JÓVENES

Un espacio para crecer

Realizamos nuestras reuniones de jóvenes de entre 13 y 25 años, donde pueden desarrollar su llamado y servicio a Dios y también nutrirse del evangelio en una edad tan importante para sus vidas.

Parte de la iglesia

Los jóvenes son parte vital de una iglesia. No por lo que puedan hacer en la iglesia, sino lo que Dios puede hacer con ellos. Todos los jóvenes de la iglesia son motivados a ser alumnos del seminario de la iglesia, estudiar la Palabra de Dios y completar su ABC si todavía no lo han hecho. 

Tiempo para valientes

“¿Acaso no eran tres los jóvenes que arrojaron atados al fuego?” (Dn 3:24).

El problema de la etapa de juventud en la iglesia no es no entender, sino no creer. Con 18 años un joven promedio en este país ha estudiado lo suficiente como para poder desenvolverse en todo tipo de trabajos ordinarios, y podría seguir estudiando para desenvolverse en todo tipo de trabajos académicos o especializados si sus notas y buen hacer así se lo permitiesen. Sin embargo, y a pesar de todos estos avances en la educación moderna, del mismo modo un joven promedio con 18 años en este país ha estudiado lo suficiente como para suponer que no necesita a Dios en su vida. No es una realidad oculta, ni algo imperceptible, el ateísmo y humanismo galopante en los institutos y universidades de este país. No es que se cuestione a Dios, es que ni siquiera se habla de Dios. 

En este contexto, los jóvenes de iglesia viven ante dos realidades claras: lo que Dios dice y lo que el mundo dice o niega de Dios. El agradar los amigos, el querer encajar, el ser “normal” o buscar la aceptación del grupo lleva a muchos jóvenes a negar a Dios o avergonzarse del evangelio. Vivimos en una sociedad cruel, despiadada y seductora, capaz de convencer a un joven de que Dios no existe para después convencerle de que lo mejor que puede hacer con su vida perdida sin Dios es quitársela.

Son tiempos peligrosos, son tiempos difíciles, son tiempos para valientes. Dejemos de “utilizar” a los jóvenes como mano de obra barata para hacer funciones y servicios que no entendemos ni nos interesan. Esta sociedad no necesita más jóvenes que sepan hacer contenido para Instagram, o grabar un culto, o tocar música y desarrollar sus artes creativas. Todo eso es secundario. Esta sociedad necesita antorchas encendidas por el Espíritu Santo en medio de las tinieblas que sepan decir no al mundo y sí a Dios. Los amigos de Daniel no respondieron a Nabucodonosor con temor o dudas, dieron por hecha la respuesta delante del rey. Era obvio para ellos. Eran tan osados y valientes para Dios, tenían tanta fe, que su respuesta parece un acto ordinario para ellos: “No tenemos por qué responder a Su Majestad acerca de esto. Su Majestad va a ver que nuestro Dios, a quien servimos, puede librarnos de ese ardiente horno de fuego, y también puede librarnos del poder de Su Majestad. Pero aun si no lo hiciera, sepa Su Majestad que no serviremos a sus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que ha mandado erigir” (Dn 3:16-18).

El único motivo por el que los tres jóvenes amigos de Daniel no ardieron en el horno de fuego es porque esos tres valientes ya estaban ardiendo por Dios. No puedes hacer arder algo que ya está ardiendo para la gloria de Dios. Te desafío joven a que vayas a tu cuarto, cierres tu puerta y llames a Dios hasta que él te llame a a ti. Te garantizo que Dios obrará en tu vida como jamás imaginaste. No des tu vida por hecho, no creas que tienes toda la vida por delante, vive “aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” (Ef 5:16).

- Ps David Gómez

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