La cualificación del líder cristiano

INTRODUCCIÓN

En esta monografía realizaré una revisión expositiva de los diferentes aspectos y cualidades de un líder cristiano en base a la segunda epístola a Timoteo. Para ello, revisaré cada uno de los versículos de esta epístola agrupándolos en los cuatro ejemplos utilizados por el apóstol Pablo. Un líder cristiano debe ser: testigo de Cristo (2 Ti 1:3-18), soldado de Cristo (2 Ti 2:1-13), obrero de Cristo (2 Ti 2:14-26) y predicador de Cristo (2 Ti 4:1-8). Junto a esta exposición contrastaré diferentes autores que hacen referencia a estas características o cualidades de un líder cristiano.

Todos los textos bíblicos aportados son en la versión Reina-Valera de 1960 salvo que se indique lo contrario.

1. Testigo de Cristo

El apóstol Pablo comienza su segunda carta a Timoteo recordando que todo líder, ministro, siervo, enviado, o persona que realice alguna tarea en Dios y para Dios debe tener un llamado. Este llamado no puede ser otorgado ni aceptado por la voluntad de hombres, sino necesariamente por la voluntad de Dios: «Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios» (2 Ti 1:1a). En base a esta presentación, el apóstol desarrolla diferentes ejemplos y cualidades necesarias para el servicio legítimo al Dios que ha llamado a dicha persona.

«Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor» (2 Ti 1:8a). En lo primero que un líder cristiano debe cualificar es en ser testigo de Cristo. Este énfasis no solamente lo encontramos en la segunda carta de Pablo a Timoteo, sino que es una idea presentada por el propio Jesús en Hechos 1:8 como promesa a los discípulos después de la llenura del Espíritu Santo. El apóstol Pedro habla de «presentar defensa» (1 P 3:15,16) y el escritor de Hebreos recuerda a sus destinatarios, tras hablar de los héroes de la fe, que «teniendo tan grande nube de testigos» (He 12:1,2) el creyente es alentado a avanzar y «correr con paciencia la carrera que tiene por delante puestos los ojos en Jesús». Es decir, un correcto testigo de Cristo no usurpa la gloria a Dios, sino que el resultado de su testimonio es que los demás vean a Cristo, amen a Cristo y se acerquen a Cristo. Este testigo presenta las siguientes características:

1.1. El Espíritu de Cristo

«Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio» (2 Ti 1:7). Este es el Espíritu Santo en el creyente, el Espíritu que ungió a Jesús cumpliendo así el inicio de su llamamiento público (Lc 4:18-19), el mismo Espíritu que Jesús prometió a sus discípulos (Jn 14 y Jn 16) y que invistió de poder de lo alto a los discípulos (Hch 1:8). Este poder no solamente capacita al líder para obrar en la voluntad de Dios de forma sobrenatural, sino a padecer por causa del evangelio: «sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios» (2 Ti 1:8b). Por eso: «te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti» (2 Ti 1:6) y «guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros» (2 Ti 1:14).

1.2. El mensaje de Cristo

Pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio, del cual yo fui constituido predicador, apóstol y maestro de los gentiles.

En 2 Timoteo 1:10-11 el apóstol hace un repaso de cuál es el mensaje que tiene poder y es perseguido, este es el evangelio de Jesucristo. Todo líder anuncia a Cristo, predica el evangelio de Cristo y está dispuesto a padecer y sufrir por este mensaje.

1.3. Los padecimientos de Cristo

«Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día» (2 Ti 1:12). En otra ocasión el apóstol indica que sobre él tiene «las marcas del Señor Jesús» (Gá 6:17), y a los Filipenses les recuerda el honor de padecer por Cristo (Fil 1:29). Para ello Pedro advierte que nos «armemos del mismo pensamiento» (1 P 4:1,2). John Flavel advierte al creyente de guardar su corazón en los sufrimientos por la fe:

Sea cual sea el tipo o grado de nuestros sufrimientos, si son por causa de Cristo y del Evangelio, no escatimemos ninguna diligencia para guardar nuestro corazón (…) si valorásemos el nombre de Cristo tanto como los hombres impíos valoran sus propios nombres, no dejaríamos que el suyo fuese expuesto al desprecio de esta manera.[1]

Cualquier testigo de Cristo podrá decir legítimamente que sirve a Dios con «limpia conciencia» (2 Ti 1:3), que es la manera en la que Pablo introduce esta cualidad. Para poder hablar en estos términos el líder cristiano debe saber a quién sirve no a qué:

Obsérvese que el apóstol usa a quién y no tanto «qué» en su testimonio. No se trataba de una confesión de simple aceptación de una idea, sino de amor y lealtad a una Persona.[2]

2. Soldado de Cristo

«Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo» (2 Ti 2:3). No es la única ocasión en las que el apóstol Pablo compara la vida cristiana y la fe con una guerra o un ámbito militar. En su carta a los Efesios equipa al creyente de la «armadura de Dios» (Ef 6:10-20). En su segunda carta a los Corintios recuerda qué tipo de lucha espiritual tiene el creyente (2 Co 10 3-5). En esta ocasión el apóstol refleja diferentes características que todo líder cristiano debe reflejar, al igual que un buen soldado:

2.1. Compartir las tareas

«Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros» (2 Ti 2:2). Un soldado no lucha de forma individual o caótica, sino coordinado y en cooperación para un mismo propósito.

2.2. Trabajar de todo corazón

«Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado» (2 Ti 2:4), junto a este ejemplo Pablo toma a un atleta y a un agricultor. En todos ellos hay algo en común, desempeñan su tarea de forma legítima, con un corazón dispuesto y acorde a lo que han sido encomendados.

En el campo de batalla el soldado tiene un solo propósito, a saber, satisfacer al oficial que lo contrató. De igual modo, Timoteo—y en cuanto a esto, todo ministro—debe comprender que su elevada tarea le «exige su alma, su vida, su todo». Una santa pasión debe llenar su ser. Debe dedicarse completamente al Señor que lo designó («contrató») y que lo capacitó para su tarea.[3]

Si el corazón del líder está bajo el propósito de agradar a Dios será posible decir: «por tanto, todo lo soporto por amor de los escogidos, para que ellos también obtengan la salvación que es en Cristo Jesús con gloria eterna» (2 Ti 2:10).

3. Obrero de Cristo

«Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad» (2 Ti 2:15). Jesús nos advierte que debemos orar para que Dios «envíe obreros a su mies» (Mt 9:38). ¿Qué características tiene un obrero de la mies del Señor?

3.1. No contencioso

El consejo de Pablo es claro: «mas evita profanas y vanas palabrerías, porque conducirán más y más a la impiedad» (2 Ti 2:16) y «desecha las cuestiones necias e insensatas, sabiendo que engendran contiendas» (2 Ti 2:23). El obrero de Cristo defiende la verdad, cree en la verdad y vive en la verdad, pero a la hora de enfrentar la mentira y el engaño:

El siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él.

2 Timoteo 2:24-26 expresa la actitud de un siervo (obrero) del Señor. No es importante solamente lo que dice, sino cómo lo dice para guardar buen testimonio de la verdad.

Nótese cuán a menudo el apóstol advierte contra los debates en la religión; lo cual demuestra con seguridad que la religión consiste más en creer y practicar lo que Dios requiere que en disputas sutiles. Son ineptos para enseñar los que son dados a esforzarse, y son fieros y osados. Enseñanza, no persecución, tal es el método de las Escrituras para tratar a los que están en error.[4]

3.2. Limpio para su obra

«Pero en una casa grande, no solamente hay utensilios de oro y de plata, sino también de madera y de barro» (2 Ti 2:20a). La diferencia principal de un líder cristiano es su vida, no sus palabras. Por eso Pablo advierte a Timoteo: «si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra» (2 Ti 2:21), «apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo» (2 Ti 2:19b) y «huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor» (2 Ti 2:22).

4. Predicador de Cristo

Pablo comienza el último capítulo que escribió en su ministerio y vida de la siguiente manera, 2 Timoteo 4:1-2:

Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina.

En último término, un líder cristiano que es testigo, soldado y obrero de Jesucristo es, por lo tanto, un predicador del evangelio de Jesucristo; con su vida y también con su boca. Desde el principio de la iglesia se levantaron todo tipo de doctrinas y falsas enseñanzas que debían ser combatidas. En una de sus primeras cartas Pablo amonesta a los Gálatas por haberse alejado del único y verdadero evangelio (Gá 1:6-10). Ahora advierte del futuro de la iglesia, donde «no sufrirán la sana doctrina» (2 Ti 4:3) y «apartarán de la verdad el oído» (2 Ti 4:4a). A pesar de estas dificultades, el líder cristiano debe ser: «sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio» (2 Ti 4:5). En su despedida a Timoteo el apóstol recuerda cómo se presentará ante su Señor todo verdadero líder cristiano (2 Ti 4:7-8). Esta despedida no suena a derrota, sino a victoria en Cristo:

Tenemos aquí un sentido canto de victoria, por medio del cual el veterano apóstol, con un corazón lleno de gratitud profunda a su Señor, mira atrás a su larga y accidentada carrera en el ministerio del Evangelio y se goza porque sabe que ya toca a su fin. Hay una diferencia notable entre lo que expresa aquí acerca de su partida y lo que escribió en circunstancias parecidas en Fil. 1:20-24, unos seis o siete años antes. Entonces, estaba dispuesto a partir, pero no estaba del todo tranquilo porque creía que todavía le quedaba mucho que hacer, y así se expresaba, pero ahora es diferente. Está convencido –quizá por una intuición inspirada por el Espíritu o una revelación directa- que ha llegado el momento de «soltar las amarras».[5]

CONCLUSIÓN

El liderazgo en las Escrituras en un asunto muy serio. En este tiempo moderno se llega a frivolizar con el significado de siervo, o pastor y, en muchos casos, la palabra líder es usada como un pretexto de las demandas que alguien en ese cargo ostenta en lugar de las cargas que esa posición requiere. Sin embargo, en su última epístola escrita, el apóstol Pablo indica un camino muy diferente para el verdadero líder cristiano.

El desafío para el liderazgo en España es el desafío que el apóstol Pablo planteó a su discípulo Timoteo. ¿Qué es ser un verdadero líder cristiano? El apóstol no habla de respeto de los hombres, ni grandes privilegios, ni fama, ni popularidad. Él mismo está escribiendo desde una cárcel pronto a ser muerto como mártir. Sin embargo, Pablo pone en valor a Timoteo lo que significa ser un verdadero líder cristiano: Ser testigo de Cristo, ser soldado de Cristo, ser obrero de Cristo y ser predicador de Cristo. Estos cuatro ejemplos u oficios muestran el corazón de un verdadero líder. El secularismo, la tentación de agradar a los hombres más que a Dios, la preocupación por tener iglesias llenas en lugar de iglesias en las que se predique a Cristo, la teología liberal, el relajamiento en la sana doctrina, los movimientos emocionalistas y de evangelio de la prosperidad, están afectando a la iglesia en España y al liderazgo de dichas iglesias. El cierre del apóstol es claro: ninguna persona al servicio se presentará delante de los hombres, sino delante del «juez justo», que aplicará su justicia de manera legítima y que pesará en balanza la vida de sus siervos.

El liderazgo en España debe recuperar los requisitos que se requieren para servir a Dios (1 Ti 3, Tit 1), debe recuperar el sentido real del servicio a Dios y basar su ministerio y llamado en la exaltación y proclamación de Cristo. A cualquier precio, a cualquier oposición, a cualquier etiqueta. Pablo exhorta a Timoteo: «retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús» (2 Ti 1:13), esto es el evangelio de Jesucristo. La iglesia en España no necesita más tecnología, ni pintarse de negro, ni más redes sociales, ni mejor economía, ni más personas con un sueldo, ni más recursos. Lo que la iglesia en España necesita es el Espíritu de Cristo en cada creyente y en cada líder, la proclamación viva y práctica del evangelio de Jesucristo.

BIBLIOGRAFÍA

Flavel, John. Guardando el corazón. California: Smashwords, 2017.

Glenn, Gould J. Comentario Bíblico Beacon, Tomo IX. Kansas: Casa Nazarena de Publicaciones, 1991.

Hendriksen, William. Comentario al Nuevo Testamento: 1 y 2 Timoteo y Tito. Michigan: Libros Desafío, 2006.

Henry, Matthew. Comentario de la Biblia Matthew Henry. Florida: Editorial Unilit, 1990.

Wickham, Terence-Pablo. Comentario expositivo del Nuevo Testamento. Barcelona: Editorial Clie, 2013.

[1] John Flavel, Guardando el corazón (España: Smashwords, 2017), 75

[2] J. Glenn Gould, Comentario Bíblico Beacon, Tomo IX (Kansas: Casa Nazarena de Publicaciones, 1991), 670

[3] William Hendriksen, Comentario al Nuevo Testamento: 1 y 2 Timoteo y Tito (Michigan: Libros Desafío, 2006), 196-197

[4] Matthew Henry, Comentario de la Biblia Matthew Henry (Florida: Editorial Unilit, 1990, versión PDF), 1025

[5] Terence-Pablo Wickham, Comentario expositivo del Nuevo Testamento (Barcelona: Editorial Clie, 2013, versión PDF), 3463

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