Apolos: el posible autor de Hebreos
INTRODUCCIÓN
¿Quién fue el escritor de Hebreos? Por medio de este trabajo de investigación quiero defender la posibilidad de la autoría de la epístola a los Hebreos por parte de Apolos de Alejandría como opción principal. Para ello, debo tener en cuenta y considerar antes las otras opciones que se han planteado a lo largo de los siglos como posibles autores a dicha epístola. Por eso, en primer lugar, quisiera mencionar estos candidatos, y los argumentos a favor y en contra para ser considerados autores de la epístola a los Hebreos, teniendo claro que la afirmación más exacta con respecto a la autoría de esta epístola es: «Así como no sabemos con certeza a quién fue enviada la epístola también ignoramos quién la envió».[1] Para ello, he separado la opción más habitual y común de dicha autoría: el apóstol Pablo, y el resto de opciones, ya que se antoja necesario hacer un tratamiento especial a la opción del apóstol a los gentiles, pues ha sido la opción más popular y difundida a lo largo de la historia de la iglesia.
Todos los textos utilizados en este trabajo son en la versión Reina-Valera de 1960 salvo que se indique lo contrario.
1. Pablo, la opción más conocida
Sin duda la opción más habitual y consolidada en el tiempo es atribuir la paternidad de la epístola a los Hebreos al apóstol Pablo: (1) Por su desarrollo profundo en su argumentación teológica, (2) por su conocimiento de la tradición y rituales judíos habiendo sido fariseo, (3) y por sus saludos finales en la epístola. Sin embargo, quisiera refutar por motivos internos y externos dicha opción:
1.1. Motivos externos
Debe aclararse que es un error afirmar que todos los Padres de la Iglesia, salvo Tertuliano, aceptaban la autoría de la epístola a los Hebreos por parte del apóstol Pablo. Fue principalmente la Escuela Alejandrina en los primeros siglos de la iglesia quien defendió esta autoría principalmente. Clemente de Alejandría, por ejemplo, afirmó sobre la autoría de Pablo: «Pablo apóstol (es) natural que no esté en el encabezamiento, porque como escribía a los hebreos, que tenían prevenciones contra, él y sospechaban de él, con absoluta prudencia no quiso alterarlos en el comienzo poniendo su nombre».[2] De hecho, otro de sus argumentos fue que Pablo la había escrito para los hebreos, pero Lucas había traducido la epístola del hebreo al griego. Dicho esto, Bruce aclara que los propios alejandrinos reconocían que la autoría de Pablo en «esta epístola no podía afirmarse simpliciter (sencillamente) como podía hacerse de Romanos o Gálatas».[3] Un siglo más tarde, Orígenes de Cesarea, conocedor tanto del hebreo como del griego, fue el primero en señalar sus dudas sobre la paternidad de Pablo sobre la epístola a los Hebreos. Eusebio de Cesarea cita las palabras de Orígenes en su Historia eclesiástica sobre este asunto:
El carácter de la dicción de la carta titulada A los Hebreos no tiene aquella rudeza del lenguaje del Apóstol (Pablo), quien confiesa ser rudo en la Palabra (2 Co 11:6) (…) La carta es más griega por la composición de su dicción (…) Si he de dar mi opinión, yo diría que los pensamientos sí son del Apóstol, pero el estilo y la composición no de alguien que evocaba la memoria de la enseñanza del Apóstol (…) ¿quién escribió la carta? Dios sabe la verdad; en cambio, hasta nosotros ha llegado el relato de algunos que dicen que la escribió Clemente, obispo que fue a los romanos, y el de otros, según los cuales fue Lucas el que escribió el Evangelio y los Hechos. Pero esto quede así.[4]
Uno de los principales argumentos que descartan la epístola a los Hebreos como una traducción del hebreo al griego es que sus citas bíblicas son de la Septuaginta. Por ejemplo, el Salmo 40:6 es escrito en Hebreos 10:5 con la traducción LXX que contiene una desviación del texto original hebreo. Bruce afirma que «la autoría de Pablo fue resistida en occidente hasta finales de siglo IV d.C.».[5] Su principal opositor fue Tertuliano que, como veremos después, atribuyó su autoría a Bernabé. Pero no solo Tertuliano negó la autoría de dicha epístola a Pablo. En el Canon de Muratori indica que Pablo escribió, al igual que Juan en Apocalipsis, a siete iglesias y otras personales sin incluir Hebreos:
En el siguiente orden: primero a los Corintios, segundo a los Efesios, en tercer lugar, a los Filipenses, en cuarto lugar, a los Colosenses, en quinto lugar, a los Gálatas, en sexto lugar, a los Tesalonicenses, y en séptimo lugar, a los Romanos. (…) Además, (Pablo escribe) una (carta) a Filemón, una a Tito, dos a Timoteo, en amor y afecto; pero han sido santificadas para el honor de la iglesia católica en la regulación de la disciplina eclesiástica.[6]
Y otros ejemplos como «Ireneo, Hipólito y Gayo de Roma no consideraron esta epístola como paulina».[7] Debe entenderse el motivo principal de por qué en el siglo IV d.C. se comenzó a defender la autoría de la epístola a los Hebreos por parte del apóstol Pablo:
Fueron Jerónimo y Agustín quienes inclinaron la opinión occidental hacia la aceptación de Hebreos como una epístola paulina. No es que estuvieran convencidos de ello sobre bases de crítica literaria sino porque, como una cuestión práctica, su canonicidad estuvo ligada con la creencia de su autoría paulina.[8]
Y es que en el Concilio III de Cartago del 397 d.C. ya se incluye la cláusula de las trece epístolas de Pablo más una a los hebreos, y en el Concilio VI de Cartago del 419 d.C. ya se mencionan las catorce epístolas de Pablo. Ante dichos hechos concluyo con tres afirmaciones: (1) Que en los primeros siglos solo en la escuela de Alejandría se aceptó la posibilidad de la autoría de Pablo desde un principio, pero no en Occidente y Oriente hasta que la canonicidad de la epístola estuvo en juego, (2) Que no solamente Tertuliano planteó hipótesis sobre otros autores, sino que el debate quedó presente hasta finales del siglo IV d.C. por los motivos de canonicidad que he mencionado. (3) Que en la Reforma se volvió a abrir dicho debate donde hombres como Lutero, Calvino, o Erasmo negaban y/o dudaban de la autoría de Pablo.
1.2. Motivos internos
Todos estos argumentos carecerían de sentido si no se pudiese argumentar con el contenido de la propia epístola a los Hebreos causas por las que Pablo no es el autor de dicha epístola. A lo largo de estos siglos se han ido planteando diferentes argumentos en el propio texto de Hebreos que contradicen la posibilidad de que esta sea una epístola paulina. Como textos principales quiero aportar:
1.2.1. Hebreos 1:1
«Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas» (He 1:1). Este es uno de los comienzos más maravillosos de un libro de la Biblia junto al evangelio de Juan. Dicho esto, no es un inicio propio de un escrito del apóstol Pablo. Las salutaciones en las epístolas de Pablo son comunes diríamos casi obligatorias. No es natural pensar que en trece epístolas cuya autoría es paulina tengan salutación y que justo en esta se pretenda atribuir al mismo autor teniendo un comienzo tan diferente. Tampoco Lucas en su Evangelio y Hechos omite una introducción y destinatario, ni tampoco lo hace Clemente en su epístola a los Corintios. Y es que, mucho me temo, que los colaboradores que más tiempo estuvieron con Pablo: Lucas, Timoteo, Silas, conocían perfectamente el modo de presentación del apóstol Pablo y debían haber sido influenciados por esta forma de iniciar sus escritos. Los tres principales argumentos sobre por qué podría ser Pablo el escritor de Hebreos sin saludos iniciales, o sin presentación, son resumidos por Tomás de Aquino habiéndolos tomado de Dionisio y Jerónimo principalmente:
(1) Porque no era apóstol de los judíos, sino de los gentiles (Gal. 2); por lo mismo no hizo mención de su apostolado al principio de esta carta, pues no quería insinuar, sino a los mismos gentiles, el oficio de su apostolado. (2) Porque su nombre era odioso a los judíos, por haber dicho, como parece por Hechos 22, que ceremonias legales no había por qué ya observarlas; por eso cose su boca a dos cabos, no fuese a suceder se despreciase, por cosa de menos valer, la saludabilísima doctrina de esta carta. (3) Porque era judío (2 Co 11), y los de casa no ven con buenos ojos la excelencia de los suyos (Mt 13).[9]
Sin embargo, todo esto son conjeturas. No se puede afirmar lo que no se dice en la propia epístola y parece claro que dicho inicio de la epístola no es propio del apóstol Pablo.
1.2.2. Hebreos 2:3-4
«¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron, testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad» (He 2:3-4). Este es, sin duda, uno de los textos más controversiales para defender la autoría de Pablo.Si en Hebreos 1:1 supuestamente Pablo está ocultando su identidad, en este texto estaría negando su apostolado. Si algo queda claro en sus epístolas es que Pablo era «apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios» (1 Co 1:1; 2 Co 1:1) «no de hombres ni por hombre, sino por Jesucristo y por Dios el Padre que lo resucitó de los muertos» (Gá 1:1), siendo él mismo testigo presencial de Jesucristo resucitado (1 Co 15:5-8) y acompañado por todo tipo de señales y milagros (Hch 13:11; 16:18; 19:11-12; 20:10-12; 28:5,8). No es posible que Pablo hable de los apóstoles y testigos de Cristo como ellos. La sensación de dicho texto es que este creyente que escribe es de segunda generación de creyentes, o alguien que no pretende ubicarse en un rango apostólico en sus escritos. Calvino escribe sobre este asunto sobre el autor de Hebreos: «en el capítulo segundo, confiesa que fue un discípulo de los apóstoles, lo cual es diametralmente opuesto a lo que Pablo afirma de sí mismo»[10]
1.2.3. Hebreos 13:23
«Sabed que está en libertad nuestro hermano Timoteo, con el cual, si viniere pronto, iré a veros» (He 13:23). Este comentario tampoco es propio del apóstol Pablo que solía llamar hijo a Timoteo (1 Co 4:17; 1 Ti 1:2; 2 Ti 1:2). Calvino comenta al respecto: «es muy probable que Lucas o Clemente fueran el autor de esta epístola. Pablo, de hecho, lo llama más a menudo su hijo».[11] De hecho continua en su argumentación sobre los versículos posteriores 24 y 25:
Lo que sigue inmediatamente no se aplica a Pablo; pues parece que el escritor estaba en libertad y a su disposición; y además, que entonces estaba en cualquier lugar y no en Roma; es más, es muy probable que estuviera dando vueltas por varias ciudades y luego se dispusiera a cruzar el mar. Ahora bien, todos estos detalles podrían haber sido adecuados a las circunstancias de Lucas o de Clemente después de la muerte de Pablo.[12]
Y es que siendo Calvino, uno de los mejores exegetas que haya habido, versado en profundidad en los escritos de Pablo, afirma con rotundidad en su comentario a los Hebreos traducido por John Owen y publicado como «Comentario de Juan Calvino a la epístola del apóstol Pablo a los Hebreos»: «El método de: enseñanza y el estilo, demuestran lo suficiente que Pablo no fue el autor; y el propio escritor».[13]
1.2.4. Refutación a 2 Pedro 3:15-16
«Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito, casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición» (2 P 3:15-16). Se ha planteado que el apóstol Pedro al citar aquí a Pablo y las Escrituras está relacionando que Pablo escribió a judíos y, por lo tanto, es el autor de Hebreos. Esto simplemente no es cierto. El primer motivo es que afirmar que los receptores de la 2 epístola de Pedro son judíos, o si quiera diferentes a los de su primera epístola (1 P 1:1), es una conjetura extravagante. El segundo motivo es que el apóstol aclara: «casi en todas sus epístolas». ¿Acaso todas las epístolas de Pablo eran para judíos en lugar de para creyentes gentiles?
1.2.5. Refutación a Hebreos 13:25
Otro argumento para demostrar la autoría de Pablo ha sido la despedida en la epístola de Hebreos: «La gracia sea con todos vosotros. Amén» (He 13:25), que es igual en griego a «La gracia sea con todos vosotros. Amén» (Tit 3:15). Sin embargo, el resto de las despedidas de las otras once epístolas de Pablo diferentes en su composición griega a esta, aunque todas mencionen la gracia. Este argumento podría demostrar, como parece claro, que el autor de Hebreos es del entorno directo al apóstol Pablo, conoce a Timoteo que es su hermano, no su hijo, y que está familiarizado con la teología, doctrina y pensamiento del apóstol Pablo. Es lo máximo a lo que se podría aspirar en base a este argumento, si bien no soluciona ninguna cuestión sobre la autoría.
1.2.6. Refutación a expresiones y palabras en griego
Por último, se han tomado diferentes expresiones en griego que aparecen en algunas epístolas de Pablo exclusivamente y no en el resto de los autores del Nuevo Testamento y que también aparecen en Hebreos. Este argumento no tiene solidez por diferentes motivos: (1) Pablo es el autor con más escritos del Nuevo Testamento, por lo que hay palabras de otros autores que solamente se encuentran en escritos de Pablo, no demostrando esto que esos autores son Pablo. (2) En una revisión del griego de Hebreos es evidente un lenguaje propio del autor donde abundan palabras que solamente aparecen en la epístola de Hebreos, tanto por su expresión como por su contenido. Por ejemplo: la palabra nodsrós traducida como tardos o perezosos aparece dos veces en el Nuevo Testamento, solamente en Hebreos (He 5:11; 6:12); o mesiteúo (interpuso) en Hebreos 6:17, o afomoióo (semejante) en Hebreos 7:3; o jágion (santuario) que aparece 11 veces en el Nuevo Testamento y todas ellas en Hebreos. Y podría seguir haciendo este ejercicio con muchos otros verbos, adjetivos, sustantivos, etc. que son propios de esta epístola. (3) Que este ejercicio de buscar palabras y expresiones griegas que solamente aparecen en Hebreos y otros autores se podría hacer con más autores que Pablo. Por ejemplo, la palabra griega antilogía traducida como controversia o contradicción aparece 3 veces en Hebreos (He 6:16; 7:7; 12:3) y una en la epístola de Judas (Jd 1:11). La palabra jupódeigma (ejemplo) que aparece tres veces en Hebreos (He 4:11; 8:5; 9:23), también aparece en Juan 13:15; Santiago 5:10 y 2 Pedro 2:6, pero en ningún escrito de Pablo. (4) Que hay más palabras y expresiones que concuerdan con los escritos de Lucas (siendo un autor con muchos menos escritos) que con Pablo. Por ejemplo: la palabra pantelés (perpetuamente) solo se usa en Lucas 13:11 y en Hebreos 7:25, o kefálaion (principal) en Hechos 22:28 y en Hebreos 8:1. Ni siquiera en el uso para referirse a Jesús el escritor de Hebreos y Pablo coinciden:
En sus primeras epístolas Pablo se refiere al Señor por el nombre de Jesucristo, pero en sus epístolas posteriores esta combinación se revierte: Pablo lo llama Cristo Jesús. Raramente escribe Jesús (2 Co 11:4; Fil 2:10; 1 Ts 4:14). El escritor de Hebreos, por el contrario, repetidamente llama al Señor por su primer nombre, Jesús (2:9, 3:1; 4:14; 6:20; 7:22; 10:19; 12:2, 24; 13:15). Tres veces usa el escritor de Hebreos la combinación Jesucristo (10:10; 13:8, 21) y sólo una vez dice Señor Jesús (13:20). La epístola a los hebreos carece, sin embargo, de la combinación Cristo Jesús.[14]
1.3. Refutación general interna a la autoría de Pablo
Por estos argumentos ya citados y expuestos, y otros muchos Taylor concluye con respecto a las evidencias internas de la autoría de la epístola a los Hebreos:
Muchos eruditos han señalado las notables diferencias de estilo entre las epístolas de Pablo y en la Epístola a los Hebreos. (…) También es diferente la estructura. Pablo presenta primero doctrina y luego aplicación práctica. Pero en Hebreos la doctrina y la exhortación se alternan media docena de veces. También hay diferentes teológicas. La Epístola de Hebreos está construida alrededor del sumo sacerdocio de Cristo. La cristología de Pablo (…) nunca toca este punto. Todos estos hechos, en conjunto, han llevado prácticamente a todos los eruditos, sean liberales o conservadores, a sostener que Pablo no escribió Hebreos.[15]
Incluso después argumenta que la iglesia Católico-romana ha cambiado en su perspectiva sobre la autoría de la epístola a los Hebreos citando al erudito católico Wikenhauser.
2. Otros autores alternativos
Además de Pablo, también se han planteado diferentes alternativas como autores posibles de la epístola a los Hebreos, mencionaré las principales:
2.1. Bernabé
El principal valedor de la hipótesis de la autoría de la epístola a los Hebreos por parte de Bernabé fue Tertuliano. Él escribió: «En efecto, se conserva, además, una epístola a los Hebreos bajo el nombre de Bernabé, un hombre suficientemente acreditado por Dios, como uno a quien Pablo ha colocado junto a él».[16] Algunos motivos que podrían respaldar este candidato son: (1) Conocía perfectamente la teología y predicación del apóstol Pablo pues fueron colaboradores en el inicio de su ministerio (Hch 11:19-30; 13:1-15:34). (2) Era «levita, natural de Chipre» (Hch 4:36) y conocía la ciudad de Jerusalén, el templo, y los rituales judíos a los que se aluden en la epístola e Hebreos. Sin embargo, muchos de los argumentos contra la autoría de Pablo también pesan contra Bernabé, principalmente la omisión de autoridad apostólica del autor de Hebreos y la posible edad de Bernabé en el tiempo de escritura de la epístola a los Hebreos.
2.2. Clemente de Roma o Lucas como traductores o autores
La idea de que la carta a los Hebreos había sido escrita en hebreo por Pablo y traducida por alguno de sus dos buenos colaboradores: Clemente de Roma o Lucas, quedó expresada por Orígenes desde el principio del debate sobre la autoría de Hebreos. De hecho, esta opción siempre siguió presente a lo largo del tiempo por los principales críticos que negaban la autoría exclusiva de Pablo. En la Edad Media Tomás de Aquino afirma en su comentario a la epístola de los Hebreos que conoce los argumentos que objetaban algunos sobre la autoría de Pablo, pero se apoya en los argumentos de su autoría dados por Dionisio y Jerónimo para al final señalar que: «Lucas, que fue un excelente hablista, trasladó del hebreo al griego este ornato».[17] En otros casos, se alude a que Clemente o Lucas no solo fueron traductores, sino los autores de la epístola a los Hebreos. Ambos habían sido colaboradores de Pablo (Fil 4:2; Col 4:14; Flm 1:23) y conocían perfectamente la teología y doctrina del apóstol. De hecho, Lucas ya es un escritor canonizado por su Evangelio y el libro de los Hechos. Como objeción a la posible autoría de Lucas debo recordar que este médico colaborador de Pablo no era judío, sino griego. Pablo distingue a tres colaboradores judíos (entre los que está Marcos) en su carta a los Colosenses advirtiendo que son «los únicos de la circuncisión que me ayudan en el reino de Dios» (Col 4:10-11), mientras que los colaboradores griegos como Demas y Lucas son mencionados aparte. Siendo Lucas el único escritor gentil de la Biblia, sería muy extraño que este escritor hubiese dedicado una epístola a judíos cristianos hablándoles de asuntos propiamente de la ley e historia judía con la autoridad con la que lo hace el escritor de Hebreos. En cuanto a Clemente de Roma, el argumento principal es que solía citar la carta a los Hebreos en su defensa el ministerio de la iglesia por medio de las leyes ceremoniales judías descrita en la epístola a los Hebreos: «Clemente de Roma utiliza Hebreos 3:2; 11:37 en su primera Epístola a los Corintios 17:1,5»[18] Sin embargo, Bruce argumenta con rotundidad: «Podemos estar bien seguros de que él (Clemente) no fue el autor, aunque varias veces se haya sugerido que lo fuese».[19] El motivo es que Clemente tiene otros escritos de su autoría y, aunque citara Hebreos, jamás se atribuyó dicha epístola, además la teología de Clemente es diferente a la de la epístola a los Hebreos.
Dicho esto, Juan Calvino, entre otros, sostuvo esta hipótesis cuando comenta Hebreos 13 por los motivos ya mencionados anteriormente, y Taylor afirma: «Hay similitudes de estilo y vocabulario entre la Epístola a los Hebreos y los escritos de Lucas y Clemente de Roma»[20], aunque reconoce, al igual que Bruce: «La cuestión debe quedar sin resolver».[21]
2.1. Priscila y Aquila
Esta es quizás una de las opciones más modernas que han surgido. Adolf von Harnack sugirió por primera vez la posibilidad de que la epístola fuese escrita por Priscila y Aquila, siendo ella la que más texto escribió. Sus argumentos fueron: (1) Priscila y Aquila fueron quienes instruyeron a Apolos (Hch 18:26), (2) habían colaborado estrechamente con Timoteo, (3) habían hospedado una iglesia en su casa en Roma (Ro 16:3-16), (4) se utiliza la expresión nosotros en lugar de yo en el libro de Hebreos, (4) la cultura antifeminista de la época borró a los autores al estar incluida una mujer: Priscila, como ocurre con Hechos 18:26 en el Códice D. La idea de Harnack parece ingeniosa, pero requiere de muchas suposiciones y puede ser contraargumentada en cada una de sus postulaciones: (1) Priscila y Aquila mostraron el evangelio a Apolos (Hch 18:26), no mayor conocimiento del Antiguo Testamento y una cristología basada en el sumo sacerdocio de Cristo, puesto que ellos no habían escuchado de Pablo dicha revelación. De hecho, se relata dos versículos antes que Apolos ya utilizaba las Escrituras poderosamente en su predicación. (2) Timoteo había sido colaborador con muchas otras personas, en base a este argumento hasta Demas arrepentido podía haber escrito Hebreos. (3) El saludo final en Hebreos: «los de Italia os saludan» (He 13:24) sigue en debate por los comentaristas, pues se podría interpretar que los judíos creyentes provenientes de Roma que están junto al escritor saludan a los judíos creyentes receptores de la carta, por lo que no se puede asumir, ni siquiera, que el escritor de Hebreos lo esté haciendo desde Roma. (4) El argumento antifeminista carece de rigor en los manuscritos originales, salvo en contadas ocasiones en Occidente. De hecho, tanto en los evangelios como en las epístolas aparecen nombres de mujeres, algunas con cargos eclesiásticos como diaconisas como Febe (Ro 16:1).
3. La mejor alternativa: Apolos de Alejandría
Tras descartar las posibles opciones planteadas hasta ahora, me centraré en aquella que considero más cercana a la realidad. El primero en abrir la hipótesis de Apolos como posible autor de Hebreos fue Martín Lutero en su comentario a Génesis 48:20: «El autor de la Epístola a los Hebreos, quienquiera que sea, ya sea Pablo o, como (yo) creo, Apolos, cita este pasaje con gran erudición».[22] Esta idea se ha mantenido intacta y creciente hasta el día de hoy con el paso de los años y con los nuevos argumentos que niegan la autoría del apóstol Pablo. Los eruditos modernos no afirman a Apolos como autor de Hebreos puesto que no hay evidencias suficientes como para constatarlo, pero muchos de ellos sí sugieren que el escritor de Hebreos debía ser una persona tal y como se describe a Apolos en Hechos. Por ejemplo, Taylor comenta: «La descripción de Apolos en Hechos 18:24-25 le cuadra al autor de esta Epístola».[23] Bruce añade:
El autor fue un cristiano de segunda generación, muy versado en el estudio de la Septuaginta, a la que interpretó de acuerdo con un principio exegético creativo. Tenía un vocabulario copioso y fue maestro en fino estilo retórico, completamente diferente del de Pablo; muy bien podríamos describirlo como un “varón elocuente, poderoso en las Escrituras” (Hch 18:24).[24]
Es decir, Bruce describe a Apolos, o a una persona idéntica a Apolos. Kistemaker (quien continuó con el legado de Hendriksen) señala: «La hipótesis es realmente atrayente y resuelve muchos interrogantes».[25]
4. Evidencias sobre la posible autoría de Apolos
4.1. Profundidad teológica y predicación poderosa
Es normal llegar a pensar que el escritor de Hebreos es Pablo porque lo primero que esta epístola produce en el lector es una sensación de asombro y consternación, al igual que ocurre con epístolas como Romanos o Efesios. Pedro describió algunas de las ideas de Pablo en sus epístolas como «difíciles de entender» (2 P 3:16). Sin embargo, ya he demostrado que por composición, estructura y contenido teológico la epístola a los Hebreos no proviene de la pluma de Pablo. Por lo tanto, se debe revisar si en el Nuevo Testamento hay alguna persona que pudiese ser comparada con el intelecto y conocimiento de las Escrituras de Pablo. La única respuesta factible en base al propio relato bíblico es Apolos de Alejandría: «Llegó entonces a Éfeso un judío llamado Apolos, natural de Alejandría, varón elocuente, poderoso en las Escrituras» (Hch 18:24) y un poco después «porque con gran vehemencia refutaba públicamente a los judíos, demostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo» (Hch 18:28).
Si se compara esta descripción con el resto de las alternativas planteadas como autores de Hebreos, Apolos es la mejor opción: (1) Priscila y Aquila potencian el ministerio de Apolos no porque ellos sean mejores predicadores o conocedores de las Escrituras, sino porque conocen mejor el evangelio, de hecho, se podría decir que ellos están asombrados al escucharlo «hablar con denuedo en la sinagoga» (Hch 18:26). (2) En el caso de Lucas, es el propio Lucas quien narra estos hechos. Es decir, Lucas no se compara a Apolos en su relato, sino más bien parece aludir a Apolos como alguien igual de ilustrado y capacitado que Pablo para demostrar que Jesús es el Cristo por medio del Antiguo Testamento, con la diferencia que además indica que Apolos lo hacía sin conocer si quiera el bautismo del Espíritu Santo. (3) De Clemente no se hace ninguna mención semejante por parte de Pablo como las hace en Corinto con respecto a Apolos. (4) En el caso de Bernabé, el propio relato de Hechos nos narra que es Bernabé quien va en busca de Pablo a Tarso para que él lidere la predicación y evangelismo. Si Bernabé, que aparentemente era más mayor que Pablo, tenía la potencia del escritor de Hebreos para exponer la Palabra es raro que siempre fuese Pablo el que predicase en las sinagogas y a los gentiles. De hecho, en Listra «a Bernabé llamaban Júpiter, y a Pablo, Mercurio, porque este era el que llevaba la palabra» (Hch 14:12).
4.2. Su autoridad y relación con Pablo
Ya he comentado Hebreos 2:3-4 y como el autor de Hebreos no se ubica como apóstol o testigo presencial de Cristo. Además, en este texto también se excluye al autor como una persona con dones de señales y milagros impartidos de parte de Dios. Una vez más la descripción es propia de Apolos: «Este había sido instruido en el camino del Señor; y siendo de espíritu fervoroso, hablaba y enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor, aunque solamente conocía el bautismo de Juan» (Hch 18:24) y «aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a Éfeso, y hallando a ciertos discípulos, les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo» (Hch 19:1-2). Hay una clara distinción en el ministerio de Pablo y Apolos según el relato bíblico. Parece que Apolos está centrado en la exposición bíblica y argumentación solida de que Jesús es el Cristo por medio del Antiguo Testamento (concepto que preside toda la epístola a los Hebreos), y Pablo, que también realizaba su ministerio de esta manera, era acompañado con señales y milagros propios de los apóstoles de las cuales el escritor de Hebreos descarta tener en Hebreos 2:3-4. De hecho, tras su argumentación en el areópago de Atenas y su llegada a Corinto Pablo afirma: «y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder» (1 Co 2:4).
Dicho esto, no se debe entender que Apolos no era un ministerio con autoridad. Todo lo contrario. La epístola a los Hebreos demuestra que los receptores conocen al autor y que el autor los amonesta y exhorta en cómo deben conducirse en su vida cristiana. Esta autoridad se ve claramente reflejada en cómo Pablo trata a Apolos en su epístola a los Corintios por tres motivos: (1) Es el propio apóstol quien ratifica el ministerio de Apolos comparándole con él y con Pedro a una iglesia que había sido predicada por Apolos: «Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo» (1 Co 1:12). Y nuevamente: «Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois carnales? ¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por medio de los cuales habéis creído; y eso según lo que a cada uno concedió el Señor. Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios» (1 Co 3:4-6) y más adelante: «Así que, ninguno se gloríe en los hombres; porque todo es vuestro: sea Pablo, sea Apolos, sea Cefas, sea el mundo, sea la vida, sea la muerte, sea lo presente, sea lo por venir, todo es vuestro, y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios» (1 Co 3:21-23). (2) Pablo trata Apolos como un igual: «Pero esto, hermanos, lo he presentado como ejemplo en mí y en Apolos por amor de vosotros, para que en nosotros aprendáis a no pensar más de lo que está escrito, no sea que, por causa de uno, os envanezcáis unos contra otros» (1 Co 4:6). Donde argumenta que ambos utilizan la Escritura al mismo nivel para su predicación. (3) Apolos es un ministerio propio e independiente al de Pablo. Pablo no trata a Apolos como a otros colaboradores a los que encomienda a ir a un lugar o a otro, sino que dice: «Acerca del hermano Apolos, mucho le rogué que fuese a vosotros con los hermanos, mas de ninguna manera tuvo voluntad de ir por ahora; pero irá cuando tenga oportunidad» (1 Co 16:12).
Apolos y Pablo se conocían y el respeto ministerial es evidente, pero Apolos no es un colaborador ni hijo de Pablo como estamos acostumbrados a ver en las epístolas paulinas. Queda claro que para Pablo el ministerio de Apolos merece todo su respeto y respaldo. De hecho, es Pablo quien encomienda a Tito, pastor en Creta, que haga las diligencias necesarias para que Apolos realice sus viajes de predicación con eficacia: «A Zenas intérprete de la ley, y a Apolos, encamínales con solicitud, de modo que nada les falte» (Tit 3:13).
4.3. El uso de la LXX y alegorías en Hebreos
Otro de los argumentos con mayor peso que apuntan a Apolos como el escritor de la epístola de Hebreos es el uso de la Septuaginta en dicha epístola. Esta traducción del Antiguo Testamento del hebreo al griego se realizó en Alejandría durante casi tres siglos, comenzando por el Pentateuco a principios del siglo III a.C. y terminando con los libros proféticos a finales del siglo II d.C. Esta traducción se popularizó entre los judíos lejos de Jerusalén y Judea, especialmente en su ciudad de origen: Alejandría. Si bien Pablo parece citar la Septuaginta en algunas de sus epístolas, esto parecería extraño cuando escribe a creyentes Hebreos, ya que Pablo había «nacido en Tarso de Cilicia, pero criado en esta ciudad (Jerusalén), instruido a los pies de Gamaliel, estrictamente conforme a la ley de nuestros padres» (Hch 22:3). Law, experto en la cultura judía y doctorado en Oxford comenta sobre el uso de la LXX por parte del apóstol: «Pablo usa la versión griega para justificar su misión de anunciar el Evangelio a los gentiles. Usa también algo el hebreo».[26] Sin embargo, esto no sería tan extraño para alguien natural de Alejandría y cristiano de segunda generación como Apolos, puesto que era versado en esta traducción. Si bien este argumento no tiene por qué ser concluyente, parece mucho más evidente que el estilo a la hora de usar las citas bíblicas e interpretarlas por parte del autor de Hebreos es diferente a Pablo. Son muchos los comentaristas que concuerdan en que el escritor de Hebreos contiene un estilo alegórico natural de Alejandría: «El método alegórico era característico de los exegetas alejandrinos».[27]
4.4. Filón de Alejandría
Conocido como Filón el judío, este filósofo y apologeta judío del siglo I a.C. y I d.C., fue natural de Alejandría y es recordado por recuperar la ortodoxia de las Escrituras otorgando a Dios y su providencia el control de todos los acontecimientos y destino del hombre, en lugar de los planteamientos filosóficos platónicos y aristotélicos tan de moda en su época. La relación del pensamiento de Filón sobre los autores del Nuevo Testamento ha sido planteada por algunos eruditos, como Siegert, desde la Universidad de Cambridge: «Los escritos del Nuevo Testamento que revelan la evidencia más clara de la influencia filónica, al menos indirecta, son la Epístola a los Hebreos y el Evangelio de Juan. Es posible explicar esta influencia haciendo referencia a circunstancias históricas conocidas».[28] Estas circunstancias a las que se refiere es la escritura muy probable del evangelio de Juan desde Éfeso, donde había predicado Apolos, natural de Alejandría y cuya influencia del pensamiento de Filón no solo presidiría la epístola a los Hebreos, sino a los autores relacionados con él. Si nos centramos en el contenido de la epístola a los Hebreos se pueden detectar claras similitudes en expresiones de escritos de Filón. Kistemaker hace una gran labor en su comentario haciendo diferentes comparaciones entre el griego de Hebreos y el de Filón: (1) En Hebreos 7:3 advierte que fue Filón ya había hablado acerca del sacerdocio de Melquisedec: «Estos dos sustantivos aparecen solamente en Heb. 7:3, en el griego clásico, y en Filón (…) Filón usa estas palabras en su interpretación alegórica acerca del origen del sumo sacerdote».[29] En Hebreos 8:5, comentando por qué el escritor de Hebreos habla del tabernáculo celestial: «La especulación acerca del santuario celestial se originó entre los maestros judíos del tiempo de los apóstoles y después (…) Por ejemplo, véanse los escritos de Filón, Vida de Moisés 2.76; Interpretación alegórica 3.102».[30] (3) En Hebreos 13:5b comenta: «La cita coincide hasta cierto punto con la Septuaginta (Dt. 31:6). El texto de Hebreos 13:5b, no obstante, aparece palabra por palabra en Filón».[31] El teólogo católico experto en Pablo Murphy-O’Connor afirma sobre Apolos: «Su formación intelectual era similar a la de Pablo, mejor incluso en un aspecto concreto. Apolos había tenido la inmensa fortuna de haber estudiado con Filón, el gran dirigente intelectual de la Alejandría judía».[32] Y un poco después: «Apolos utilizaba los métodos de interpretación, así como el marco general de la filosofía de Filón».[33] Estas hipótesis no afirman la autoría de Apolos, pero refuerzan la idea de que alguien originario de Alejandría o, al menos, muy conocedor del pensamiento y obras de Filón es probablemente el escritor de Hebreos.
4.5. Refutación a la ausencia de evidencias internas externas
Una de La principales refutaciones a Apolos como escritor de Hebreos es la falta de evidencias externas de Apolos como autor de Hebreos hasta Lutero, incluida la escuela de Alejandría. Por algún motivo, parece extraño que en siglo III d.C. Clemente de Alejandría aludiera a Pablo como escritor original en Hebreo y a Lucas o Clemente de Roma como sus posibles traductores al griego. Sin embargo, esto es bastante razonable. En Hechos y la epístola a lo Corintios de Pablo no se dice que Apolos volviese a Alejandría, o desarrollase un ministerio apostólico, sino que era natural de Alejandría y que era poderoso en la predicación del evangelio por medio de la Escritura en la zona de Asia Menor. Es evidente que Apolos sería mucho más conocido para un creyente de Éfeso que para uno de Alejandría. Además, y pese a que no hay escritos extrabíblicos que hablen del ministerio de Apolos, esta ausencia se ve contrarrestada con argumentos internos, puesto que se narra mucho más acerca del ministerio de Apolos en las Escrituras que del ministerio de Clemente, Priscila y Aquila, o el propio Lucas, pudiéndose comparar dicha narración con Bernabé, siendo además el propio Pablo y Lucas quienes dan testimonio del ministerio de Apolos.
Por otro lado, no se puede conocer el estilo y forma de Apolos para compararlo con el de Hebreos puesto que no hay ningún otro escrito atribuido al alejandrino. Sin embargo, esto también ocurre con Bernabé, Priscila y Aquila. Curiosamente, en los autores que sí tenemos otros textos, como Pablo, Lucas o Clemente, dichas evidencias internas suelen ser un motivo para descartarlos como sus autores, principalmente a Pablo. Por lo que la ausencia o no de otros textos del autor no esclarecen demasiado la autoría de la epístola de los Hebreos en este caso.
CONCLUSIÓN
La intención de este trabajo no es resolver el enigma de la autoría de la epístola a los Hebreos. Quizás la mejor frase que resume dicha autoría es la de Orígenes: «Dios sabe la verdad», a la que yo añadiría: «y a quienes iba dirigida la epístola también». Sin embargo, por medio de este trabajo, sí he querido mostrar que las evidencias internas y externas sobre la epístola a los Hebreos no apuntan, como muchos piensan, al apóstol Pablo. Y que tampoco es cierto que haya habido nunca un consenso sobre la autoría de dicha epístola, sino que han sido muchas las propuestas sobre el posible autor a los Hebreos. Por el contrario, el misterio queda sin resolverse, aunque espero haber podido arrojar más luz sobre este debate. Desde mi punto de vista, los argumentos en favor de la autoría de Apolos son los más sólidos advirtiendo esta opción como la más posible de todas las planteadas. Por su conocimiento de las Escrituras, por el uso de la LXX, por la influencia de Filón, por mostrarse como un cristiano de segunda generación y por aportar una cristología única por medio del sumo sacerdocio de Cristo, el autor de Hebreos debe ser una persona descrita con las características, origen y ministerio de Apolos de Alejandría. Y puesto que las alternativas planteadas no cumplen con todas estas pautas, pero Apolos sí, la conclusión más acertada sería darle el primer lugar como posible autor de la epístola a los Hebreos.
BIBLIOGRAFÍA
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[1] F.F. Bruce, La epístola a los Hebreos (Gran Rapids: Nueva Creación, 1987), 36
[2] Clemente de Alejandría, Hypotypóseis, fragmentos, Libro VII, acceso el 25 de octubre de 2024, http://www.abadialostoldos.org/patristica/obras-padres-iglesia-275
[3] F.F. Bruce, La epístola a los Hebreos (Gran Rapids: Nueva Creación, 1987), 36
[4] Eusebio de Cesarea, Historia eclesiástica, VI 25.11-14, texto bilingüe (Madrid: BAC, 1997), 396
[5] F.F. Bruce, La epístola a los Hebreos (Gran Rapids: Nueva Creación, 1987), 37
[6] Canon de Muratori, acceso el 25 de noviembre de 2024, https://escrituras.tripod.com/Textos/Muratori.htm
[7] F.F. Bruce, La epístola a los Hebreos (Gran Rapids: Nueva Creación, 1987), 38
[8] F.F. Bruce, La epístola a los Hebreos (Gran Rapids: Nueva Creación, 1987), 39
[9] Tomas de Aquino, Sancti Thomae Aquinatis Doctoris Angeiici super Epistolam Sancti Pauli Apostoli ad Hebreos expositio (México D.F.: Editorial Tradición, 1979), 2
[10] Juan Calvino, El comentario de Juan Calvino a la epístola del apóstol Pablo a los Hebreos (Gran Rapids: Iglesia Cristiana Reformada, 1977), 26
[11] Juan Calvino, Comentario bíblico al Nuevo Testamento (Gran Rapids: Libro Desafío, 2005), edición PDF, 5102
[12] Juan Calvino, Comentario bíblico al Nuevo Testamento (Gran Rapids: Libro Desafío, 2005), edición PDF, 5102
[13] Juan Calvino, El comentario de Juan Calvino a la epístola del apóstol Pablo a los Hebreos (Gran Rapids: Iglesia Cristiana Reformada, 1977), 26
[14] Simon J. Kistemaker, Comentario al Nuevo Testamento: Hebreos (Gran Rapids: Libro Desafío, 1991), 12
[15] Richard S. Taylor, Comentario bíblico Beacon, Tomo X, (Kansas: Casa Nazarena, 1984), 27
[16] Tertuliano, De la enseñanza apostólica Tertuliano pasa a la de los compañeros de los Apóstoles y de la Ley, capítulo XX, acceso el 25 de noviembre de 2024, https://www.ccel.org/ccel/schaff/anf04.iii.viii.xx.html
[17] Tomas de Aquino, Sancti Thomae Aquinatis Doctoris Angeiici super Epistolam Sancti Pauli Apostoli ad Hebreos expositio (México D.F.: Editorial Tradición, 1979), 2
[18] Richard S. Taylor, Comentario bíblico Beacon, Tomo X, (Kansas: Casa Nazarena, 1984), 25
[19] F.F. Bruce, La epístola a los Hebreos (Gran Rapids: Nueva Creación, 1987), 36
[20] Richard S. Taylor, Comentario bíblico Beacon, Tomo X, (Kansas: Casa Nazarena, 1984), 25-26
[21] Richard S. Taylor, Comentario bíblico Beacon, Tomo X, (Kansas: Casa Nazarena, 1984), 26
[22] Martín Lutero, Luther’s Works, Volume 8, Lectures on Genesis 45-50 (Saint Louis: Concordia Publishing House, 1966), 178
[23] Richard S. Taylor, Comentario bíblico Beacon, Tomo X, (Kansas: Casa Nazarena, 1984), 26
[24] F.F. Bruce, La epístola a los Hebreos (Gran Rapids: Nueva Creación, 1987), 42
[25] Simon J. Kistemaker, Comentario al Nuevo Testamento: Hebreos (Gran Rapids: Libro Desafío, 1991), 11
[26] Timothy Michael Law, Cuando Dios habló en griego: La Septuaginta y la formación de la Biblia cristiana (Salamanca: Ediciones Sígueme, 2014), 169
[27] T.W. Manson, Studie in de Gospels and Epistles (Philadelphia: Westminster Press Philadelphia, 1962), 255
[28] Folklore Siegert, Filón y el Nuevo Testamento, Parte 3 - La influencia y la importancia de Filón, publicado el 28 de noviembre de 2009, acceso el 26 de noviembre de 2024, https://www.cambridge.org/core/books/abs/cambridge-companion-to-philo/philo-and-the-new-testament/B6511AE884DD0053261F4DE908C82F6F
[29] Simon J. Kistemaker, Comentario al Nuevo Testamento: Hebreos (Gran Rapids: Libro Desafío, 1991), 173
[30] Simon J. Kistemaker, Comentario al Nuevo Testamento: Hebreos (Gran Rapids: Libro Desafío, 1991), 202
[31] Simon J. Kistemaker, Comentario al Nuevo Testamento: Hebreos (Gran Rapids: Libro Desafío, 1991), 375
[32] Jerome Murphy-O’Connor, Pablo, su historia (Madrid: San Pablo, 2008), 205
[33] Jerome Murphy-O’Connor, Pablo, su historia (Madrid: San Pablo, 2008), 206