Cristología: El buen pastor

INTRODUCCIÓN

En este trabajo sobre Cristología he centrado mi atención en Jesús como el buen pastor. En dicha revisión he realizado un acercamiento teológico general a las implicaciones del oficio de Jesús como Pastor en base a Juan 10:11 y Juan 10:14 identificando en estos textos la demostración de Cristo de su: divinidad, humanidad, la Caída del hombre, su sustitución, sacrifico, expiación, justificación, redención, santificación y juicio. También he analizado el concepto de pastor a la luz del Antiguo y Nuevo Testamento aplicándolo al oficio de Cristo como pastor. Finalmente he aplicado dicha cristología al contexto actual y general del ser humano, a la iglesia local y también a mi vida personal y ministerial.

1. El oficio de buen pastor

Los versículos en los que quiero centrar mi ensayo son: «Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas (…) Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen (Jn 10:11;14). Cuánto se puede extraer de la persona de Cristo con estos dos versículos, pues aquí se puede observar su (1) divinidad, (2) humanidad, (3) Caída del hombre, (4) sustitución, (5) sacrificio, expiación, justificación, redención, (6) guía, cuidado, y (7) juicio. Las implicaciones del pastoreo de Jesús son máximas ya que, no solamente lo ubican a él como el único pastor, sino a los que creen en él como sus ovejas. Esto no es algo menor, puesto que por sus ovejas él garantiza que dará su vida «como sacrificio para salvarlas de la muerte eterna»[1] y que, al mismo tiempo no todos son ovejas, pues un día «el juez dividirá a la humanidad en dos partes, tal como el pastor separa las ovejas de las cabras».[2]

1.1. Divinidad

Por medio de estas dos claras afirmaciones, no solamente Jesús alude a una afirmación de su divinidad: «Yo soy», sino que añade a dicha afirmación la confirmación de dicha divinidad cono «el buen pastor», puesto que fue Dios mismo quien anunció: «Porque así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo, yo mismo iré a buscar mis ovejas, y las reconoceré (…) Yo apacentaré mis ovejas, y yo les daré aprisco, dice Jehová el Señor» (Ez 34:11,15). No es ninguna sorpresa que por estas palabras los judíos religiosos quisieran apedrear a Jesús, pues ellos lo acusaban de blasfemia: «porque tú, siendo hombre, te haces Dios» (Jn 10:33).

1.2. Humanidad

La encarnación del Verbo se hace evidente con esta afirmación: «el buen pastor da su vida por las ovejas». Así como el Padre «ha dado a su Hijo» (Jn 3:16), el Hijo se ha dado por sus ovejas. Jesús poco después afirma: «porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar» (Jn 10:17). Para entregar una vida humana se debe ser humano.

1.3. Caída del hombre

Al hablar de sí mismo como buen pastor y que da su vida por sus ovejas Cristo apunta al capítulo 53 de Isaías y el siervo sufriente. Allí, no solamente se muestra cómo el pastor daría su vida por las ovejas, sino como esta obra era necesaria, puesto que todas ellas estaban descarriadas. Una cosa es ser un buen pastor, pero otra es afirmar que él da su vida por ellas. ¿Por qué debería dar un pastor su vida por las ovejas? Porque «todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino» (Is 53:6). «Porque la paga del pecado es muerte» (Ro 6:23) «y sin derramamiento de sangre no se hace remisión» (He 9:22). Por eso, «Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros» (Is 53:6).

1.4. Sustitución

Que el pastor dé su vida por sus ovejas no solamente habla de su valor, entrega y amor para con ellas. Hodge comenta sobre Isaías 53 a este respecto:

Estas frases podrían ser empleadas de los padecimientos de un patriota por un país, de un filántropo por sus semejantes, o de un amigo por sus seres queridos. Pero difícilmente se puede negar que son bien naturalmente comprendidas acerca de sufrimientos vicarios.[3]

Es decir, Cristo no solo dio su vida por sus ovejas, sino que dio su vida en lugar de sus ovejas. El pastor ocupó el lugar que les correspondía ocupar a ellas en el juicio de Dios. Por eso, el pastor, al ocupar el lugar de las suyas es llamado el «Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Jn 1:29). Pues su sustitución fue tal que el pastor y sumo sacerdote ocupó el lugar de cordero y sacrificio por la expiación de los pecados: «Él padeció, en nuestro lugar, la pena que nosotros habíamos merecido, a fin de lograr nuestra liberación».[4]

1.5. Sacrificio, expiación, justificación y redención

No tengo suficientes líneas para desarrollar estas cuatro verdades teológicamente, por lo que solo me centraré en la eficacia de Cristo en realizarlas. Sería suficiente con creer en las palabras del pastor para saber que él haría todo lo que dijo que iba a hacer, pero, puesto que la obra del buen pastor no eran solo palabras sino hechos, el mismo que dijo daría su vida por las ovejas (Jn 10:11) dijo tetelestai: «Consumado es» (Jn 19:30). Lo que dijo lo cumplió. Ocupó el lugar de sus ovejas, expió el pecado de sus ovejas, justificó y redimió a sus ovejas de la condenación: «En la economía de la redención hay, en un sentido, una división de labor: El Padre es el originador, el Hijo el ejecutor y el Espíritu Santo el administrador».[5] «Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores» (Is 53:14). Y es que cuando Jesús afirmó de sí mismo que era el buen pastor, me temo que no se refería solamente a una cualidad moral de su carácter, la cual también afirmo, sino más bien se refería a ser bueno (efectivo) en todo lo que iba a hacer por sus ovejas: «Este pastor corresponde al ideal tanto en su carácter como en su obra».[6] Con razón las multitudes al verlo obrar decían: «bien lo ha hecho todo» (Mr 7:37).

1.6. Guía y cuidado: santificación

Al igual que las ovejas conocen y reconocen la voz de su pastor, el pastor también las conoce y reconoce a ellas. Hay una confianza por parte de la oveja en la guía y cuidado de su pastor. La oveja no sabe a qué lugar será llevada para descansar, ni tampoco a que aguas y pastos tiene pensado el pastor llevarla. Para la oveja le es suficiente con seguir a su pastor, pues él cuida de ella. Cristo no solamente justifica, también santifica. No es posible entender una obra sin otra. La oveja no solamente es comprada y adoptada por el pastor, también es guardada, guiada, cuidada y preservada. No es suficiente con libertar a un esclavo, ahora hay que dotarlo de un empleo y una nueva vida. Por eso, la palabra de Dios nos habla de «una nueva vida en Cristo» (2 Co 5:17). Y es que, aunque se habla de justificación y santificación y «distinguimos entre ellas, sin embargo, Cristo contiene en sí a ambas indivisiblemente. [7]

1.7. Juicio

«Y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos» (Mt 25:32). En este texto se anuncia la sententitae executio (ejecución de la sentencia): «La sentencia de los justos traerá bendiciones eternas, y la de los malvados miseria eterna».[8] Y es que no todos son ovejas del buen pastor, pues el requisito de ser oveja es conocer la voz del pastor y seguirle (Jn 10:4,27). Por lo que, parte de cumplir con su oficio de buen pastor es separar sus ovejas de aquellas que no lo son, pues ¿qué clase de buen pastor sería aquel que mezcla con su rebaño a sus ovejas con cabras o lobos rapaces?

2. Análisis del significado de buen pastor

2.1. Antiguo Testamento

El concepto de pastor en el Antiguo Testamento no es extraño para los judíos. La palabra hebrea utilizada es roéh. El diccionario Vine indica que este término «se halla unas 62 veces en el Antiguo Testamento. Se usa con referencia a Dios, el Gran Pastor, quien apacienta o alimenta sus ovejas».[9] La primera persona que utiliza este significado de pastor relacionado con Dios es Jacob: «Mas su arco se mantuvo poderoso, y los brazos de sus manos se fortalecieron. Por las manos del Fuerte de Jacob. (Por el nombre del Pastor, la Roca de Israel)» (Gn 49:24). Es curioso que Jacob hubiese sido un experto pastor y criador de ovejas (Gn 30:25-43), incluso se había enamorado de una roáh: «Raquel vino con el rebaño de su padre, porque ella era la pastora» (Gn 29:9). Lo mismo ocurre con el rey David, que era el roéh de las ovejas de su padre cuando Samuel vino para ungirlo como rey (1 S 16:11), y no duda en afirmarlo a Saul: «Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre» (1 S 17:34). Este pastor es quien después exclama en su salmo: «Jehová es mi pastor; nada me faltará» (Sal 23:1), y en otra ocasión: «Salva a tu pueblo, y bendice a tu heredad; Y pastoréales y susténtales para siempre» (Sal 28:9). Tanto Jacob como David, que eran pastores, sabían perfectamente lo que implicaba el cuidado de las ovejas, y no dudaban al mismo tiempo afirmar que ellos eran ovejas de su Dios el pastor. Por eso, la trascendencia de este término para los judíos no era algo menor cuando escucharon a Jesús diciendo de sí mismo: «Yo soy el buen pastor». Porque además de los testimonios de Jacob, David o Ezequiel que ya he nombrado, podría recordar los de Asaf (Sal 79:13; 80:1), el salmista (Sal 95:7; 100:3), o Isaías (Is 40:11), Jeremías (Jer 31:10), Oseas (Os 4:16), o Miqueas (Mi 7:14) y es que «esta presentación tiene sus raíces en el simbolismo del Antiguo Testamento, que Jesús utilizó para sus propósitos».[10]

2.2. Nuevo Testamento

La afirmación de Jesús como buen pastor en griego es poimen. En su significado literal esto significaba el oficio de pastor: «uno que cuida manadas o rebaños, no meramente uno que los alimenta»[11], pero en un sentido metafórico es utilizado para Cristo. No solamente en el evangelio de Juan, sino también por Mateo (Mt 26:31), Marcos (Mr 14:27), el escritor de Hebreos (He 13:20) y Pedro (1 P 2:25). Además, para el ministerio de pastor se utilizan expresiones, tanto por el apóstol Pablo como por el apóstol Pedro, que ilustran perfectamente quién es el dueño de la iglesia y cuál es la función de los pastores de una congregación para con ella: «Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre» (Hch 20:28), y «apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey» (1 P 5:2-3). Por eso el escritor de Hebreos exhorta a los hermanos a que obedezcan a los pastores porque su labor es velar por las almas de la grey «como quienes han de dar cuenta» (He 13:17). Y es que el buen pastor no solamente ha garantizado que sus ovejas tendrán vida eterna y no perecerán jamás, sino que nadie las arrebatará de su mano (Jn 10:28).

3. Qué implica el buen pastor para la humanidad actualmente: como ovejas sin pastor

«Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor» (Mt 9:36). Una oveja sin pastor es un blanco fácil para el enemigo. Es evidente que no todos son ovejas del pastor, como he afirmado antes. Sin embargo, también es evidente que todavía hay ovejas dispersas por este mundo que sí son y serán del pastor y deben ser rescatadas por él: «por todo el mundo hay personas que Dios ha escogido para ser alcanzadas y salvadas por Jesucristo».[12] La futura oveja y la oveja descarriada tienen muchas características en común: Ambas están hambrientas, heridas, confundidas y en alto peligro de ser devoradas. Ambas no necesitan un manual de ética, tampoco necesitan un manual de religión. Lo que necesitan es estar cerca del buen pastor. Escuchar su voz. Por eso, presentar el evangelio es lo que alcanza a las ovejas perdidas y descarriadas. No es una institución humana, es una persona: el buen pastor, quien debe llegar a ellas: «Sentimos el calor de su presencia, la fuerza de su vida. Oímos en nuestro fuero interior el roce del manto del Pastor a nuestro lado y exclamamos con la más profunda convicción: «¡Es el Señor!».[13] Y aquí, se debe ser muy cauteloso por parte del creyente. Porque, así como no todos son ovejas, del mismo modo solo Dios sabe quién lo es. Y es que a los ojos del hombre jamás Saulo de tarso, que era un terrible lobo, podría terminar siendo oveja para Cristo, sin embargo, así es como Dios actúa para mostrar su gracia y su potencia y para seguir sorprendiéndonos con su misericordia. Esta es la conclusión a la que Pablo llegó de por qué había sido salvo: «Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. Pero por esto fui recibido a misericordia, para que Jesucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia, para ejemplo de los que habrían de creer en él para vida eterna» (1 Ti 1:15-16). Como bien dijo Crisóstomo: «¿Qué puede haber más admirable? ¡El lobo convertido en pastor! ¡el que había bebido la sangre de las ovejas, no cesó de derramar la propia en bien de las ovejas!».[14] Por eso, no sabiendo en quién Dios obrará y de qué forma, pero sabiendo que Dios es poderoso para hacerlo, Wesley oraba por las descarriadas: «Oh tú, gran Pastor de las almas, trae de nuevo al aprisco a todos los que se han descarriado».[15] Y también por las que todavía están perdidas: «Oh tú, Pastor de Israel (…) que te plazca muy pronto poner fin al pecado y la miseria, la enfermedad y la muerte, completar el número de tus elegidos y apresurar el establecimiento de tu reino».[16]

4. Qué implica el buen pastor para la iglesia local

4.1. El verdadero pastor de la congregación

Una de las enseñanzas que más predico y enseño a la congregación es que técnicamente hablando, es decir: bíblica y espiritualmente, yo no soy su pastor. Los pastores de una congregación local no pueden pretender ser el buen pastor. No es nuestro oficio ocupar el lugar de Cristo para el creyente. Por el contrario, si bien somos colaboradores de Cristo en este pastoreo, suelo diferenciar entre el buen pastor y su perro ovejero. En esta ilustración el pastor del creyente es Cristo y solo Cristo, pues a él se debe acudir para todo lo que la oveja necesita. Por lo que el perro ovejero (pastor local), a lo máximo a lo que aspira es a ladrar a las ovejas para que no se hagan daño ni se dispersen, a juntarlas donde el pastor (Cristo) indica que deben estar resguardadas, y a guiar a las ovejas en base a las directrices del buen pastor. Esta ejemplo refleja una idea similar a la que el apóstol Pedro traslada en su primera Epístola ubicando dos rangos de pastoreo: el de los pastores y el del Príncipe de los pastores, el dueño de todas las ovejas: «Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria» (1 P 5:4).

4.2. El pastor local como maestro

Otra ilustración que suelo enseñar en la congregación con respecto al pastorado local es que la labor de un pastor local no es la de ser el colega de los miembros o asistentes de la iglesia. El pastor local no es ni un coach, ni un administrativo, ni un dependiente, ni un psicólogo, ni ese tipo al que todo el mundo le dice cómo le va la vida, pero que jamás harán caso de nada de lo que les diga. Hay una confusión muy grande en este tiempo con respecto a al función principal de un pastor local. Puesto que el buen pastor es Cristo, cualquier representante o ministerio que quiera ser digno de reflejar dicho oficio debe reflejar el carácter y sabiduría de Cristo. Por eso, los requisitos de pastor local se centran en su vida (1): testimonio y ejemplo, y en sus (2) aptitudes: saber enseñar. En cuanto al testimonio la exigencia es máxima. Una breve lectura a 1 Timoteo 3 y Tito 1 refleja que el pastor local, tanto de forma personal, como en su hogar y como en su vida pública debe ser intachable. Sin embargo, con eso no es suficiente. Además de estos requisitos en su carácter y testimonio también se le exige que sea «apto para enseñar» (1 Ti 3:2) y «retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen» (Ti 1:9). Es decir, el pastor local debe ser maestro. De hecho, en Efesios 4, aunque muchas veces se habla de cinco ministerios, el griego utiliza «y» no «o» cuando dice «pastores y maestros» (Ef 4:11). Revisando las exigencias de Pablo a los pastores parece que, al menos, los pastores también deben ser maestros (que no necesariamente al revés).

La labor del pastor local, principalmente, es la de ser un buscador. Un buscador de los mejores pastos para la congregación. Es aquel que está ocupado de que la grey esté nutrida, sana, saludable. No le importa demasiado si las ovejas solicitan cierto tipo de alimento muy sabroso, pero poco saludable. Tampoco le importa demasiado que están comiendo otras ovejas en otros lugares bajo el ministerio de otros pastores. La labor del buscador es la de encontrar los mejores pastos para las ovejas que el buen pastor ha puesto a su cargo. Esta labor requiere obediencia, disciplina, humildad y, principalmente, dependencia de la voz del pastor de las ovejas. A Jesús, principalmente le reconocían como el Maestro. No se puede pretender ser pastor local sin querer enseñar la doctrina de Jesucristo a sus ovejas, puesto que mucho me temo que su dueño no estará demasiado contento con ver a las suyas desnutridas, confundidas y distraídas. Como dijo John Wesley: «Ya sea cierto o no que un buen citador de textos es un buen pastor, sí es cierto que nadie puede ser un buen pastor si no conoce bien los textos».[17]

4.3. Cuidado con los asalariados

«Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa» (Jn 10:12).

Si bien, la interpretación natural de este texto es una acusación de Jesús a los fariseos y doctos de la ley de que nunca se habían preocupado de cómo estaba el pueblo, sino más bien de cómo se veían ellos delante del pueblo. Y, si bien, esto podría aplicarse hoy al ministerio pastoral por profesión y no por llamamiento, o al servicio a Dios entendido como un cargo y no una carga, me conformaré aquí con citar a Zacarias: «¡Ay del pastor inútil que abandona el ganado!» (Zac 11:17); y centrarme en una aplicación más general para el contexto actual de la iglesia. Es evidente que cuando el creyente deja de confiar plenamente en el buen pastor (Cristo) se busca rápidamente un asalariado que lo supla. Mientras todo va bien, el dinero, la política, la fama, las relaciones sociales, el intelecto, la religión, la filosofía, los sueños personales o el entretenimiento cumplen su función de asalariados dopando y mal nutriendo a la oveja. Ella se ve robusta y corpulenta, capaz de soportar cualquier dificultad. Sin embargo, es en medio de la prueba y de la dificultad donde el asalariado sale corriendo y la oveja se ve sola y vacía. Es muy interesante que, en el Salmo 23, David habla de Dios como su pastor refiriéndose a Aquel que le pastoreará y hará descansar en lugares delicados y aguas de reposo (Sal 23:1-2). Pero, poco después, también afirma que ese mismo pastor, llegado el caso, permitirá que la oveja pase por el valle de sombra o de muerte y el motivo por el que no temerá mal alguno es porque el pastor estará con él (Sal 23:4). Es decir, la diferencia principal entre asalariados y el buen pastor se hace evidente en la dificultad, tormenta, lucha o prueba. Pues, me temo que no es hasta que desciende la lluvia, vienen los ríos y soplan los vientos contra la casa se podrá distinguir si está fundada sobra la roca (el buen pastor) o sobre la arena (asalariados). Mi pregunta es: ¿de qué hay que sorprenderse? Jesús mismo ya ha advertido que el problema que tienen los asalariados es que las ovejas no son suyas y por eso huirán sin preocuparse por ellas. Por qué confiar nuestra vida, tiempo, afectos, pasión, fuerza y mente a asalariados a los cuales no pertenecemos. «El asalariado huye. La razón es, porque no se preocupa por las ovejas, lo que significa que su corazón no se conmueve por la dispersión del rebaño, porque piensa que no le pertenece en absoluto».[18]

5. Qué implica el buen pastor para mi vida personal y ministerial: el pastor que es oveja

No se puede ser pastor sin ser pastoreado. No se puede ser pastor sin ser oveja. No todos los creyentes son llamados a ser pastores locales, pero sí todos los creyente son llamados a ser ovejas de Jesucristo. Quien ha dejado de ser oveja para tomar el atuendo de pastor local acabará por dañar al resto de ovejas o a sí mismo. Una vez mi padre y pastor me dijo: «un pastor local tiene que oler a oveja». Él se refería a que el pastor local no puede ser un tipo extraño o superior a la congregación que pastorea. Tampoco alguien indiferente a los problemas y necesidades de la congregación que pastorea. Debe mancharse las manos, debe oler a oveja. Estoy de acuerdo con esa frase, pero quisiera añadirle algo más: «el pastor local tiene que oler a oveja y no solo al olor de otras ovejas». Con esto quiero decir que la mejor manera de ser un ministerio accesible, cercano, implicado y ocupado de la tarea pastoral es la de seguir siendo una oveja más. Que sano es ver cuando un pastor escucha la predicación de otros. Que sano es ver cuando un pastor aprende hasta de un niño de la iglesia. Que sano es cuando un pastor no sabe de todo, sino que humildemente se nutre de los cuidados de su buen pastor que es Cristo. Considero que la mejor manera en la que un pastor puede acercar a su congregación a Cristo es estando él mismo cerca de Cristo. Si un pastor local disfruta de la persona de Cristo, disfruta de la doctrina de Cristo, disfruta de su vida en Cristo, estoy convencido de que la iglesia a la que pastorea será igual de cristocéntrica que él. Del mismo modo que si un pastor es personalista, enfocado en su propio ministerio, en su imagen personal y en el qué dirán los hombres, la iglesia que pastorea será igual de egocéntrica que él. Solo aquel que es oveja sabe lo que otra oveja necesita. «Sé pastor del rebaño de Cristo, no un lobo; aliméntalos, no los devores».[19]

CONCLUSIÓN

Cristo es el buen pastor. Esta afirmación no es cualquier cosa. En ella se concentra toda la persona y obra de Cristo, así como la revelación de la gracia de Dios para redención de los pecadores. El buen pastor es bueno en su carácter y eficaz en su obra. Sabe lo que hace, cómo lo hace, cuándo lo hace y por quién lo hace. Conoce a sus ovejas y ellas le conocen. Por ellas da su vida, por ellas pagó el precio y ocupó su lugar, no solo para ser su justicia, sino también para ser su santidad y su gloria. Es valiente, audaz, íntegro y sacrificial. Todos los oficios principales de Cristo reflejan la persona del Mediador: sumo sacerdote, rey, profeta. Pero, los oficios particulares o secundarios reflejan su carácter. Cuando Jesús afirma que es pastor también afirma que nosotros somos sus ovejas. No solamente pretende definir quién es él sino quiénes somos nosotros. La oveja es dependiente, frágil, influenciable y vulnerable. Necesita vivir en comunidad (rebaño) y que dicha comunidad sea guiada por alguien: el pastor. Una oveja sin su pastor es como una nube sin agua, como un campo sin hierba, como un día sin sol, o como un fuego sin calor. No hay nada más extraño y triste que una oveja sin su pastor. Vivir lejos del pastor o descarriados de él tiene consecuencias terribles. Intentar acercarse a asalariados que sustituyan la labor del buen pastor no servirá en el momento de la prueba. Independientemente de qué servicio se haga para Dios, todo creyente seguirá siendo oveja de Cristo en todo su caminar cristiano. Esa identidad es lo que permitirá el ejercicio saludable del pastoreo local, siendo Cristo siempre el buen pastor y centro de nuestra vida y predicación. Acudamos al buen pastor para que restaure nuestra alma y nos guíe por sendas de justicia (Sal 23:3), pues él ha prometido que «como pastor apacentará su rebaño; en su brazo llevará los corderos, y en su seno los llevará; pastoreará suavemente a las recién paridas» (Is 40:11). ¡A él sea la gloria!

BIBLIOGRAFÍA

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[1] Adam Clarke, Comentario de la Santa biblia Adam Clarke, Tomo III (Kansas: Casa Nazarena de Publicaciones, 2014), 194

[2] Louis Berkhof, Teología Sistemática (Jenison: T.E.L.L., 1988), 880

[3] Charles Hodge, Teología Sistemática, Volumen II (Terrassa: Editorial Clie, 1991), 176

[4] Charles Hodge, Teología Sistemática, Volumen II (Terrassa: Editorial Clie, 1991), 176

[5] Louis Berkhof, Teología Sistemática (Jenison: T.E.L.L., 1988), 318

[6] William Hendriksen, Comentario al Nuevo Testamento, Evangelio según San Juan (Grand Rapids: Librería Desafío, 1981), 295

[7] Juan Calvino, Institución de la religión cristiana, Volumen I, Libro III, Cap. XVI, Punto 1 (Barcelona: Felire, 2019), 718

[8] Louis Berkhof, Teología Sistemática (Jenison: T.E.L.L., 1988), 880

[9] W.E. Vine, Vine, Diccionario Expositivo de palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento exhaustivo (Nashville: Editorial Caribe, 1999), 275

[10] William Hendriksen, Comentario al Nuevo Testamento, Evangelio según San Juan (Grand Rapids: Librería Desafío, 1981), 286

[11] W.E. Vine, Vine, Diccionario Expositivo de palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento exhaustivo (Nashville: Editorial Caribe, 1999), 1338

[12] John Piper, La pasión de Jesucristo (Miami: Editorial Unilit, 2004), 111

[13] David Gooding, Según Juan, En la escuela de Cristo (Barcelona: Publicaciones Andamio, 2012), 144

[14] Juan Crisóstomo, Homilías Tomo I, VI, Homilía acerca del texto: Saulo, respirando aún amenazas de muerte (Guadalajara: Editorial Tradición, 1976), 59

[15] John Wesley, Obras de Wesley, Tomo IX, Espiritualidad e Himnos: Notas del Nuevo Testamento: Primera parte (Henrico: Wesley Heritage Fundation, 2001), 40

[16] John Wesley, Obras de Wesley, Tomo IX, Espiritualidad e Himnos: Notas del Nuevo Testamento: Primera parte (Henrico: Wesley Heritage Fundation, 2001), 20

[17] John Wesley, Obras de Wesley, Tomo IX, Espiritualidad e Himnos: Notas del Nuevo Testamento: Primera parte (Henrico: Wesley Heritage Fundation, 2001), 198

[18] Juan Calvino, Comentario Bíblico Nuevo Testamento (Grand Rapids: Libro Desafío, 1995), 1563

[19] John Wesley, Obras de Wesley, Tomo IX, Espiritualidad e Himnos: Notas del Nuevo Testamento: Primera parte (Henrico: Wesley Heritage Fundation, 2001), 178

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