo mío? Y el mensajero respondió diciendo: Israel huyó delante de los filisteos, y también fue hecha gran mortandad en el pueblo; y también tus dos hijos, Ofni y Finees, fueron muertos, y el arca de Dios ha sido tomada. Y aconteció que cuando él hizo mención del arca de Dios, Elí cayó hacia atrás de la silla al lado de la puerta, y se desnucó y murió; porque era hombre viejo y pesado. Y había juzgado a Israel cuarenta años Y su nuera la mujer de Finees, que estaba encinta, cercana al alumbramiento, oyendo el rumor que el arca de Dios había sido tomada, y muertos su suegro y su marido, se inclinó y dio a luz; porque le sobrevinieron sus dolores de repente. Y al tiempo que moría, le decían las que estaban junto a ella: No tengas temor, porque has dado a luz un hijo. Mas ella no respondió, ni se dio por entendida. Y llamó al niño Icabod, diciendo: ¡Traspasada es la gloria de Israel! por haber sido tomada el arca de Dios, y por la muerte de su suegro y de su marido. Dijo, pues: Traspasada es la gloria de Israel; porque ha sido tomada el arca de Dios.
Este suceso de la muerte de Elí nos muestra el estado en el que se había llegado en el servicio a Dios, aunque su corazón parecía querer honrar a Dios:
La preocupación de Elí por el arca es patética. Estaba sentado…vigilando junto al camino (v. 13), aunque era ciego (v.15). (…) Soportó la noticia de la muerte de sus hijos, pero se desplomó al conocer la suerte del arca. El anciano sacerdote tenía muchas faltas, pero estaba profundamente preocupado por la ora de Dios.[22]
Algunos comentaristas abordan la narrativa del texto bíblico en el orden de importancia que cada uno de los acontecimientos tenían para el propio Elí:
Esto ilustra bien el estilo gradado del redactor bíblico. Los cuatro puntos –la huida de Israel, la masacre general, la muerte de los hijos de Elí, y la captura del arca– son presentados a Elí en orden de importancia creciente para el viejo sacerdote.[23]
CONCLUSIÓN
Aarón y Elí, junto a sus hijos, son representantes del ministerio sacerdotal que Dios instituyó para el pueblo de Israel. Un ministerio que simboliza el ministerio de Cristo para con su pueblo. Aarón y Elí vivieron en contextos muy diferentes ejerciendo su labor sumo sacerdotal. Aarón fue el primer sumo sacerdote de la historia del pueblo de Israel, que todavía no había conquistado la tierra; Elí fue un sumo sacerdote al final del tiempo de los jueces, en una época de decadencia del pueblo de Israel en la que no había guía espiritual.
Ambos, Aarón y Elí, no supieron transmitir la importancia de su llamado a sus hijos. La labor sumo sacerdotal era la de representar el temor a Dios y la consagración a Dios. Un llamamiento a una vida apartada. Sin embargo, ambas familias sacerdotales incurrieron en pecado y falta de temor de Dios. En el caso de Aarón, la situación parece más comprensible, debido a que era el primer cargo de sacerdocio y de sus cuatro hijos, sólo dos incurrieron en una falta grave contra Dios, revelando su propio corazón contra Dios y no necesariamente el de la labor de instrucción de su padre que, al igual que ellos, acababa de ser iniciado en este nuevo ministerio. Por eso, el final de Aarón es preservado por Dios delante del pueblo con ciertos honores y tranquilidad. Sin embargo, en el caso de Elí el propio testimonio de sacerdotes anteriores, o lo ocurrido con los hijos de Aarón, debía haber sido suficiente para evitar un comportamiento sistemático y pecaminoso de sus hijos en el propio tabernáculo de Dios. No parece que Elí haya hecho lo suficiente para encauzar a sus hijos y tampoco parece que, llegado el juicio de Dios, su corazón estuviese ocupado de sus propios hijos. Esto también es una advertencia de que el ministerio no debe ser transmitido por una casta familiar. Muchos de los problemas del sacerdocio se derivaban precisamente por este motivo. Dios no tiene nietos, tiene hijos. El intentar adorar y servir a un Dios desconocido implica riesgos terribles delante de Dios.
Como reflexión y aplicación personal de esta monografía es importante recordar que el llamado implica consagración y santidad. Jugar con Dios con fuego extraño implica juicio de Dios a quien ose hacerlo. Que el cansancio, la apatía y la costumbre, nos pueden llevar a olvidar nuestro llamado original y el temor de Dios acarreando consecuencias nefastas para nuestra propia vida. El sumo sacerdocio simboliza a Cristo, él pudo cumplir lo que los seres humanos no pudimos cumplir, por eso: «tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos; que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo» (He. 7:26-27).
BIBLIOGRAFÍA
«El libro de Levítico», en el módulo de estudios de Pentateuco y Libros Históricos de la Facultad de Teología AD, 35ª Edición. Córdoba: Facultad de Teología AD.
Henry, Matthew. Comentario Exegético-Devocional a toda la Biblia, El Pentateuco. Terrassa: Clie, 1983.
Kinlaw, Dennis F. Comentario Bíblico Beacon, Tomo I. Kansas: Casa Nazarena de Publicaciones, 1991.
Pfeiffer, Charles F. Comentario Bíblico Moody. Michigan: Editorial Portavoz, 1993.
Purkiser, W.T. Comentario Bíblico Beacon, Tomo II. Kansas: Casa Nazarena de Publicaciones, 1991.
Unger, Merrill F. Nuevo Manual Bíblico de Unger. Michigan: Publicaciones Portavoz, 1987.
[1] «El libro de Levítico», en el módulo de estudios de Pentateuco y Libros Históricos de la Facultad de Teología AD, 35ª Edición. Córdoba: Facultad de Teología AD, 8
[2] «El libro de Levítico», en el módulo de estudios de Pentateuco y Libros Históricos de la Facultad de Teología AD, 35ª Edición. Córdoba: Facultad de Teología AD, 8
[3] «El libro de Levítico», en el módulo de estudios de Pentateuco y Libros Históricos de la Facultad de Teología AD, 35ª Edición. Córdoba: Facultad de Teología AD, 13
[4] «El libro de Levítico», en el módulo de estudios de Pentateuco y Libros Históricos de la Facultad de Teología AD, 35ª Edición. Córdoba: Facultad de Teología AD, 10
[5] Merrill F. Unger, Nuevo Manual Bíblico de Unger (Michigan: Publicaciones Portavoz, 1987), 90
[6] Charles F. Pfeiffer, Comentario Bíblico Moody (Michigan: Editorial Portavoz, 1993), 277
[7] «El libro de Levítico», en el módulo de estudios de Pentateuco y Libros Históricos de la Facultad de Teología AD, 35ª Edición. Córdoba: Facultad de Teología AD, 10
[8] Charles F. Pfeiffer, Comentario Bíblico Moody (Michigan: Editorial Portavoz, 1993), 100
[9] Matthew Henry, Comentario Exegético-Devocional a toda la Biblia, El Pentateuco (Terrassa: Clie, 1983), 515
[10] Matthew Henry, Comentario Exegético-Devocional a toda la Biblia, El Pentateuco (Terrassa: Clie, 1983), 515
[11] Dennis F. Kinlaw, Comentario Bíblico Beacon, Tomo I (Kansas: Casa Nazarena de Publicaciones, 1991), 351
[12] Dennis F. Kinlaw, Comentario Bíblico Beacon, Tomo I (Kansas: Casa Nazarena de Publicaciones, 1991), 351
[13] Charles F. Pfeiffer, Comentario Bíblico Moody (Michigan: Editorial Portavoz, 1993), 279
[14] W.T. Purkiser, Comentario Bíblico Beacon, Tomo II (Kansas: Casa Nazarena de Publicaciones, 1991), 201
[15] Merrill F. Unger, Nuevo Manual Bíblico de Unger (Michigan: Publicaciones Portavoz, 1987), 144
[16] Matthew Henry, Comentario Exegético-Devocional a toda la Biblia, El Pentateuco (Terrassa: Clie, 1983), 698
[17] Charles F. Pfeiffer, Comentario Bíblico Moody (Michigan: Editorial Portavoz, 1993), 144
[18] Charles F. Pfeiffer, Comentario Bíblico Moody (Michigan: Editorial Portavoz, 1993), 145
[19] Charles F. Pfeiffer, Comentario Bíblico Moody (Michigan: Editorial Portavoz, 1993), 279
[20] W.T. Purkiser, Comentario Bíblico Beacon, Tomo II (Kansas: Casa Nazarena de Publicaciones, 1991), 205
[21] Merrill F. Unger, Nuevo Manual Bíblico de Unger (Michigan: Publicaciones Portavoz, 1987), 144
[22] W.T. Purkiser, Comentario Bíblico Beacon, Tomo II (Kansas: Casa Nazarena de Publicaciones, 1991), 212
[23] Charles F. Pfeiffer, Comentario Bíblico Moody (Michigan: Editorial Portavoz, 1993), 281