El pecado de homosexualidad
INTRODUCCIÓN
En este ensayo trataré acerca del pecado de la homosexualidad desde una perspectiva bíblica, demostrando su importancia, no solamente desde un punto de vista de la hamartiología, sino de la antropología cristiana.
Para ello expondré bíblicamente los pasajes bíblicos que advierten la creación del ser humano y el propósito original de Dios para él, la clara condena de Dios del pecado de homosexualidad tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento y responderé a las principales objeciones liberales actuales que pretenden cuestionar la pecaminosidad de la homosexualidad en las Escrituras. Tras este repaso bíblico concluiré con los dos motivos por los que la homosexualidad no debe ser considerado un pecado más actualmente para los creyentes.
Todos los textos bíblicos aportados son en la versión Reina-Valera de 1960 salvo que se indique lo contrario.
1. Un asunto hamartiológico y antropológico
Para poder explicar bíblicamente el pecado de la homosexualidad no sólo se tiene que abordar desde un punto de vista de la hamartiológico, sino primeramente desde un punto de vista antropológico.
1.1. Creación del hombre
Es en la creación del ser humano donde Dios nos presenta cómo creó al ser humano en Génesis 1:26-27:
Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.
Desde el principio las Escrituras muestran que el ser humano fue creado con dos sexos diferentes: «varón y hembra los creó». No sólo varón, no solamente hembra, no más sexos posibles a estos dos. Además, las Escrituras nos muestran por qué Dios creo estos dos sexos: «Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él» (Gn 2:18). Es decir, los dos sexos (varón y hembra) se complementan, se necesitan mutuamente, porque «no es bueno que el hombre esté sólo». Es interesante que la palabra usada aquí en hebreo original para hombre es adám (H120), que es la utilizada para ser humano, y no zakár (H2142) que se utiliza para varón o sexo masculino. Es decir, el ser humano debe estar en compañía y necesita «ayuda idónea» y esa compañía y ayuda idónea es por medio de el «varón»: zakár (H2142) y la «hembra»: nequebá (H5344). Por lo tanto, no son ayuda idónea una unión o pareja de dos varones o de dos hembras mutuamente porque no cumplen ese rol.
1.2. Mandato de Dios
El motivo por el que esta ayuda entre el hombre y la mujer es idónea es el propósito por el cual Dios los crea:
Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer. Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue así. Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto.
Una parte fundamental del propósito del ser humano es «fructificad y multiplicaos; llenad la tierra» quedando clara la necesidad biológica de dos sexos que aporten su simiente (esperma y óvulo) para procrear. No es posible que dos hombres o dos mujeres procreen por sí mismos: «El sexo como hombre o mujer es una categoría binaria objetiva que describe la clasificación reproductiva del cuerpo»[1]. Por lo tanto, el pecado de homosexualidad, no solamente una desobediencia o pasión carnal contraria a la voluntad de Dios, sino un atentado contra su propia creación y propósito original.
2. Condena del pecado de homosexualidad en la Biblia
2.1. En el Antiguo Testamento
Dios condena el pecado de homosexualidad desde el principio de la historia del ser humano. No solamente en la ley del pueblo de Israel sino desde antes.
2.1.1. Antes de la ley mosaica
El pecado que provoca el juicio de Dios contra Sodoma y Gomorra, en la época de Abraham y Lot (antes de la ley) es claro bíblicamente: «como Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquellos, habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza, fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno» (Jud 1:7). Esto es evidente en el propio relato del Antiguo Testamento cuando los dos ángeles que vienen a juzgar la ciudad llegan a casa de Lot en Génesis 19:5-7:
Y llamaron a Lot, y le dijeron: ¿Dónde están los varones que vinieron a ti esta noche? Sácalos, para que los conozcamos. Entonces Lot salió a ellos a la puerta, y cerró la puerta tras sí, y dijo: Os ruego, hermanos míos, que no hagáis tal maldad.
2.1.2. En la ley mosaica
En dos ocasiones Dios condena claramente la homosexualidad como parte de sus preceptos al pueblo de Israel: «No te echarás con varón como con mujer; es abominación» (Lv 18:22) y «Si alguno se ayuntare con varón como con mujer, abominación hicieron; ambos han de ser muertos; sobre ellos será su sangre» (Lv 20:13). No hay duda de que Dios no aprueba el pecado de homosexualidad y su castigo es similar a otros pecados de la carne como la fornicación o el adulterio. Tienen el mismo tratamiento.
2.2. En el Nuevo Testamento
En el Nuevo Testamento este tratamiento no es diferente. El apóstol Pablo en Romanos 1:26-27 escribe:
Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío.
Respecto a este pasaje Greathouse comenta:
Es obvio que Pablo se refiere aquí a la homosexualidad, la cual troca el uso natural del sexo con ese uso que es “contra naturaleza”. El sexo es el don que Dios le ha dado a la humanidad para la preservación y la multiplicación de la raza (Gn 1:27-28, 31) y para la realización personal dentro del matrimonio monógamo (Gn 2:18-24, 1 Co 7:1-7). La homosexualidad es una perversión nauseabunda y patética de este don sagrado y hermoso (1 Co 6:9-10).[2]
A la iglesia en Corinto Pablo escribe: «¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones» (1 Co 6:9) y en 1 Timoteo 1:9-10:
Conociendo esto, que la ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas, para los fornicarios, para los sodomitas, para los secuestradores, para los mentirosos y perjuros, y para cuanto se oponga a la sana doctrina.
En ambos casos, Pablo aglutina el pecado de homosexualidad con el resto de los pecados sexuales del ser humano. Esta advertencia de Pablo no es para no creyentes, sino para creyentes, tal y como expresa Gordon Fee:
Algunos sistemas teológicos encuentran grandes dificultades con este tipo de advertencias, y dan a entender que son esencialmente hipotéticas porque los hijos de dios no pueden ser “desheredados”. Pero una teología así no logra tomar en serio la verdadera tensión de textos como éste. La advertencia es real; los malvados no heredarán el reino de los cielos. (…) De no ser así, entonces la advertencia no sería advertencia.[3]
3. Respuesta bíblica a posibles objeciones
A pesar de estos textos bíblicos, en la actualidad hay una corriente liberal que pretende reconciliar la fe cristiana con la práctica homosexual. En diferentes confesiones, como la anglicana de los Estados Unidos, se permite a los obispos declarar abiertamente su homosexualidad y casarse. Como en el caso del obispo Gene Robinson: «Gene Robinson y su pareja, Mark Andrew, 19 años mayor que él, legalizaron su unión en una ceremonia a la que asistieron alrededor de 120 invitados, según anunció la Diócesis de la Iglesia Episcopaliana de ese estado».[4] Algunas de estas confesiones liberales intentan explicar que los textos habitualmente aportados de la Biblia que condenan la homosexualidad no están vigentes.
3.1. Objeción a la ley de Moisés
En el caso del Antiguo Testamento objetan que la ley mosaica es sobre los judíos y ya no está vigente, pero ha quedado demostrado bíblicamente que Sodoma y Gomorra fueron juzgados por Dios antes de la ley, por lo tanto, la condena de Dios ante este pecado es anterior a la ley. Además, Dios establece al hombre y mujer para que ambos cumplan la reproducción de la propia especie humana desde antes de la ley.
3.2. Objeción por el caso de David y Jonathan
Hay escritores que plantean la relación de David y Jonathan como sexual, como el historiador católico John Boswell escribe en su libro Cristianismo, Tolerancia Social y Homosexualidad publicado en 1980. En él Boswell cita el texto: «Angustia tengo por ti, hermano mío Jonatán, Que me fuiste muy dulce. Más maravilloso me fue tu amor Que el amor de las mujeres» (2 S 1:26). Tomar este texto para argumentar la homosexualidad de David y Jonathan es ignorar el resto del relato bíblico. La Biblia no niega el amor fraternal entre varones, ni la amistad íntima entre varones (Jn 15:13). De hecho, los vínculos entre hombres durante épocas de crisis, guerra y violencia son habituales a lo largo de la historia. Bajo este pretexto se podría argumentar que cada carta de amor fraternal o intimidad entre hombres y compañeros de guerra demuestra su homosexualidad en el frente de batalla, por ejemplo.
3.3. Objeción a los textos de Pablo
En el caso de los textos de Pablo, se alude a que el apóstol apunta a la pederastia y no a la relación consensuada entre dos adultos. Esto no tiene valor exegético ya que el griego original incluye malakós (G3120) que se traduce como delicado o afeminado, y que es una expresión utilizada en un contexto greco-romano de un varón que ejercía prostitución siendo la parte sumisa en el acto sexual. Además, que este adjetivo precede a arsenokoítes (G733) traducido como sodomita, palabra que vincula dos términos griegos simples: hombre y cama. El caso del texto de Romanos es todavía más claro, donde el apóstol habla de que este pecado es «contra la naturaleza»: fúsis (G5449) siendo esto un acto de deshonra o vergüenza: atimía (G819), el cual cometen «hombres con hombres», esto entre arren (G730) que significa literalmente varón, hombre, persona de sexo masculino.
3.4. Objeción al silencio de Jesús
También se ha objetado que Jesús no expresa en ningún momento una condena clara y abierta contra el pecado de homosexualidad. El periodista Will Oremus escribió en la revista Slate al respecto: «Nunca en la Biblia el propio Jesús ofrece una prohibición explícita de la homosexualidad».[5] Este argumento carece de valor real ya que sería absurdo pretender que Jesús detallase cada uno de los pecados que son pecados para Dios y que, al no hacerlo, está rebajando esos pecados como menores o sin castigo divino. Pero, además, esto no es cierto. Jesús dijo: «No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir» (Mt 5:17) y «en la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos. Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen» (Mt 23:2). Esto es una muestra clara de la conformidad de Jesús a la ley mosaica siendo vigente en su contexto la condena de la homosexualidad. Por último, Jesús fue preguntado por el divorcio entre el hombre y la mujer y su argumento fue: «¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne?» (Mt 19:4-5). Es decir, que el tratamiento del pecado de homosexualidad debiera, al menos, ser entendido a la luz de las palabras de Jesús al mismo rango que el de fornicación. Tal y como comenta Denny Burk:
Jesús afirmó la unión pactada de un hombre y una mujer como la única expresión normativa de la sexualidad humana. Es increíble que haya quienes sugieren que estas palabras de Jesús no tienen nada que ver con la cuestión de la homosexualidad. Seguro que tienen que ver.[6]
4. La homosexualidad no es un pecado cualquiera
Hay dos motivos principales para apoyar tal afirmación en la actualidad frente al pecado de la homosexualidad:
4.1. Pecado contra cuerpo
Porque el pecado de homosexualidad es considerado un pecado sexual en las Escrituras. Está en el mismo rango que otros pecados como lujuria, fornicación, adulterio, etc. Su tratamiento está especificado en 1 Corintios 6:12-20, donde Pablo advierte que el que peca sexualmente «contra su propio cuerpo peca» (1 Co 6:18b):
Este tipo de pecados son muy graves para los creyentes, porque se está haciendo mal uso del cuerpo del Señor en la persona del creyente, y porque el cuerpo es templo del Espíritu Santo.[7]
4.2. El pecado negado
Porque, a diferencia que otros pecados sexuales, el pecado de homosexualidad pretende negarse como pecado en la actualidad. La influencia secular, la presión del movimiento LGTB y la inconsistencia bíblica de la iglesia nominal, son un claro caldo de cultivo para poder permitir o tolerar el pecado de la homosexualidad. La Biblia advierte: «¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!» (Is 5:20). El primer paso necesario para poder ser libres del pecado es reconocer que lo es, confesarlo y arrepentirse delante de Dios. No se debe ignorar o rebajar la realidad que vive nuestra sociedad. Por eso, ciertos pecados como el de homosexualidad deben ser expuestos bíblicamente. No por que Dios odie más la homosexualidad que la mentira, o que el orgullo, sino porque la sociedad utiliza este pecado como un arma para pervertir la Biblia, conformar la Iglesia al mundo y cuestionar nuestra fe: «Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad» (1 Jn 1:9).
CONCLUSIÓN
La homosexualidad es un pecado condenado por Dios en las Escrituras. Tanto el Antiguo como Nuevo Testamento nos advierten de dicho pecado y, desde el principio, Dios nos revela que su propósito para el hombre (varón) y mujer (hembra) no es practicar, ni vivir bajo este pecado sexual, que desobedece la voluntad de Dios y que es contra naturaleza.
Pese a los intentos modernos y liberales de congeniar las Escrituras con la homosexualidad, no hay ninguna base o fundamento bíblico que respalde que Dios apruebe la homosexualidad o que esta práctica no sea considerada un pecado grave, dentro del marco de los pecados sexuales y contra el propio cuerpo. La mayoría de estos argumentos no reflejan un rigor bíblico ni ningún interés por tomarse la Biblia como la Palabra de Dios, sino más bien conformar los textos bíblicos a un pretexto: la homosexualidad no es pecado, rompiendo así con todos los principios hermenéuticos de interpretación bíblica.
El pecado de homosexualidad no es un pecado más actualmente, ya que no solamente es un pecado contra nuestro propio cuerpo, sino que es un punto de conflicto claro entre el cristianismo y la sociedad, que pretende evitar que sea considerado o llamado pecado. Por eso es tan importante que los creyentes y el pueblo de Dios seamos claros, intencionales y respetuosos a la hora de abordar este tema, sin negar las Escrituras y entendiendo que, al igual que con el resto de pecados que un ser humano cometa, hay esperanza en Cristo: «mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia» (Ro 5:20b)
BIBLIOGRAFÍA
«Características y Naturaleza del Pecado». En el módulo de estudios de Angelología, Antropología y Hamartiología de la Facultad de Teología AD, 35ª Edición. Córdoba: Facultad de Teología AD.
Burk, Denny. «¿Qué enseñó Jesús sobre la homosexualidad?». Coalición por el Evangelio. Publicado el 16 de junio de 2023. Acceso el 02 de febrero de 2024. https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/jesus-sobre-homosexualidad/
Fee, Gordon. Primera Epístola a los Corintios. Michigan: Nueva Creación, 1994.
Greathouse, William M. Comentario Bíblico Beacon, Tomo VIII. Kansas: Casa Nazarena de Publicacio-nes, 1991.
Oremus, Will. «Espera, ¿era Jesús un homófobo?». Slate. Publicado el 09 de abril de 2012. Acceso el 02 de febrero de 2024. https://slate.com/news-and-politics/2012/04/was-jesus-a-homophobe-how-jews-and-early-christians-felt-about-homosexuality.html
Protestante Digital. «El primer obispo gay de la Iglesia Episcopaliana de EEUU se casa por lo civil». Publicado el 08 de junio de 2008. Acceso el 01 de febrero de 2024. https://protestantedigital.com/print/21508/El_primer_obispo_gay_de_la_Iglesia_Episcopaliana_de_EEUU_se_casa_por_lo_civil
Yuan, Christopher. «Ensayo sobre la identidad de género y orientación sexual». Coalición por el Evangelio Acceso el 01 de febrero. https://www.coalicionporelevangelio.org/ensayo/identidad-genero-orientacion-sexual/
[1] Christopher Yuan, «Ensayo sobre la identidad de género y orientación sexual», Coalición por el Evangelio, acceso el 01 de febrero, https://www.coalicionporelevangelio.org/ensayo/identidad-genero-orientacion-sexual/
[2] William M. Greathouse, Comentario Bíblico Beacon, Tomo VIII (Kansas: Casa Nazarena de Publicaciones, 1991), 60
[3] Gordon Fee, Primera Epístola a los Corintios (Michigan: Nueva Creación, 1994), 275
[4] «El primer obispo gay de la Iglesia Episcopaliana de EEUU se casa por lo civil», Protestante Digital, publicado el 08 de junio de 2008, acceso el 01 de febrero de 2024, https://protestantedigital.com/print/21508/El_primer_obispo_gay_de_la_Iglesia_Episcopaliana_de_EEUU_se_casa_por_lo_civil
[5] Will Oremus, «Espera, ¿era Jesús un homófobo?», Slate, publicado el 09 de abril de 2012, acceso el 02 de febrero de 2024, https://slate.com/news-and-politics/2012/04/was-jesus-a-homophobe-how-jews-and-early-christians-felt-about-homosexuality.html
[6] Denny Burk, «¿Qué enseñó Jesús sobre la homosexualidad?», Coalición por el Evangelio, publicado el 16 de junio de 2023, acceso el 02 de febrero de 2024, https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/jesus-sobre-homosexualidad/
[7] «Características y Naturaleza del Pecado» en el módulo de estudios de Angelología, Antropología y Hamartiología de la Facultad de Teología AD, 35ª Edición. Córdoba: Facultad de Teología AD, 8