El creyente en las Redes Sociales

INTRODUCCIÓN

En este trabajo de desarrollo temático abordaré el problema de las redes sociales en la vida del ser humano y del creyente. Para ello, primeramente, haré un repaso y diagnóstico de las implicaciones del uso de dichas plataformas en el ser humano, qué buscan y promueven dichas plataformas sin importar ningún tipo de moral o ética. Después, revisaré históricamente la necesidad social de los seres humanos y cómo dicha necesidad se ha potenciado y amplificado con la llegada de las redes sociales. Finalmente abordaré una respuesta bíblica ante dicho problema y unos consejos prácticos para el creyente de cómo afrontar y advertir la influencia de las redes sociales en nuestro día a día y relación con Dios.

Todos los textos bíblicos aportados son en la versión Reina-Valera de 1960 salvo que se indique lo contrario.

1. Definición del problema

Las redes sociales: Facebook, Instagram, WhatsApp, Tik-Tok, X, Pinterest (entre otras) son parte de la vida de la sociedad actual. La implantación en su uso en todos los rangos de edades en países digitalizados (con conexión a Internet en el hogar y uso normalizado de smartphones) es un hecho. Las generaciones más jóvenes son catalogadas actualmente como nativas digitales, término acuñado por el escritor Marc Prensky en su artículo en la revista On the Horizon, en el cual escribe: «Hoy en día la media de los graduados universitarios ha pasado menos de 5.000 horas de su vida leyendo, pero más de 10.000 horas jugando con videojuegos (por no hablar de las 20.000 horas viendo la televisión)»[1]. Este artículo con carácter premonitorio fue publicado en 2001, Facebook se fundaba como red social en octubre del año 2003. Tomando datos de wearesocial (una de las agencias creativas más importantes del mundo) sobre la implantación del uso de Internet y redes sociales en España en el año 2023 se desprenden las siguientes realidades: (1) «En España viven 47 millones y medio de personas, y casi el 95% de la población tiene acceso a internet. Cerca del 85% son activos en redes sociales».[2] (2) «El usuario medio pasa casi 6h diarias en Internet, y otras 3 consumiendo televisión».[3] Es decir, en un país como España, una persona promedio invierte 9 horas de su día al uso de Internet y televisión, representando más del 33% de las horas del día y teniendo en cuenta que los otros dos tercios del tiempo diario son dedicados a dormir y a trabajar o estudiar. Es decir, un español promedio, en su día normal sólo realiza tres actividades principales: (1) dormir, (2) trabajar o estudiar, (3) usar Internet o la televisión.

Ante esta realidad la primera pregunta que debe plantearse es ¿por qué?, ¿qué propone Internet y, en particular las redes sociales, al consumidor para que decida entregar gran parte de su día a estos medios relegando otras ocupaciones, responsabilidades y opciones de entretenimiento en un segundo plano?

1.1. Gratificación al usuario

Las redes sociales no tienen como base «conectar personas». Quizás esta era la idea original que se presentó a los usuarios para que recibieran con buen agrado dichas redes sociales. Sin embargo, en un visionado de The Social Network (2010) de David Fincher, en esta película de carácter biográfico sobre cómo y por qué se fundó Facebook, la realidad es que lo que se buscaba desde el principio era que las personas pudieran opinar, comentar, criticar y dar su punto de vista sobre otras personas. Por eso desde el principio las redes sociales se miden y viven por y para las interacciones de los usuarios. Todos los estudios de marketing que se realizan sobre la vida de una red social se basan en cuantas interacciones realizan a diario los usuarios en dichas redes sociales. Si hay muchas interacciones es que dicha red social goza de buena salud, si no tiene interacciones es que la red social se está muriendo. ¿Qué es una interacción de un usuario en base a un contenido ofrecido en una red social (ya sea un post, un vídeo, un reel, una story, etc.)? La respuesta es sencilla: comentar, dar «me gusta», compartir, visualizar dicho contenido, guardarlo, reaccionar con algún emoticono propuesto por la red social, etc. Cuántas más interacciones, la red social premiará dicho contenido para que más personas lo puedan ver ya que es relevante para los usuarios de dicha red social. Este hecho provoca en el usuario emisor (creador de contenido) y el usuario receptor (visualizador del contenido), un estímulo permanente de gratificación por medio de la interacción. Ejemplos prácticos de esta conducta patológica: (1) «Si hago una publicación espero que los demás me gratifiquen por ello y para ello gratificaré a otros que también hacen post como moneda de cambio». (2) «Si hago una publicación con menos interacción debo cambiar mi contenido ya que no es relevante». (3) «Debo imitar el contenido de aquellos que más interacciones tienen (influencers)». (4) «Debo hablar de lo que está de moda y todo el mundo habla». (5) «Debo investigar por qué otras personas no interactúan conmigo y dedicar tiempo a gratificarles a ellos, independientemente de lo que ellos digan o hagan».

Este hecho genera en el usuario promedio de redes sociales un permanente estrés, dependencia y preocupación por su imagen y reputación en cada una de las redes sociales. Incentivándose dicho comportamiento con constantes notificaciones y avisos de que hay alguna novedad que ver desde el móvil.

1.2. Contenido adaptado

En base al modelo de gratificación que las redes sociales siguen, los algoritmos utilizados para analizar el comportamiento de los usuarios desarrollan contenido recomendado a medida de cada usuario. Es decir, la red social puede medir el tiempo que cada usuario dedica y en base a qué contenido dedica más tiempo, más interacciones y por lo tanto mayor consumo de anuncios, publicidad y medios que sostienen económicamente dicha red social. Todo ello está basado en un modelo empresarial y mercantil que se reduce en mercadear con el tiempo de las personas. Para que el usuario no se sienta amenazado o disgustado con contenido ajeno a su interés la solución es simple: cuanto más contenido se genere en dicha red social más opciones de presentar contenido al usuario se puede ofrecer. Por eso las redes sociales fomentan que cada usuario genere contenido propio y variado. Por eso, cada vez es más común nuevos formatos de hacer contenido, que sea caducable y en el momento, ya que eso es lo que más interés genera en los usuarios. El resultado de esta práctica es que, si se comparase el contenido propuesto por Youtube o por Instagram a un adolescente usuario de dichas redes sociales con un ama de casa, por ejemplo, parecerían redes sociales diferentes para cada usuario. En uno aparecían recomendados vídeos de música urbana, videojuegos, contenido potencialmente pornográfico, en función del uso que un adolescente promedio realice hoy de dicha red social y adaptado al uso particular de dicha persona. En el caso de un ama de casa probablemente el contenido recomendado sean recetas, viajes, o canales de cotilleo y prensa rosa, en función del uso de dicha usuario en esta red social. Es decir, con un breve visionado de las redes sociales de un usuario cualquier persona podría saber cuáles son sus aficiones, gustos, pecados y lo que es relevante para ella.

Esta manera de proponer contenido deseable para el usuario es sumamente peligrosa desde un punto de vista ético. Un usuario que tenga tendencias suicidas podría estar recibiendo contenido que alimente a su depresión. Un usuario que tenga una atadura con la pornografía o el juego lo mismo. Un creyente que esté debatiéndose sobre cierta doctrina o herejía también. El algoritmo no tiene pensamiento crítico, no piensa en lo que es correcto. O, mejor dicho, el algoritmo de cualquier red social piensa que lo que es correcto es a lo que el usuario decide dedicar su tiempo e interacción, que ese contenido es lo correcto para ese usuario, aunque esto implique que un menor de 10 años esté consumiendo contenido erótico, por ejemplo.

1.3. Todo tipo de contenido e información

Las redes sociales se han convertido en las nuevas bibliotecas. El vídeo ha sustituido al libro y la cercanía de una persona común y su manera de afrontar una tarea a un profesor o erudito en el tema. El usuario promedio prefiere ver un vídeo de un anónimo a cerca de cómo se cocina un pavo al horno que leer la receta del mejor chef francés. Hoy cualquier persona puede hablar y opinar de cualquier cosa y tener un espacio para ello. No importan sus fuentes, no importa si es plagio, no importa el rigor académico, lo único que importa es si otras personas también lo ven. Por eso un chico de 16 años tendría dificultades para decir quién es Inmanuel Kant, pero no dudaría en dar una definición completa de quién es Ibai, Auronplay o el Rubius.

Sobre esta realidad Netflix, Disney+ y otras plataformas están tomando terreno a la televisión convencional. El modelo actual es claro: «contenido a la carta». Esto refleja que esta generación ya no está dispuesta a escuchar ni ver aquello que no quiera escuchar ni ver, aunque esto fuese bueno o necesario para ellos. No en vano, se ha acuñado otro término actualmente que es el de la posverdad. La RAE lo define como la «distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales»[4], sin embargo, lo que aquí no se añade es que esto es posible porque las personas quieren creer y aceptar esta distorsión. Están dispuestas a ello sin ningún pensamiento crítico puesto que han recibido de forma paulatina y progresiva dicha distorsión que ahora aceptan como verdad. No es de extrañar que hombres como Donald Trump sean considerados unos genios de las redes sociales capaces de gastarse «11 millones de dólares en anuncios de campaña en redes sociales»[5] que movilizan las masas en redes sociales para que hablen, opinen y hagan relevante lo que ellos dicen.

2. Origen de la reputación y redes sociales

Para entender el comportamiento del ser humano hoy en las redes sociales hay que retroceder en el tiempo al comportamiento del ser humano a lo largo de su historia, ya que, aunque esta sea una época moderna y tecnológica, el corazón del ser humano, su pecado y sus necesidades siguen siendo las mismas, ¿en definitiva «qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol» (Ec 1:9).

2.1. El concepto de reputación

Aristóteles escribió «el hombre es por naturaleza un animal social»[6], esto implica que el ser humano quiere y ve útil y necesario su relación con otros seres humanos. Esta verdad es respaldada por las Escrituras, fue Dios, mucho antes que Aristóteles quien reveló «no es bueno que el hombre esté solo» (Gn 2:18). Esta afirmación no solo habla del unidad matrimonial o familiar sino, la extensión de esta en grupos de familias que forman comunidades, pueblos y sociedades. Dios mismo toma a un pueblo (Israel) como ejemplo de sociedad en su época y a los creyentes se nos llama «pueblo adquirido por Dios» (1 P 2:9) como aquellos que pertenecemos a la sociedad de los redimidos, la sociedad del Reino de los cielos. La vida en sociedad o comunidad implica necesariamente la imagen (reputación) que cada individuo proyecta hacia los demás individuos de dicha sociedad o comunidad. Por lo tanto, podemos concluir que el problema de relacionarse en sociedad del ser humano proviene desde la creación del ser humano y que es intrínseco a él. Hay ejemplos históricos que permiten evaluar la relevancia para una sociedad entera de lo que implica la reputación de un individuo. María Antonieta de Austria, por ejemplo, fue motivo directo de las quejas que precipitaron la Revolución Francesa debido a sus caprichos lujosos y su mala fama en el país. Es habitual ver a políticos dimitir de sus cargos cuando algún escándalo o rumor (incluso antes de que se dicte sentencia) comienzan a desgastar su imagen pública. El rey Herodes mandó matar a Juan el Bautista para mantener intacta su reputación delante de sus invitados a pesar de no desear hacerlo: «pero a causa del juramento, y de los que estaban con él a la mesa, no quiso desecharla» (Mr 6:26).

2.2. La evolución de la sociedad

Como parte de su necesidad social, el ser humano ha ido desarrollando espacios y lugares donde desenvolverse socialmente. El ágora griega fue un antes y un después en la historia de la humanidad, ya que era un lugar abierto donde cualquiera podía acercarse, escuchar e incluso intervenir. No es de extrañar que la cultura helenística se desarrollase cultural y filosóficamente mucho más rápido que sus predecesoras (egipcios, fenicios, cananeos, babilonios, persas, etc.). Este concepto de reunión social o ekklesia se propagó con Alejandro Magno y el Imperio Romano y estableció la base de la vida en sociedad. Con la llegada de la tecnología e Internet la vida en sociedad ha vivido una nueva revolución semejante a la de las ágoras griegas.

2.3. El nacimiento de Internet y las redes sociales

El final de la década de los 60 es catalogada como el nacimiento de Internet. En tan sólo 60 años, lo que era una red de uso militar (ARPANET) en plena Guerra Fría, es el medio por el cuál hoy en día las personas se relacionan y viven en sociedad. No parece que la tendencia vaya a cambiar, sino más bien a potenciarse con ideas como el metaverso, gafas de realidad aumentada, etc. El ágora ya no es la plaza en una ciudad o pueblo, el ágora actual es una red social, un blog, un canal de Youtube, un grupo de WhatsApp, un videojuego, donde personas de cualquier parte del mundo pueden conocerse, interactuar y compartir experiencias, vivencias, ideologías y pecados.

3. El problema ético de la imagen y redes sociales en la actualidad

Esta realidad social y de necesidad reputacional del ser humano se ha visto amplificada desde la llegada de Internet y las redes sociales. El motivo es muy simple: las personas están más conectadas que antes y pueden relacionarse de muchas más maneras sin que la distancia física sea un impedimento.

En base a estos datos descritos en este trabajo el término red social es oportuno para lo que aquí se está tratando. Ya que el propósito de este tipo de empresas es atrapar al usuario, robar su tiempo, venderlo al mejor postor (publicidad) y gratificarle emocionalmente por hacerlo. Es una especia de cautividad voluntaria donde el oprimido se siente cómodo por la opresión a la que está sometido, ya que no es con un látigo romano, o un cadena medieval, sino con luces de colores, entretenimiento y estímulos constantes.

4. Posición cristiana y bíblica frente a este problema

En base a este diagnóstico sobre las redes sociales y sus implicaciones éticas en el individuo el creyente debe posicionarse bíblicamente. Para ello ordenaré los diferentes puntos clave ya citados respondiendo bíblicamente a ellos y una breve propuesta de cómo ser luz en la redes sociales

4.1. La búsqueda de la gratificación

«Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo» (Gá 1:10).

Buscar la gratificación o la aprobación de los demás en lugar de Dios es incompatible con la vida cristiana piadosa y ser siervo de Cristo. Buscar el favor de los hombres nos aleja de buscar el favor de Dios, el apóstol los ubica como incompatibles, es decir, o lo uno o lo otro. O se hace para la gloria de Dios o se hace para la gloria de los hombres (incluido el propio individuo). Buscar el favor de los demás es ser desagradecido con Dios, es vivir creyendo que el favor de Dios no es suficiente para el creyente. En el libro de Lamentaciones la ciudad de Jerusalén acaba de ser destruida, están siendo llevados al exilio, hay muertos por todas partes y la situación no puede ser más desastrosa y pesimista para el escritor, sin embargo, en medio del lamento puede decir: «mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré» (Lm 3:24). El escrito de Hebreos explica el contentamiento del creyente de la siguiente manera: «sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré». Es decir, un creyente es feliz con lo que Dios le da y con lo que no le da, por lo que su vida no está enfocada en lo que le den los demás. Sobre esta idea Borroughs escribe:

Los creyentes encuentran que lo que les hace realmente felices es cuando desean solamente las cosas que Dios ha escogido para ellos (…) Una persona que posee muchas cosas pero que desea más, siempre será miserable (…) Los cristianos deberían enseñar a los demás cómo ser felices deseando menos en vez de buscar más.[7]

No es de extrañar que una de las declaraciones más explícitas de Jesús para ser verdadermente sus discípulos sea: «Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame» (Lc 9:23). La base de la vida de un creyente es que su gratificación está en Cristo, su aprobación está en Cristo, su felicidad está en Cristo «porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén» (Ro 11:36). Cualquier otro ideal o motivación de vida no es natural en un hijo de Dios. El único «me gusta» que debe importarle a un hijo de Dios es el de su Padre que está en los cielos.

4.2. Sólo leer, oír y ver lo que nos gusta

«La suma de tu palabra es verdad, Y eterno es todo juicio de tu justicia» (Sal 119:60).

En este breve versículo se dicen muchas cosas. Fijaré mi atención en la primera sección: «la suma de tu palabra es verdad». Dos verdades centrales se pueden extraer de esta afirmación:

4.2.1. La suma

Es un error habitual sesgar, manipular, torcer e ignorar todo el consejo de Dios en su Palabra acercándonos a ella de forma arbitraria, interesada y sin temor de Dios. Muchas de las doctrinas secundarias en debate todavía en la iglesia, herejías, y extravagancias son resultado de un mal acercamiento a la Palabra de Dios. Por eso es importante no abordar el estudio bíblico ni interpretativo de forma desordenada o caótica, sino metódica y sistemática para abordar todo lo que Dios dice en su Palabra. El creyente moderno adolece de vivir el evangelio de un solo versículo, o de una sola hoja. El riesgo de no conocer todo lo que Dios revela en su Palabra es distorsionar la imagen del Dios de las Escrituras.

4.2.2. Tu palabra

Debe ser por medio de la Palabra de Dios (Escrita y Verbo) que el ser humano pueda conocer a Dios. Como escribió Pink «no se puede confiar, ni servir, ni adorar a un Dios desconocido».[8] Pero para poder conocer a Dios hay que profundizar en lo que Él dice, no en lo que otros digan, tampoco en lo que gusta oír o escuchar acerca de Dios. Dios no es el dios que al ser humano pecado le gustaría que fuese, Dios se define a sí mismo: «YO SOY EL QUE SOY» (Éx 3:14). El ser humano no puede modificar quién es Él, sino aceptar quién es Él en base a lo que Él ha revelado que es por medio de la suma de su Palabra. Dios no siempre satisface las expectativas humanas, ni sus deseos, ni tampoco da explicaciones de todo. No siempre en la Palabra de Dios el ser humano encuentra lo que desearía leer. La verdad duele, la verdad confronta, la verdad revela la condición pecador del hombre, por eso hay que permanecer en la verdad, aunque incomode: «si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Jn 8:31). Pero ¿cómo permanecer en la verdad si no se está dispuesto a oírla? El único motivo de no querer exponerse a la luz de la Palabra (Sal 119:105) es que se prefiera la luz que las tinieblas «para que sus obras no sean reprendidas» (Jn 3:20). No en vano el escritor de Hebreos compara la Palabra de Dios con una espada (He 4:12):

Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.

4.3. ¿Dónde está la fuente de la sabiduría?

«Porque Jehová da la sabiduría, Y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia» (Pr 2:6).

Es igual de erróneo pretender saber todo que creer que otros saben todo. El ser humano no es el propietario de la sabiduría ni del conocimiento. No es el autor de los enigmas ni de sus respuestas, no es capaz de dirigirse a sí mismo ni a su prójimo, sino más bien actúa como «ciegos guías de ciegos» (Mt 15:14). Por eso: «Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová» (Jer 17:5).

Si la sabiduría no proviene del hombre sino de Dios, ¿por qué el hombre busca sabiduría en sí mismo o en otro hombre? Es habitual ver a creyentes que prefieren escuchar un sermón que leer la Biblia, que prefieren un «consejo pastoral» humanista y no bíblico que procurar encontrar una respuesta de Dios por medio de su Palabra y oración. Esto no solo afecta al creyente de a pie, sino al liderazgo: «Según una reciente encuesta realizada en ambos lados del Atlántico, el líder de iglesia promedio en la actualidad pasa cuatro minutos al día en oración. ¿Y usted se pregunta por qué la Iglesia está falta de poder?».[9] Si no conocemos al Dios del poder ¿se puede esperar que Él obre con poder hoy? La premisa y realidad en la que Elías se presentó al rey Acab nada más comenzar su llamado público fue: «Vive Jehová Dios de Israel, en cuya presencia estoy» (1 R 17:1) y sólo después anunció la sequía. Por eso Salomón comenzó escribiendo: «El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; Los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza» (Pr 1:7) y terminó sus días recordando que «El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre» (Ec 12:13). El creyente sabe a quién acudir cuando tiene dudas, temores, luchas, pruebas, tentaciones, angustias y fatigas; pero, «el precio es alto. Dios no quiere ser nuestro socio. Él quiere ser nuestro dueño».[10]

4.4. La obsesión con nuestra imagen y reputación

Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.

En Filipenses 2:5-8 no dice que fue humillado, sino que él se humilló a sí mismo, de la manera más humillante posible en su época: «muerte de cruz». La muerte en la cruz implicaba una vergüenza para los romanos y una maldición para los judíos. Sin embargo, el santo hijo de Dios, propiciación de nuestros pecados, del que decimos que es Señor y Salvador, le pareció oportuno y necesario humillarse hasta lo sumo. Teniendo claro que esta tarea fue voluntaria y propia de parte de Cristo, ¿qué se supone que un creyente espera en su vida?, ¿desde cuándo la reputación o el «que dirán los demás» mueve el corazón y los actos del creyente? Jesús dijo: «El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor» (Mt 10:24) y «todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará» (Mt 16:25). Esta actitud no es un acto inconsciente o involuntario del creyente, sino que está en conformidad con seguir a su maestro (Cristo) y ser un buen discípulo. El apóstol Pablo en la misma carta a los Filipenses podía escribirles: «Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo» (Fil 3:8). Era Pablo quien estimaba como basura (estiércol en el original griego) las cosas de este mundo, era Pablo quien quería «perderlo todo» por «ganar a Cristo». ¿Qué quiere ganar el creyente hoy?, ¿cuál es su ambición? Se suele predicar de forma errada y no bíblica «Dios cumple tus sueños y deseos» cuando el mensaje bíblico es más bien que un creyente anhela cumplir los sueños y deseos de Dios. El summum bonum de un hijo de Dios es que toda la gloria sea para Dios: Soli Deo gloria. Por lo tanto, la única imagen y reputación que importa es la de Dios. Todo lo demás, lo expresó el hombre más rico, sabio y famoso de su época: «Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad» (Ec 1:2).

4.5. Usos y límites cristianos en las redes sociales

En este punto me centraré en cómo el creyente de hoy puede trasladar dichas verdades bíblicas a su uso y disposición frente a las redes sociales.

4.5.1. Tiempo

Las redes sociales están creadas para robar el tiempo del creyente. No se debe espiritualizar el uso de las redes sociales. No es una fuente de sabiduría, no es la Palabra de Dios y no son necesarias para nuestra relación con Dios, por lo tanto, un creyente podría vivir sin redes sociales y podría relacionarse con Dios sin redes sociales. Esto requiere que se revise el tiempo de uso diario para que sea un uso esporádico y no habitual.

4.5.2. Contenido que se ve

Las redes sociales pueden ser limitadas en qué tipo de contenido recomiendan al usuario. Un breve repaso de las opciones y ajustes permitirá al creyente disponer de límites y usos de su red social. Por ejemplo: Youtube tiene la opción de no recibir ningún recomendado, por lo que todo el contenido para ese usuario sería buscado por él mismo sin influencia del algoritmo. Este tipo de mecanismos deberían ayudar al creyente a no exponerse a contenido pecaminoso, sexual y tentador. Si esto no fuese suficiente sería mucho más natural no tener perfil en dicha red social que perpetuarse a la exposición a la tentación.

4.5.3. Contenido que se realiza

Un creyente debe ser luz y testimonio en todo contexto y ámbito de su vida. No es aceptable jóvenes con dos cuentas de Instagram, mensajes privados ocultos, etc. Tanto los padres como los hijos deben revisar esto de forma profunda. Si el contenido no da la gloria a Dios no es un buen contenido. Versículos, conversaciones espirituales, temáticas cristianas debieran ser el habitual contenido que los creyentes suben a redes sociales, no banalidades ni contenido propio de cualquier hijo de las tinieblas.

4.5.4. Motivación

Medir siempre lo que se hace en las redes sociales en base a la motivación interior de nuestro corazón. El creyente que es suficientemente sincero reconocerá que en la mayoría de los casos nunca la motivación es correcta cuando se adentra al uso y exposición en redes sociales. «Todos los creyentes deben escudriñarse a sí mismos para descubrir cuales son los deseos más profundos de su corazón».[11] En caso de tener dudas acerca de lo que mueve el tiempo y uso en redes sociales se debe orar como el salmista: «¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos» (Sal 19:12).

4.5.5. Pinchar la burbuja

No existen influencers «cristianos». Es un concepto errado, no bíblico, y por lo tanto irrelevante. El único que debe ejercer influencia es Cristo en nosotros y por medio de nosotros. El resto es una imitación evidente de un modelo empresarial y mercantil de las redes sociales de promocionar a personas como voceros modernos de la banalidad humana. Promover, fomentar y apoyar este tipo de ministerios es contraproducente para el propio pueblo de Dios. Un consejo práctico a ministros: todo lo que un ministro de culto quiera realizar (pastor, evangelista, etc.) debiera hacerlo por medio del canal de su iglesia local y no a través de sus redes sociales personales. No tienen sentido ministerios que tienen más repercusión a nivel cristiano que la labor que desempeñan en la obra local que Dios les puso. Si esto supone un consejo demasiado categórico sólo quisiera recordar las palabras de Juan el Bautista, el ministerio más famoso en Judea en aquel momento: «es necesario que él crezca, pero que yo mengüe» (Jn 3:30). O Cristo crece y el ministro mengua o el ministro crece y Cristo mengua. Un creyente vivirá buscando que Dios se lleve la gloria o no se la lleve nadie, tampoco él mismo.

4.5.6. Anunciar la verdad

Puesto que la gran mayoría de personas usan a diario redes sociales son un canal muy útil para predicar el evangelio. Es decir, un creyente puede anunciar la buena nueva de forma clara e intencional y subir dicho mensaje a las redes sociales sin tener por qué interactuar, responder o dedicar tiempos de edición propios de un profesional. Quizás no sea visto por muchas personas, quizás otros tengan más medios, sin embargo, esto no será un problema para el creyente, puesto que la idea que lo mueve será anunciar el evangelio a otros, no hacerse famoso o ser influencer.

CONCLUSIÓN

Las redes sociales son un elemento que se ha convertido en parte de la vida del ser humano moderno. Sus tiempos de uso, su influencia y su implantación en el comportamiento de las personas son un hecho en nuestra sociedad. Esta rápida propagación en su uso viene provocada por su modelo de gratificación del usuario, su adaptación en el contenido que propone y la abundancia de dicho contenido que se puede encontrar en ellas. Todo ello provoca que las redes sociales se hayan convertido en el lugar donde las personas socializan y comparten su tiempo, ideas y también pecados.

La Palabra de Dios nos habla a cerca de cuál debe ser la ética y vida de un hijo de Dios. La vida piadosa, el contentamiento, la santidad y al búsqueda de la voluntad de Dios y no la de los hombres mueven el corazón del creyente. En última instancia un creyente vive bajo el propósito por el cual fue creado por Dios, que es para su gloria. Por ello, el creyente de hoy debe revisar y limitar el uso de las redes sociales en su día a día analizando qué es lo que le lleva a depender de ellas o sentirse gratificado por ellas.

BIBLIOGRAFÍA

Aristóteles. Política. Madrid: Editorial Gredos, 1988.

Borroughs, Jeremiah. El Contentamiento Cristiano…Una Joya Rara. Carolina del Norte: Publicaciones Faro de Gracia, 1995.

Eldiario.es «Trump se gasta 11 millones de dólares en anuncios de campaña en redes sociales a más de 500 días de las elecciones». Publicado el 03 de julio de 2019. Acceso el 15 de marzo de 2024. https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/trump-millones-dolares-campana-elecciones_1_1453780.html

Pink, A.W. Los atributos de Dios. Florida: Chapel Library, 2020.

Prensky, Marc. Nativos Digitales, Inmigrantes Digitales, On the Orizon. Chicago: MCB University Press, 2001. Acceso el 15 de marzo de 2024. https://aprenderapensar.net/wp-content/uploads/2010/10/Nativos-digitales-parte1.pdf.

Ravenhill, Leonard. Por qué no llega el Avivamiento. Buenos Aires: Editorial Peniel, 2011.

We are social.  «Reporte Digital España 2023». Publicado el 13 de febrero de 2023. Acceso el 15 de marzo de 2024. https://wearesocial.com/es/blog/2023/02/reporte-digital-espana-2023/

[1] Marc Prensky, Nativos Digitales, Inmigrantes Digitales, On the Orizon (Chicago: MCB University Press, 2001), acceso el 15 de marzo de 2024, https://aprenderapensar.net/wp-content/uploads/2010/10/Nativos-digitales-parte1.pdf

[2] «Reporte Digital España 2023», We are social, publicado el 13 de febrero de 2023, acceso el 15 de marzo de 2024, https://wearesocial.com/es/blog/2023/02/reporte-digital-espana-2023/

[3] «Reporte Digital España 2023», We are social.

[4] REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., [versión 23.5 en línea]. <https://dle.rae.es> [15 de marzo de 2024].

[5] «Trump se gasta 11 millones de dólares en anuncios de campaña en redes sociales a más de 500 días de las elecciones», eldiaro.es, publicado el 03 de julio de 2019, acceso el 15 de marzo de 2024, https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/trump-millones-dolares-campana-elecciones_1_1453780.html

[6] Aristóteles, Política (Madrid: Editorial Gredos, 1988) edición PDF, 50

[7] Jeremiah Borroughs, El Contentamiento Cristiano…Una Joya Rara (Carolina del Norte: Publicaciones Faro de Gracia, 1995), 9

[8] A.W. Pink, Los atributos de Dios (Florida: Chapel Library, 2020), 4

[9] R. T. Kendall, Fuego Santo (Florida: Casa Creación, 1999), 3

[10] Leonard Ravenhill, Por qué no llega el Avivamiento (Buenos Aires: Editorial Peniel, 2011), 32

[11] Jeremiah Borroughs, El Contentamiento Cristiano…Una Joya Rara (Carolina del Norte: Publicaciones Faro de Gracia, 1995), 21

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