Filemón: el quinto capítulo de Colosenses

INTRODUCCIÓN

En este trabajo de investigación he abordado la epístola en prisión de Pablo a Filemón desde un punto de vista doctrinal. Es decir, en lugar de valorar dicha carta desde un punto de vista personal o íntimo por parte de Pablo para con el caso de Onésimo y Filemón, he querido investigar la epístola a Filemón revisando las diferentes doctrinas presentes en dicha carta que armonizan con el resto de las cartas que Pablo realizó en su encarcelamiento, especialmente la de Colosenses, puesto que Filemón era un creyente de esa iglesia. Para ello, he realizado una revisión breve del contexto que lleva a Pablo a escribir esta carta personal a Filemón, y cómo en ella el apóstol aplica de forma práctica su teología presente en todas sus cartas de prisión en su consejo y ruego a Filemón por medio de las siguientes doctrinas: (1) defensa de la supremacía de Cristo, (2) la unión con Cristo del creyente, (3) la vida práctica y piadosa del creyente.

Todos los textos utilizados en este trabajo son en la versión Reina-Valera de 1960 salvo que se indique lo contrario.

1. Contexto de la epístola

1.1. El caso de Filemón y Onésimo

El conflicto entre Filemón y Onésimo debe entenderse como un asunto legal entre un amo y un esclavo durante la época del Imperio Romano en el primer siglo. El caso se nos presenta como el de un esclavo (Onésimo) que ha huido de la casa de su señor (Filemón) por algún motivo o causa, probablemente por haber producido algún daño económico o material debido a su negligencia, pereza o incluso malicia. Estos casos eran mucho más comunes de lo que hoy podríamos llegar a imaginar, ya que «hasta 1 de cada 3 habitantes de Italia o 1 de cada 5 en todo el imperio eran esclavos y sobre esta base».[1] Si bien no hay muchos detalles en la epístola sobre el caso en sí, como, por ejemplo, cuál fue el motivo del agravio de Onésimo para con Filemón para acabar huyendo de su amo Filemón; sí sabemos tres sucesos claros por medio de la epístola: (1) Onésimo había agraviado a su amo Filemón siéndole «inútil» (Flm 1:11) y no haciendo honor a su nombre, puesto que Onésimo significa útil. (2) Que Onésimo no solamente se había encontrado con Pablo, sino que Dios había usado ha Pablo para que conociese el evangelio (Flm 1:10). (3) Que Onésimo había sido provechoso para Pablo desde su conversión, pero el apóstol considera necesario que haya una verdadera reconciliación entre el nuevo creyente Onésimo y su amo Filemón (Flm 1:14).

1.2. La intervención de Pablo

En todo este proceso el «anciano, y ahora, además, prisionero» (Flm 1:9) apóstol Pablo media en dicho conflicto para que haya una resolución favorable entre estos dos cristianos. Puesto que entiende que los agravios y faltas de Onésimo para con Filemón son anteriores a su nueva fe en Jesucristo y que su arrepentimiento será sincero para con su amo, pero del mismo modo quiere preparar el corazón de Filemón para que reciba de forma adecuada a su esclavo. En este sentido la epístola de Pablo a Filemón siempre se ha valorado como «personal»[2] y pastoral, que lo es, pero no se debe ignorar su profundidad doctrinal latente en la petición de Pablo a Filemón.

1.3. Relación de la epístola de Filemón y Colosenses

La epístola a Filemón de Pablo sirve como complemento práctico y aplicación del apóstol de la carta a los Colosenses. La evidencia bíblica de que Filemón y Onésimo eran naturales de Colosas se encuentra en Colosenses 4:9: «Onésimo, amado y fiel hermano, que es uno de vosotros» donde Pablo menciona por primera vez a Onésimo como creyente y natural de esa iglesia. Esto se confirma cuando manda saludos de «Epafras, el cual es uno de vosotros» (Col 4:12), el cual vuelve a mencionar en su carta a Filemón: «Te saludan Epafras, mi compañero de prisiones por Cristo Jesús» (Flm 1:23), la cual se reunía muy probablemente en casa de Filemón (Flm 1:2), aunque el pastor de dicha congregación era Arquipo (Col 4:17; Flm 1:2). Este es el motivo de que la carta a Filemón sea corta. No solamente porque es dirigida principalmente a una persona en particular, sino porque Pablo ya ha presentado sus argumentaciones doctrinales en su carta general a la iglesia de Colosas. Con lo cual, no es necesario que repita los mismos principios teológicos y consejos ya desarrollados en Colosenses, si bien están presidiendo toda la carta a Filemón. Dicho esto, Pablo no está tratando este asunto de forma íntima. Al incluir testigos y nombrar más personas en su carta a Filemón muestra que «aunque la carta es personal y está dirigida a Filemón, también está dirigida a toda la iglesia (de Colosas), puesto que el problema es ambas cosas, público y privado».[3] En este sentido, no he sido el primero en sugerir dicha asociación entre Filemón y Colosenses, pues desde el reformador John Knox hasta los Edgar J. Goodspeed y William Hendriksen se han planteado dicha unión entre ambas epístolas. De hecho, Hendriksen comenta que Herman Baker «sugirió que Colosenses y Filemón sean tratados en un solo volumen»[4] ya que «estas dos cartas, una escrita a la iglesia y la otra escrita principalmente a una familia de esa iglesia, no deben separarse».[5] Adam Clarke comenta la posibilidad de que ambas cartas fuesen escritas en el mismo tiempo ya que Onésimo es el portador de ambas «No se debe olvidar que Onésimo, el portador de la epístola, fue uno de los portadores de la Epístola a los Colosenses (Col 4:9)».[6] Por lo tanto, si tomamos Colosenses y Filemón como un todo se puede evidenciar no solo nombres y contexto en común en ambas epístolas, sino como muchas de las doctrinas de Pablo en su carta general a la iglesia presiden su carta particular a Filemón y su hogar como parte de dicha iglesia local.

2. La supremacía de Cristo

2.1. La conversión de Onésimo

El primer hecho que se debe destacar en la epístola a Filemón es el aviso que da el apóstol Pablo a Filemón de que algo ha ocurrido en la vida de su esclavo Onésimo. Ese esclavo rebelde y fugitivo de su amo, probablemente por haberlo damnificado en algún asunto material por su mala conducta (Flm 1:18), ahora debe ser tratado por Filemón como un «hermano amado» (Flm 1:15). No es de extrañar que Pablo inicie su muestra de afecto a Filemón recordándole: «para que la participación de tu fe sea eficaz en el conocimiento de todo el bien que está en vosotros por Cristo Jesús» (Flm 1:6), que se complementa con lo dicho en Colosenses 2:2 y 3:1-4. Si Filemón busca «las cosas de arriba» (Col 3:1) no verá como imposible esta petición de Pablo. En este sentido, uno de los grandes versículos de Pablo en Colosenses se hace presente para Onésimo: «anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz» (Col 2:14). Si Dios no acusa a Onésimo pues su deuda ha sido saldada, y si el apóstol tampoco lo hace, Filemón no debe hacerlo. Con todo, el apóstol primero pide: «recíbele como a mí mismo» (Flm 1:12), y después garantiza saldar la deuda que existiese entre el esclavo y su señor: «de mi mano, yo lo pagaré» (Flm 1:19). ¿No es esta una clara muestra de la mediación de Cristo por su iglesia? ¿De qué manera más práctica y vívida podría el apóstol representar el oficio de Mediador de Cristo por el pecador que garantizando el pago ante la justicia contra el esclavo Onésimo más que diciendo: «yo pagaré» y «recíbele como a mí mismo»? Toda la fuerza del evangelio y la supremacía de Cristo se ven ejemplificadas con estas dos afirmaciones de Pablo ante Filemón, siendo el propio evangelio en las expresiones de Pablo el que habla al corazón de este amo creyente que se sabe justificado en Cristo y que debe aceptar la vía de la reconciliación para con Onésimo.

2.2. La reconciliación en Cristo

El ministerio de la reconciliación de Cristo es una de las doctrinas fundamentales presentes en Colosenses: «por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz» (Col 1:19-20). Esta doctrina se aplica directamente en la carta de Filemón. Pablo menciona no solamente a Filemón en esta carta, sino a «la amada hermana Apia» (Flm 1:2), a Arquipo (Flm 1:2), probablemente el responsable o pastor de la congregación actualmente, «a la iglesia que está en tu casa» (Flm 1:2), a Epafras (Flm 1:23), fundador de dicha iglesia en Colosas, y colaboradores suyos como Timoteo (Flm 1:1) o los evangelistas Marcos y Lucas (Flm 1:24). ¿Qué une a todas estas personas más que el haber sido reconciliadas en Cristo?: «Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado» (Col 1:21). Por eso, el apóstol cierra su epístola a Filemón orando: que «la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu. Amén» (Flm 1:25). Pues la garantía de que esta carta será leída, recibida, aceptada y puesta por obra es que el espíritu de Cristo que está en cada uno de ellos obre reconciliando en él todas las cosas. Pues este espíritu de reconciliación no solo permite unir a personas tan diferentes en una iglesia como la de Colosas, o en una cárcel junto a Pablo, sino que los une espiritualmente a distancia. Estando Pablo mismo presente cuando Onésimo lleve la carta a Filemón: «Porque aunque estoy ausente en cuerpo, no obstante en espíritu estoy con vosotros, gozándome y mirando vuestro buen orden y la firmeza de vuestra fe en Cristo» (Col 2:5).

2.3. La providencia y la gracia de Dios

Si bien Pablo no decide detallar cómo fue su encuentro con Onésimo, la realidad es que podemos ver cómo Dios en su providencia guío esta huida del esclavo para tener un encuentro con Cristo. La distancia entre Colosas y Roma, o Colosas y Cesarea Marítima, es demasiado lejana como para pensar que la providencia de Dios para la conversión de Onésimo por medio del apóstol Pablo no ha jugado un papel crucial en toda esta historia. Con razón el apóstol señala a los colosenses como «escogidos de Dios» (Col 3:12). El apóstol da testimonio de cómo Dios había tenido misericordia de Onésimo, el cual había sido engendrado durante la prisión de Pablo (Flm 1:10). Al igual que con el carcelero de Filipos (Hch 16:30-33), para el apóstol Pablo nunca había sido un impedimento la cárcel o privación de su libertad para dejar de predicar el evangelio y que Dios lo usara como un «instrumento escogido» (Hch 9:15) para anunciar a Cristo. Y es que Dios sabe perfectamente lo que hace, cómo lo hace y con quién lo hace. Este siervo cuyo nombre significaba útil había sido inútil para su amo, sin embargo, después de su encuentro con Cristo, es ahora Cristo en él y no su nombre lo que le hace útil para Pablo y para Filemón: «pero ahora a ti y a mí nos es útil» (Flm 1:11). Como comenta Calvino, al igual que cuando José en Egipto tomó «en consideración la maravillosa providencia de Dios (…) Pablo le recuerda a Filemón que no debe ofenderse tanto por la huida de su esclavo, porque fue la causa de un beneficio del que no hay que lamentar».[7] Por eso, el apóstol abre y cierra su epístola a Filemón aludiendo a la gracia de Dios Padre y del Señor Jesucristo (Flm 1:3,25; Col 1:3,6). Puesto que en todo este suceso puede ver la mano de Dios actuando para salvación para con los pecadores por medio de Jesucristo. Y es que «la gracia hace la promesa, y la providencia el pago».[8] En el final de la epístola Pablo vuelve a mostrar su confianza en la providencia y soberanía de Dios al decir: «espero que por vuestras oraciones os seré concedido» (Flm 1:22).

El apóstol, preso injustamente por causa del evangelio, sigue confiando en que los planes de Dios para con él todavía no han terminado, sino que aún tiene más obra que realizar en su ministerio. De hecho, tal es su confianza en el designio de Dios que solicita a Filemón que le prepare lugar cuando vaya a Colosas. Debe entenderse aquí la clara comunión del apóstol Pablo con el Espíritu Santo, que al igual que le indicaba dónde predicar y dónde no (Hch 16:6-7), y los padecimientos que debía sufrir antes de vivirlos (Hch 19:23), también le guiaría para saber cuándo sería el final de su ministerio (2 T 4:6).

3. La unión con Cristo

3.1. La iglesia como cuerpo de Cristo

El apóstol Pablo aplica en Filemón como por medio de la Cabeza que es Cristo «en virtud de quien todo el cuerpo, nutriéndose y uniéndose por las coyunturas y ligamentos, crece con el crecimiento que da Dios» (Col 2:19). En primer lugar, reconoce el amor y fe de Filemón en Cristo «y para con todos los santos» (Flm 1:5), confirmando dicha doctrina, puesto el que ama a la Cabeza ama al cuerpo que es dirigido por ella. Filemón no era un creyente teórico, probablemente la iglesia de Colosas hacía reuniones en su casa (Flm 1:2) y, además, se había dado a la caridad y el sostenimiento de otros creyentes: «porque por ti, oh hermano, han sido confortados los corazones de los santos» (Flm 1:7). Este argumento está presente para la reconciliación con Onésimo. Pablo alude al compromiso de Filemón de ser parte y de nutrir y unirse al resto del cuerpo de Cristo para después incluir en ese cuerpo al hermano Onésimo. No es posible ser de un mismo cuerpo y estar en conflicto: «y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos» (Col 3:15). Y es que ahora el vínculo que Filemón tenía para con Onésimo era doble: «(1) De acuerdo a la carne (por ser su esclavo) era miembro de su familia. (2) En el Señor, ahora era miembro de la familia celestial y de la iglesia en la casa de Filemón».[9] Para que esto no parezca solamente una exigencia a Filemón, es Pablo mismo quien habla de Onésimo como su hijo espiritual (Flm 1:10) y como «amado y fiel hermano» (Col 4:9) en su carta a la iglesia de Colosas.

3.2. La gratitud por ser uno con Cristo

Uno de los consejos más importantes de Pablo a los creyentes en Colosas es: «Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él» (Col 3:17). El motivo de este consejo se basa en dicha verdad doctrinal: «Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él; arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias» (Col 2:6-7). ¿Cómo habían sido enseñados los creyentes de Colosas en su acción de gracias para con Dios? Es suficiente con comenzar a leer la carta a Filemón para ver cuál era el ejemplo del apóstol Pablo para con ellos: «Doy gracias a mi Dios» (Flm 1:4). Esta gratitud del apóstol no es desde una casa cómoda, o desde una gran abundancia económica. El apóstol es agradecido a Dios desde una prisión. Era indudable que para los creyentes a los que escribía Pablo, fuese o no el fundador de dicha iglesia local, el apóstol era un testimonio vivo de una vida agradecida a Dios independientemente de sus circunstancias (Fil 4:12), con razón afirmaba: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Fil 4:13). ¿Qué pensaría Filemón al leer esta carta de Pablo dando gracias a Dios? Es evidente que si Pablo estaba agradecido a Dios por la vida y testimonio de Filemón como hermano en la fe este recibiría del mismo modo a Onésimo como nuevo hermano en la fe que había sido útil para el apóstol como agradecimiento a Dios.

3.3. La autoridad apostólica de Pablo

Si bien es cierto que Pablo se presenta como prisionero a Filemón en su epístola (como veremos después), no debe ignorarse la autoridad apostólica presente en esta epístola. Aunque el apóstol escoge la vía del «ruego» (Flm 1:9,10) en lugar de la del mandato (Flm 1:9), esto no implica que no aluda a la autoridad apostólica que debe se considerada por parte de Filemón y todas las personas que nombra en su carta como testigos. En Colosenses Pablo comienza: «Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios» (Col 1:1), y en dos ocasiones alude a que fue hecho ministro de la iglesia por Dios mismo (Col 1:23,25). Esta autoridad sigue presidiendo la carta a Filemón: (1) Cuando el apóstol escribe: «tengo mucha libertad en Cristo para mandarte lo que conviene» (Flm 1:8). Hendriksen comenta: «No podemos decir que aun aquí Pablo excluye completamente todo apelación a su autoridad como embajador oficial de Cristo».[10] (2) Al indiciar «siendo como soy, Pablo ya anciano» (Col 1:9). No se puede negar que Pablo parece indicar aquí su avanzada edad para aquella época: «Pablo tenía (aproximadamente) 60 años de edad en ese momento».[11] Otros comentaristas incluso aluden a la ancianidad de Pablo referente a sus años en el servicio a Cristo: «¡Filemón no podía rehusar una petición tan razonable de parte de un hombre que había mostrado su prontitud a rendir su todo en el servicio del Rey de reyes!».[12] Sin embargo, Clarke comenta: «la palabra no solo significa “un anciano”, sino también “un embajador” (…) lo cual concordaría perfectamente con el plan y diseño de la frase»[13]. El problema en una u otra traducción lo aclara Barclay: «Hay dos palabras que son muy semejantes; sólo se diferencian en una letra, y se pronunciaban exactamente igual. Son presbytés, anciano, y presbeutés, embajador».[14] Por lo que no se debería descartar aquí que Pablo «no reclama nada para sí mismo, sino en Cristo, es decir, a causa del oficio que ha recibido de él; porque no quiere decir que aquellos a quienes Cristo designó apóstoles estén destituidos de autoridad».[15] (3) Cuando afirma: «Te he escrito confiando en tu obediencia, sabiendo que harás aun más de lo que te digo» (Flm 1:21). Ya que dicha obediencia parece indicar no solamente a lo que Pablo ha solicitado a Filemón, sino: «la obediencia al evangelio (…) que demanda que aquellos que han sido grandemente beneficiados también muestren bondad para con otros».[16] Además, en su clausula final «harás aún más de lo que te digo» puede significar que Pablo espere que Filemón libere a Onésimo, o lo devuelva a Pablo rápidamente para que lo asista en la cárcel, o que le conceda tiempo libre para ejercer como creyente en la predicación el evangelio. Independientemente de cuál sea el motivo de dicha frase queda claro que el apóstol muestra su autoridad sobre Filemón para recibir «algún provecho» (Flm 1:20) de él en el Señor. (4) Y finalmente, cuando al apóstol advierte: «prepárame también alojamiento» (Flm 1:22), no solamente indica el deseo de ver a Filemón y ofrecerle «la esperanza de sentirse satisfecho con su propia llegada»[17], sino, como indica Lightfoot, con el que Hendriksen coincide: «Al mencionar su visita personal a Colosas, el apóstol introduce una gentil coerción. Así el apóstol podría ver que Filemón no defraudó sus esperanzas».[18] Es decir, en cierto modo, Pablo está indicando con esta cláusula a Filemón que él mismo supervisaría después cómo ha sido recibido Onésimo por parte de Filemón. La carta a Filemón conserva una clara premisa de humildad, cordialidad y hermandad de Pablo para con Filemón, al que trata como «hermano» (Flm 1:7,20) y «compañero» (Flm 1:17). La actitud de Pablo es rogar a Filemón el favor de que haga lo que es correcto en esta situación, no porque se deba a Pablo, sino de forma voluntaria (Flm 1:14). Con todo, esto no implica que en este acercamiento de Pablo no conserve su autoridad apostólica como en el resto de las epístolas paulinas puesto que Pablo, en toda la epístola, sigue recordando a Filemón quién es el que le está escribiendo y cuánto podría usar de su autoridad para reclamar lo que considera que es justo, pero prefiere no hacerlo.

4. La vida práctica y piadosa del creyente

4.1. La oración

«Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias» (Col 4:2). Pablo presenta la oración como un espacio devocional ante Dios, pero también como un espacio para orar por los demás. El apóstol ya había anunciado a los colosenses: «Siempre orando por vosotros, damos gracias a Dios» (Col 1:3). Ahora le recuerda a Filemón: «haciendo siempre memoria de ti en mis oraciones» (Flm 1:4). Que bien se complementan ambos versículos de estas dos epístolas, puesto que podríamos cometer el error de pensar que orar por la iglesia de Cristo no es orar por las personas que componen la iglesia de Cristo. Así es como oraba Pablo: por la iglesia de Colosas recordando y haciendo memoria de cada uno de sus componentes y miembros. Qué gran ejemplo el de cómo debemos orar por otros creyentes el que el apóstol nos muestra aquí, pues al terminar su carta le recuerda a Filemón «espero que por vuestras oraciones os seré concedido» (Flm 1:22) y que este haga provisiones para recibirle dando por hecho dos verdades fundamentales sobre la oración: (1) que los verdaderos creyentes oramos unos por otros (Ef 6:18), (2) que Dios contesta la oración de los creyentes (Lc 18:7).

4.2. La esclavitud entre creyentes

La esclavitud no era un asunto ajeno para Pablo. Es precisamente a los Colosenses donde advierte a los esclavos: «obedeced en todo a vuestros amos terrenales (…) todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres» (Col 3:22,23) y a los amos «haced lo que es justo y recto con vuestros siervos, sabiendo que también vosotros tenéis un Amo en los cielos» (Col 4:1). Debe entenderse que Filemón, como parte de la iglesia de Colosas, recibiría también estas instrucciones generales del apóstol Pablo en su carta a los Colosenses. Y es que «el problema no es sólo personal y privado como en este caso; es un problema público que toda la comunidad cristiana y el mundo en general deben enfrentar y resolver».[19] Pablo toma estas verdades sobre la relación entre amo y esclavo y las aplica de forma particular a Filemón y a Onésimo basándose en los mismos principios. Onésimo debía volver a casa de Filemón como nuevo creyente en Cristo y ser obediente a Filemón, y este, a su vez, debía recibir a Onésimo para tratarlo de forma justa y recta tras su arrepentimiento, porque en Cristo ya «no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos» (Col 3:11). Por eso, el apóstol solicita a Filemón que reciba a Onésimo «tanto en la carne como en el Señor» (Flm 1:16). En la carne debe entenderse que las tareas de un esclavo para con su señor son «bendiciones materiales»[20] de las que Filemón podía disponer. En el Señor, debe entenderse recibir al nuevo creyente Onésimo en su casa significa «bendiciones espirituales»[21], pues este será un nuevo miembro de la iglesia en Colosas. Por lo que Pablo, no solo está pensando en el beneficio de dicha reconciliación para el propio apóstol, o para Filemón, sino también para Onésimo: «¡Cuan significativa es la frase en el Señor! La esclavitud, la degradación de las mujeres, el infanticidio, la guerra, la inmoralidad, todos estos son destruidos por la unión con Cristo».[22]

4.3. El amor fraternal y restauración entre hermanos

Toda la carta a Filemón también es una aplicación a: «Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros» (Col 3:13). La restauración entre hermanos es advertida por el apóstol puesto que es posible el agravio entre hermanos. Si como hermanos debemos perdonarnos unos a otros cuando nos hacemos daño ¿cuánto más deberemos perdonar a un nuevo hermano en la fe que nos agravió antes de conocer a Cristo? Pablo alude al vínculo del amor fraternal para la reconciliación entre hermanos: «unidos en amor» (Col 2:2) y nuevamente: «vestíos de amor, que es el vínculo perfecto» (Col 3:14). Por eso, al escribir a Filemón, de todos los argumentos posibles que puede darle para reconciliarse con Onésimo no olvida rogarle «por amor» (Flm 1:9) del que sabe que a Filemón no le falta pues ya ha advertido que este creyente había demostrado su amor para con los demás en Colosas (Flm 1:5,7). Como bien dice Matthew Henry: «el apóstol argumenta a partir del amor más que de la autoridad».[23] Pablo sabe que, si Filemón cree el testimonio de que Onésimo es un nuevo creyente en Cristo y pueda comprobar dicha verdad al ver de regreso a su esclavo fugitivo, será suficiente para que el amor fraternal de Filemón comience a obrar en consecuencia. Tal y como lo había hecho hasta ahora con otros hermanos. Por eso el apóstol escribe a Filemón confiando en su obediencia (Flm 1:21).

4.4. Los sufrimientos por causa de la fe

Pablo tampoco quiere pasar por alto los sufrimientos que los creyentes viven por causa de su fe en Cristo. En su epístola a los Colosenses escribió: «Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia» (Col 1:24), y un poco más adelante: «porque quiero que sepáis cuán gran lucha sostengo por vosotros» (Col 2:1). Por eso, a Filemón se presenta como «prisionero de Jesucristo» (Flm 1:1,9), «por el cual también estoy preso» (Col 4:3). En medio de este sufrimiento el apóstol Pablo ha sido aliviado por medio de Onésimo. Y a pesar de que afirma: «yo quisiera retenerle conmigo» (Flm 1:13), el apóstol no quiere incumplir ninguna falta contra la ley humana ni contra un hermano en la fe por usar como pretexto su necesidad. Por eso, envía a Onésimo de regreso a casa de Filemón: «la justicia requería que Pablo devolviese a Onésimo de vuelta a su amo».[24] Y esta es la ortopraxia del apóstol, pues su vida no solo pretende honrar la sana doctrina del evangelio, sino vivirla. Puesto que si aconsejó: «andad sabiamente para con los de afuera» (Col 4:5) ¿qué clase de testimonio sería el del apóstol si ahora se manejase de forma ilegítima con Filemón? El sufrimiento de Pablo en una cárcel no era por ser un mal ciudadano, sino por ser un buen creyente y apóstol de Jesucristo.

CONCLUSIÓN

La epístola a Filemón puede ser estudiada desde muchos puntos de vista y perspectivas. En este trabajo he querido demostrar la cercanía de dicha epístola a la de Colosenses. No solamente porque haya sido escrita por el apóstol Pablo en un mismo periodo de su ministerio (durante su encarcelamiento), sino porque es una aplicación y complemento de la carta a los creyentes de Colosas. En primer lugar, porque los destinatarios, en parte, son comunes, siendo la iglesia de Colosas la receptora de la carta del apóstol (Colosenses), y siendo una familia de la iglesia de Colosas la receptora de la segunda carta (Filemón). En segundo lugar, porque el emisario de ambas cartas es el mismo: Onésimo. Y, en tercer lugar, siendo esto así, el apóstol pretende poner en práctica todo lo escrito en la carta a los Colosenses por medio del caso de Filemón y Onésimo. Por eso, Filemón puede ser entendida como el quinto capítulo de Colosenses, donde la ortodoxia (doctrina correcta) del apóstol Pablo se entremezcla con su ortopraxia (practicar la doctrina correcta). Al entrelazar ambas epístolas de prisión el resultado es que los principales argumentos teológicos y doctrinales de Pablo en Colosenses: (1) La supremacía de Cristo, (2) la unión con Cristo, (3) la vida piadosa y práctica del creyente se ven ejemplificadas por medio de este quinto capítulo llamado la epístola de Filemón. Qué mejor manera de recibir la carta a los Colosenses por parte de la iglesia en Colosas que viendo con sus propios ojos la reconciliación entre Filemón y Onésimo, dos creyentes que han sido reconciliados y unidos en Cristo por la providencia de Dios, para vivir con amor fraternal, orar uno por el otro, respetar y entender su posición civil y relación como amo y esclavo mientras recuerdan los padecimientos de otros creyentes como Pablo por causa de la fe en Jesucristo.

BIBLIOGRAFÍA

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John B. Nielson, John B. Comentario Bíblico Beacon, Tomo IX. Kansas: Casa Nazarena de Publicaciones, 1985.

[1] Mark Cartwright, «Esclavitud en el mundo romano», World Story Enciclopedia, publicado el 01 de noviembre de 2023, acceso el 23 de octubre de 2024, https://www.worldhistory.org/trans/es/2-629/esclavitud-en-el-mundo-romano/

[2] John B. Nielson, Comentario Bíblico Beacon, Tomo IX (Kansas: Casa Nazarena de Publicaciones, 1985), 744

[3] John B. Nielson, Comentario Bíblico Beacon, Tomo IX (Kansas: Casa Nazarena de Publicaciones, 1985), 748

[4] William Hendriksen, Comentario al Nuevo Testamento: Colosenses y Filemón (Gran Rapids: Libro Desafío, 2007), 24

[5] William Hendriksen, Comentario al Nuevo Testamento: Colosenses y Filemón (Gran Rapids: Libro Desafío, 2007), 24

[6] Adam Clarke, Comentario de la Santa Biblia, Tomo III: Nuevo Testamento (Kansas: Casa Nazarena de Publicaciones, 2014), 577

[7] Juan Calvino, Comentario bíblico al Nuevo Testamento (Gran Rapids: Libro Desafío, 2005), edición PDF, 4798

[8] John Flavel, El misterio de la Providencia: la manera de obrar de Dios (Lima: Teología para vivir, 2019), 83

[9] Adam Clarke, Comentario de la Santa Biblia, Tomo III: Nuevo Testamento (Kansas: Casa Nazarena de Publicaciones, 2014), 579

[10] William Hendriksen, 169

[11] John B. Nielson, Comentario Bíblico Beacon, Tomo IX (Kansas: Casa Nazarena de Publicaciones, 1985), 751

[12] William Hendriksen, Comentario al Nuevo Testamento: Colosenses y Filemón (Gran Rapids: Libro Desafío, 2007), 170

[13] Adam Clarke, Comentario de la Santa Biblia, Tomo III: Nuevo Testamento (Kansas: Casa Nazarena de Publicaciones, 2014), 579

[14] William Barclay, Comentario al Nuevo Testamento, tomo XII (Terrasa: Editorial Clie, 2008), 112

[15] Juan Calvino, 170

[16] William Hendriksen, Comentario al Nuevo Testamento: Colosenses y Filemón (Gran Rapids: Libro Desafío, 2007), 175

[17] Juan Calvino, 4795

[18] William Hendriksen, Comentario al Nuevo Testamento: Colosenses y Filemón (Gran Rapids: Libro Desafío, 2007), 175

[19] John B. Nielson, Comentario Bíblico Beacon, Tomo IX (Kansas: Casa Nazarena de Publicaciones, 1985), 745

[20] John B. Nielson, Comentario Bíblico Beacon, Tomo IX (Kansas: Casa Nazarena de Publicaciones, 1985), 752

[21] John B. Nielson, Comentario Bíblico Beacon, Tomo IX (Kansas: Casa Nazarena de Publicaciones, 1985), 752

[22] John B. Nielson, Comentario Bíblico Beacon, Tomo IX (Kansas: Casa Nazarena de Publicaciones, 1985), 753

[23] Matthew Henry, Comentario de la Biblia Matthew Henry, un tomo (Florida: Editorial UNILIT, 2006), 1031

[24] Adam Clarke, Comentario de la Santa Biblia, Tomo III: Nuevo Testamento (Kansas: Casa Nazarena de Publicaciones, 2014), 579

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